Las aves en la orfebrería prehispánica del Cauca Medio (CONTENIDO ASOCIADO AL BCB 91)

MARÍA ALICIA URIBE VILLEGAS[1] Antropóloga de la Universidad de los Andes con Maestría en Estudio de artefactos del Instituto de Arqueología de University College London. Directora del Museo del Oro del Banco de la República desde 2010, luego de dieciséis años de desempeñarse como Arqueóloga en esta misma institución. Sus investigaciones se han concentrado en entender la orfebrería prehispánica desde diferentes perspectivas. Ha sido curadora de exposiciones nacionales e internacionales del Museo del Oro, entre las que se incluyen salas de la renovación de la exposición permanente del Museo del Oro de Bogotá (2008), la exposición temporal Historias de ofrendas muiscas (2013) y la muestra internacional Los espíritus, el oro y el chamán que ha visitado diferentes países.

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Las figuras ornitomorfas en la orfebrería prehispánica de colombia

Las aves son un tema primordial en la orfebrería prehispánica de Colombia. Entre las múltiples figuras zoomorfas presentes en la colección del Museo del Oro sobresalen las ornitomorfas por su alto número y su presencia en casi todos los estilos orfebres, aunque con mayor predominancia en algunos, así como por la amplia diversidad de especies representadas y la variedad de objetos en los que aparecen. A ello se suma su complejidad iconográfica: con frecuencia se observan varias especies combinadas en un mismo objeto o con otras especies de animales, como felinos y batracios, e incluso también mezcladas con la figura humana o acompañándola, en muchas ocasiones con formas abigarradas, lo que da testimonio del rico lenguaje visual y extenso simbolismo asociado con las aves. Algunas de estas representaciones ornitomorfas se cuentan entre los ejemplos más excepcionales del arte prehispánico de Colombia por su elaborado diseño y compleja tecnología, al lado de la delicada manufactura.

Las aves fueron un motivo destacado y recurrente durante más de un milenio entre las sociedades orfebres prehispánicas del norte del país que habitaron la Sierra Nevada de Santa Marta (Legast, 1987; Sáenz Samper, 2001) y las llanuras del Caribe (Falchetti, 1995; Legast, 1980). En el área Tairona, los artesanos del metal las plasmaron, sobre todo, en imponentes pectorales inspirados en rapaces y carroñeras, con una o varias cabezas y cola y alas desplegadas. Los zenúes de las planicies inundables del Caribe, a su vez, privilegiaron los patos, garzas y otras especies propias de las llanuras y las ciénagas de la región para reproducirlos en adornos y remates de bastón de oro, así como en objetos tallados en concha. Los muiscas de la cordillera Oriental, grupos de habla chibcha culturalmente relacionados con los taironas, crearon, como estos, ostentosos pectorales ornitomorfos, a los que adicionaron placas colgantes sobre el cuerpo del animal (Falchetti, 1989).

Al sur del país, en los alrededores de Popayán, orfebres de épocas cercanas a la conquista española fabricaron algunos de los adornos de mayor tamaño con formas de aves, en los que fusionaron la figura humana con la del animal para crear vistosas imágenes de hombres-ave (Plazas y Falchetti, 1986). Pectorales y colgantes, en su mayoría, muestran picos ganchudos prominentes, y ocasionalmente narigueras en lugar de picos, grandes penachos y colas desplegadas semilunares que evocan animales de presa y amplio vuelo. Más al sur, en la región del altiplano nariñense, son abundantes también las aves en los materiales arqueológicos, en cuyo caso se destaca la diversidad de especies. En la orfebrería se encuentran imágenes de colibríes, águilas, cóndores y hasta tijeretas de mar, estas últimas de ecosistemas costeros foráneos (Rodríguez Bastidas, 1992).

Además de seleccionar las especies, cada sociedad les imprimió a estas figuras su propio estilo y las elaboró en los materiales y técnicas que preferían. De aquí que se encuentren aves fabricadas por martillado y repujado, vaciadas a la cera perdida o con una mezcla de varias técnicas, en materiales como el oro, el cobre y la tumbaga –aleación de oro nativo y cobre–, y aún con partes en distintos metales, siguiendo códigos de representación contrastantes. Las funciones de los objetos ornitomorfos fueron también diversas, entre las que prevalecen los adornos corporales, al lado de figuras de ofrenda votiva y utensilios para el consumo ritual de plantas sagradas.

