La poesía como espacio reflexivo

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El libro de las paradojas

Datos libro: 

Luis Fernando Macías. Sílaba, Medellín, 2015, 119 pp.

Para dar entrada a El libro de las paradojas, y jugando con el conjunto de poemas, Luis Fernando Macías, narrador, poeta y ensayista antioqueño, convoca en tres epígrafes a Jorge Luis Borges, Aristóteles y León de Greiff. Al incluirlos, los reconoce como puerta de entrada y sustenta su propuesta ceñida a esa figura literaria y de pensamiento, que desde tiempos antiguos invita a la reflexión. Del primero, destaca una de las paradojas del filósofo presocrático Zenón de Elea, al subrayar la permanencia de esta frente al tiempo que en su pasar no solo se acumula sino que se desgasta: “De los libros que el tiempo ha acumulado / le fueron concedidas unas hojas; / de Elea, unas contadas paradojas, / que el desgaste del tiempo no ha gastado”. Del filósofo griego, la idea de que todo se hace, hasta lo más innombrable e inabarcable: “El alma se hace, en cierto modo, todas las cosas”. Y del autor colombiano, maestro de juegos paradójicos, que en uno de sus poemas apela a su personaje Gaspar en sus “copiosas perogrulladas, a los ningunos habitantes de la descaecida selva, de la floresta abolida” y lo destaca al reconocerlo “bajo el árbol sin hojas, bajo del pino calvo, diciendo paradojas”.

Según diferentes definiciones, la paradoja es próxima al oxímoron, puesto que se revela en la coexistencia ilógica o absurda de algunas ideas, cosas o imágenes que pueden ser contrarias y cuyo sentido dice mucho más de lo que parece o está implícito. Entre varias acepciones, María Moliner se refiere en su Diccionario a la paradoja como “expresión en que hay una incompatibilidad aparente, resuelta en un pensamiento más profundo del que enuncia”.Y según otras definiciones referidas a las “mal llamadas paradojas” de Elea, se las ha reconocido bajo el nombre de aporías, precisamente cuando se trata de problemas que al no tener explicación coherente dan lugar a interpretaciones o conclusiones absurdas. 

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