Las figuras de ave están también presentes en la orfebrería de la región arqueológica del Cauca Medio, zona que se extiende por la cuenca del río Cauca desde el sur del Quindío hasta el norte de Caldas. A continuación se examina una muestra amplia de ellas en la colección del Museo del Oro y algunas colecciones en el exterior, siguiendo la división en las dos tradiciones orfebres prehispánicas identificadas por los arqueólogos en esta región: la orfebrería Quimbaya Clásica o Quimbaya Temprana y la orfebrería Quimbaya Tardía (Plazas, 1978; Plazas y Falchetti, 1986; Uribe Villegas, 1991, 2005 y 2007)[2] (Ver tabla)

Las aves en la orfebrería quimbaya clásica

La orfebrería Quimbaya Clásica ha sido datada entre los siglos I y VI d. C. (Perea et al., 2013; Plazas, 1998; Uribe Villegas, 2007). Se encuentra distribuida sobre una amplia zona del centro de la región Andina colombiana que comprende la cuenca del río Cauca desde el norte de Antioquia hasta el norte del Valle del Cauca y una gran parte de la cordillera Central en Antioquia, que incluye la vertiente hacia el Magdalena. Muestras de esta producción orfebre son los conjuntos funerarios del Tesoro de los quimbayas, descubierto en 1891 en dos tumbas en el sitio de La Soledad, en Filandia (Quindío), y hoy conservado en el Museo de América en Madrid, al igual que otro ajuar hallado en la década de 1980 en Puerto Nare, en el Magdalena Medio antioqueño, cuya mayoría de piezas forma parte de las colecciones del Museo del Oro.

Ajuar funerario encontrado en Puerto Nare, Antioquia. Conocido como el “nuevo Tesoro Quimbaya”, forma parte de la colección que preserva el Banco de la República en el Museo del Oro. Fotografía Clark M. Rodríguez.

Los objetos de la orfebrería Quimbaya Clásica pueden agruparse casi todos en dos grandes categorías funcionales: adornos corporales y utensilios para el consumo de las hojas de coca (Plazas, 1978; Uribe Villegas, 2005 y 2007). En su manufactura predominan el uso de aleaciones de tumbaga y las técnicas de vaciado a la cera perdida, en las que fueron maestros e innovadores estos orfebres. Se destacan la volumetría, las formas redondeadas y figurativas con tendencia al realismo y las superficies lisas y reflejantes. En ambas categorías de objetos son comunes las representaciones humanas, mientras en la de los utensilios para el consumo de las hojas de coca prevalecen las de frutos empleados para fabricar contenedores, como las calabazas, los calabazos y las totumas.

Las representaciones de animales son menos frecuentes. Las formas preferidas fueron las de caracoles, tanto marinos como terrestres, y de insectos en estado inmaduro, entre los que se incluyen crisálidas de mariposa y de cigarra. También existen algunas ranas, cuadrúpedos y formas estilizadas difíciles de identificar. Sobresale la presencia de figuras múltiples, compuestas de dos, tres y hasta cuatro animales del mismo tipo, una característica ausente en las representaciones humanas y de frutos.

Las aves aparecen en adornos colgantes, cuentas de collar y en los remates de los palillos para la cal, con formas alusivas a varias especies. En un solo caso se encuentran en un gran poporo –recipiente para guardar la cal empleada en el consumo ritual de las hojas de coca–, el O32852[3] en forma de mujer ricamente ataviada, en una postura ritual. La mayoría de las figuras de ave se pueden agrupar en cinco tipos, de acuerdo con el objeto al que se asocian y las características iconográficas. Algunos tipos presentan relaciones entre ellos; tres se encuentran en adornos colgantes y los otros dos, en palillos para la cal. Por limitaciones de espacio este artículo no se referirá a las cuentas de collar de formas esquemáticas difíciles de vincular a un animal particular.

Recipiente para cal de la orfebrería Quimbaya ClásicaRecipiente para cal de la orfebrería Quimbaya Clásica, en forma de mujer ricamente ataviada, que carga barras con aves estilizadas. Colección Museo del Oro, O32852, 27,1 x 11,8 cm. Fotografía Clark M. Rodríguez.

Dos tipos de colgantes de ave pertenecen a un grupo más amplio de colgantes zoomorfos estilizados, elaborados por vaciado a la cera perdida con núcleo, que incluye, asimismo, también figuras de cuadrúpedos, como felinos y lagartos, insectos en estado inmaduro, caracoles y combinaciones de estos animales. En ese grupo es en el que aparecen las figuras de animales repetidos, conectados mediante una barra adelante o en el medio. Las dos formas de ave se distinguen entre sí, en especial por la forma de la cabeza, pues en varios casos comparten el mismo diseño en el cuerpo, uno alargado y cóncavo con dos espirales al extremo. En ambos tipos, el ave pareciera estar nadando o reposando en forma plácida en el agua, con la cabeza levantada y un poco inclinada hacia arriba.

El primer tipo de colgantes de ave, que alude de manera probable a patos, se caracteriza por tener un pico grande y plano de forma triangular o semielíptica, como en la pieza doble O06042, a veces entreabierto. Este pico se funde con la cabeza, en cuyos extremos posteriores sobresale un par de ojos saltones circulares. En varios ejemplares, la cabeza está adornada con una cresta formada por espirales y una placa colgante semilunar en la parte posterior, y en la base del cuello se observan uno o varios cordones lisos o acanalados, a manera de un collar. El cuerpo es casi siempre de la forma alargada descrita antes y terminada en espirales, como en el adorno O06042. El ejemplar O06045, compuesto también por dos figuras idénticas, muestra un cuerpo diferente, rollizo y rematado en una cola corta en abanico, como el de un pato. Colgante en forma de patos estilizados que parecen nadar o reposar en el agua. Colección Museo del Oro, O06045, 5,1 x 5 cm. Fotografía Clark M. Rodríguez.

Adorno colgante en forma de pareja de aves

Las aves del segundo tipo de colgantes, que parecieran representar otras aves acuáticas aunque difíciles de identificar por su alta esquematización, se distinguen de las anteriores por tener un pico largo, recto y grueso, que se adelgaza un poco hacia adelante, tal como la pieza O06043.También, en este caso, el pico se prolonga para formar la cabeza, en la que aparecen unos ojos saltones similares a los de las aves del primer grupo. Muestran siempre el cuerpo alargado y son comunes las figuras en parejas. En ambos grupos de colgantes se observan con frecuencia placas colgantes semilunares, trenzas, cordones acanalados y espirales, rasgos típicos de la orfebrería Quimbaya Clásica.

Según la información sobre la procedencia de las piezas que reposa en los archivos del Museo del Oro, ambos tipos de adornos han sido encontrados en la región del Cauca Medio y también en Antioquia. Varios de los ejemplares preservados en este museo ingresaron formando parte de las colecciones de Leocadio María Arango, coleccionista antioqueño del siglo XIX, y de Santiago Vélez, coleccionista manizaleño de mediados del siglo XX, adquiridas para nutrir la colección en sus inicios (véase la tabla al final del artículo). Dos piezas en museos en el exterior aparecen con procedencias de Manizales y el Quindío y el antioqueño Vicente Restrepo poseía también dentro de su extensa colección quimbaya un colgante del segundo tipo, que formó parte de la muestra colombiana en la Exposición Histórico-Americana de Madrid de 1892 [4] (Ver tabla) 

Colgante de la orfebrería Quimbaya clásica

Es interesante la relación que presentan estos colgantes estilizados con dos piezas únicas y excepcionales de la orfebrería Quimbaya Clásica: el poporo antropomorfo femenino O32852 mencionado antes, perteneciente al ajuar funerario encontrado en Puerto Nare (Antioquia), y el colgante antropomorfo O00417, del tipo conocido como colgantes Darién (Falchetti, 2008), procedente de Frontino, también en Antioquia. En una postura típica de las figuras humanas de esta orfebrería, ambas piezas muestran los brazos doblados hacia el frente, y en las manos cargan barras en las que en los dos casos se posan cuatro aves cuya forma y repetición recuerdan estos colgantes estilizados.Colgante Darién del estilo Quimbaya clásico

Los colgantes zoomorfos múltiples, junto a los colgantes Darién, son algunos de los rasgos que comparte la orfebrería Quimbaya Clásica con las metalurgias iniciales del norte de Colombia, de las llanuras del Caribe, la Sierra Nevada de Santa Marta y Urabá, así como con las de la baja Centroamérica, de Panamá y Costa Rica (Cooke y Bray, 1985; Falchetti, 2008; Uribe Villegas, 1988). Estas relaciones iconográficas entre las orfebrerías de esa extensa región han evidenciado conexiones y vínculos estrechos entre las gentes que habitaban desde el centro de Colombia hasta Costa Rica durante los primeros siglos de nuestra era, a través de los cuales circularon personas, objetos, conocimientos y símbolos.

Colgante en forma del paujilEl tercer grupo de colgantes en forma de ave presente en la orfebrería Quimbaya Clásica difiere de los dos anteriores. Está compuesto por tres piezas pertenecientes a la colección del Museo del Oro de estilo más realista; dos de ellas, O06016 y O01146, con la forma de un ave de cuerpo rollizo, alas cortas y plegadas, cola trapezoidal, cabeza pequeña coronada por una cresta formada por una hilera de plumas cortas rizadas hacia adelante, pico corto y grueso y cuello delgado. Estas características morfológicas recuerdan aves del género Crax, conocidas como paujiles y pavones, pertenecientes a la familia Cracidae de los pavones, pavas, paujiles y guacharacas o chachalacas, del orden de las gallináceas (Hilty y Brown, 1986). Mientras en el colgante O06016 la cola es corta, en otra de las piezas es larga y con acanaladuras longitudinales, más cercana a la de los paujiles, formada por una hilera de plumas alargadas y angostas. Esta última pieza formó parte de la colección de Leocadio María Arango (1905, pág. 17), en Medellín, en cuyo catálogo se propone, asimismo, la semejanza con el paujil.Paujil piquiazul macho

Fragmento de colgante que semeja la cabeza de un paujil

El cuarto tipo de representación de ave en la orfebrería Quimbaya Clásica se relaciona de manera iconográfica con los colgantes anteriores y parece referirse también a los paujiles. Se trata, en este caso, de una figura que aparece como remate en el extremo superior de palillos para extraer la cal de los poporos, como en los ejemplares O03554, O05590 y O02979. Es de menor tamaño que el ave de los colgantes y se encuentra de pie sobre una pequeña plataforma circular, seguida debajo por una decoración de hilos finos que forman diseños geométricos, propia de los palillos de esta orfebrería. La cabeza es pequeña, con unos ojos circulares grandes y un pico corto y grueso que muestra una curva pronunciada en la parte superior; el cuerpo es robusto, con las alas plegadas y curvadas hacia arriba. La cresta muestra las características plumas cortas hacia atrás, en una o dos hileras, y a veces es de tamaño exagerado, como en la pieza O05590. La cola, trapezoidal plana, es en unos casos más larga que en otros. Las patas, que no se representan en los colgantes, muestran los dedos exageradamente grandes y curvados hacia arriba de forma pronunciada, como en el ejemplar O03554, resaltados así tal vez para aludir a las patas grandes y fuertes de los paujiles, aptas para su locomoción terrestre y por las ramas de los árboles (Álvarez López, 1987, pág. 73). En un estudio sobre la fauna en los materiales arqueológicos de la región Calima, Legast (1993, págs. 54-55) asocia también con el paujil figuras similares a estas presentes en palillos para cal de la orfebrería del periodo Yotoco (100 a. C. a 800 d. C.).

Palillos para cal con la forma del paujilEntre el grupo de palillos con paujiles se destaca el O02979 por una particularidad especial: el ave tiene movimiento mediante un ingenioso diseño articulado. En este mecanismo, visible en gammagrafías tomadas a la pieza en el Museo del Oro, la cabeza y la cola están conectadas a través de una lámina curva que queda oculta dentro del cuerpo hueco del ave y está rodeada por un arco que va unido a la vara del palillo. Al agitar el palillo, la cola y la cabeza se mueven hacia arriba y abajo dando la impresión de que el ave recoge algo con su pico, un movimiento que pareciera evocar el que hacen los paujiles cuando comen. Estos animales se alimentan, sobre todo, de recursos vegetales que encuentran en el suelo, como semillas, frutos y retoños (Hilty y Brown, 1986, pág. 121; Urueña Guzmán, 2008). La figura muestra un color rojizo en el cuerpo y uno amarillo en la cabeza y la cola, un efecto bicolor que se replica en el palillo: la vara es rojiza mientras los adornos en filigrana de la parte superior son amarillos. Las características del diseño móvil y los varios colores implicaron el empleo de diferentes aleaciones y un trabajo delicado y complejo de varias etapas de vaciado a la cera perdida, que revelan una gran maestría técnica del orfebre. Gammagrafía del palillo con remate en forma de paujil

La orfebrería Quimbaya Clásica ha sido encontrada en contextos funerarios asociada con cerámica de la tradición Marrón Inciso (Santos y Otero de Santos, 2003; Uribe Villegas, 2007). Esta tradición se extendió por la cuenca del río Cauca desde el Quindío hasta el norte de Antioquia y gran parte de las cordilleras Occidental y Central vecinas a esta cuenca, con mayor intensidad durante los primeros siglos de la era cristiana. Los vínculos estilísticos entre la cerámica Marrón Inciso y la orfebrería Quimbaya Clásica, en especial en las representaciones de la figura humana y de frutos, son bien conocidos (Bruhns, 1970; Uribe Villegas, 2005). El paujil es otra forma que aparece compartida por ambas tradiciones de cultura material. La colección del Museo del Oro contiene una urna cineraria, la pieza C13373, encontrada en Pereira (Risaralda), de color marrón oscuro y decoración de incisiones en espina de pescado típicos de la tradición Marrón Inciso en la región del Cauca Medio, con la forma de un ave de cabeza pequeña, pico corto y grueso y cresta rizada, cuerpo globular con las alas plegadas y una cola corta con acanaladuras, visiblemente similar a las formas de paujil de los colgantes y palillos de orfebrería. El cuenco C00517, de la misma tradición cerámica y encontrado en la “región Quimbaya”, según la documentación del Museo del Oro, presenta un diseño ornitomorfo que evoca el de la urna.

Cuenco del estilo cerámico Marrón Inciso, cuya forma evoca un paujilEl quinto tipo de representación de ave en la orfebrería Quimbaya Clásica se encuentra también en remates de palillo para cal. Muestra un cuerpo similar al de los paujiles de los palillos pero difiere en las características de la cabeza: es más grande, plana y de forma semicircular u ovalada, con el borde rodeado por espirales, y en ella se destacan unos grandes ojos frontales circulares y un pico ganchudo protuberante. El ave está coronada por un gran penacho bifurcado y en lugar de asentarse sobre una plataforma circular, se aferra con unas fuertes patas a diferentes tipos de criaturas: a una figura esquemática plana con una gran boca y a sus costados una cabeza de animal coronada por una especie de pluma o a figuras más realistas de monos o de humanos o de monos-humano acurrucados, como en los ejemplos O03496 y O05238.

Águila arpíaLas características de la cabeza, el pico y el penacho, al lado de estas escenas con monos aparentemente predatorias, sugieren una relación con el águila arpía (Harpia harpyja), de la familia Accipitridae, la más poderosa entre todas las aves de presa del mundo, capaz de cazar monos, perezosos e incluso saínos (Hilty y Brown, 1986). Se le conoce también como águila miquera o águila churuquera por su hábito de cazar estos animales (Rodríguez Bastidas, 1992, pág. 58). Cuando se ve amenazada, esta imponente águila esponja y despliega las plumas de la cabeza haciéndola aparecer más grande y redonda y con capas de plumas festoneadas, al tiempo que levanta su cresta bifurcada para exhibirla, tal como parecen estar haciendo las figuras de estos palillos. Una representación similar en un palillo de la orfebrería Yotoco de Calima fue asociada por Legast (1993, págs. 56 y 58) con una rapaz nocturna, y se refiere en particular a la especie de búho Asio stygius por su penacho más curvado que en otras especies, mientras que para Bray (2005, pág. 112) el ave del palillo O03496 podría corresponder también a un búho o a un águila miquera. Por las características mencionadas antes, parece más probable que dichas representaciones se refieran a este último tipo de águilas.

En ambos tipos de palillos se encuentran ejemplares en los que se combinan dos colores de metales, uno rojizo y otro amarillo, tanto en el ave del remate como en la varilla; ello era el resultado del interés cultural y estético por el color entre estas sociedades y del manejo diestro de los orfebres en el uso de diferentes aleaciones y de las técnicas del vaciado a la cera perdida y los acabados superficiales. Algunos ejemplos tienen cascabeles debajo del ave, mientras que en el O05238 el vientre sirve como sonajero, elementos con los cuales se conseguía producir un efecto sonoro cuando se agitaba el objeto al extraer la cal del poporo.Palillo para cal con remate en forma de un ave

Palillos con remates de ave de ambas formas han sido encontrados en varios sitios de la región del Cauca Medio. Uno de cada tipo forma parte del Tesoro de los quimbayas y existían otros tres, uno del primer tipo y dos del segundo, en la colección quimbaya de Vicente Restrepo llevada a la exposición de 1892 en Madrid y cuyas fotografías presenta Restrepo Tirado (1929, láms. 7 y 27) en su libro sobre la provincia de los quimbayas. Varios museos en el exterior conservan algunos de estos palillos, encontrados hacia finales del siglo XIX, probablemente en el intenso saqueo de tumbas indígenas durante la colonización antioqueña. En el sitio conocido como la Guaca del Dragón, en Calarcá (Quindío), fueron excavadas en 1922 piezas de orfebrería de los estilos Quimbaya Clásico, Yotoco de Calima y Tolima, entre las que se contaban varios de estos palillos, incluido el O02979 con la figura móvil descrita antes (Pérez de Barradas, 1954, vol. 1, págs. 217-220).

Ejemplares de las dos clases de palillos han sido hallados en tumbas del periodo Yotoco de Calima, sobre la cordillera Occidental, y sabemos de uno procedente del Tolima, en el valle medio del río Magdalena [5]. (Ver tabla) En la vecina región de Malagana, en la suela plana del valle del río Cauca, durante el saqueo del cementerio indígena descubierto en la hacienda del mismo nombre se encontraron algunos palillos con remate de paujil que muestran rasgos propios del estilo orfebre local (Archila, 1996, pág. 78). Según una comparación de la iconografía animal en los materiales arqueológicos del suroccidente colombiano realizada por Legast (1995a; 1995b), el paujil y las rapaces son algunas de las formas y símbolos compartidos en esta amplia zona.

Las coincidencias en tipos de artefactos, formas, iconografía y técnicas de las orfebrerías de las regiones del Cauca Medio, Calima, Tumaco-La Tolita, Nariño, San Agustín y Tierradentro han sido atribuidas a vínculos culturales y relaciones políticas y comerciales entre las sociedades que habitaron el suroccidente colombiano durante el primer milenio de nuestra era (Bray, 2005; Plazas y Falchetti, 1986). Es preciso, sin embargo, realizar nuevas investigaciones para llegar a determinar, con mayor claridad, las particularidades de los palillos para la cal elaborados en cada región, así como de otros elementos compartidos, y la manera como estos pudieron circular a través de las redes de intercambio.

Palillo para cal

Adicional a los cinco tipos de figuras ornitomorfas, en la orfebrería Quimbaya Clásica se encuentran también referencias a un importante elemento asociado con las aves: las plumas. Varias coronas que formaban parte de la rica ofrenda funeraria encontrada en Puerto Nare, elaboradas por martillado en una tumbaga rojiza, parecen copiar verdaderas coronas de plumas. Dos de ellas en la colección del Museo del Oro están compuestas por una lámina ancha a manera de cinta, a la que se ajustan con remaches varias láminas con forma semejante a una pluma, dispuestas en abanico. Algunas de las figuras humanas ricamente ataviadas de los colgantes y poporos parecen llevar, como parte de su atuendo, coronas adornadas adelante con una hilera de plumas delgadas (véase, por ejemplo, Pérez de Barradas, 1965, vol. 1, pág. 17).

Para comprender la presencia y el significado cultural de las imágenes ornitomorfas en la orfebrería Quimbaya Clásica es necesario realizar un estudio más amplio que tenga en cuenta otros aspectos de la cultura material, los contextos arqueológicos y el medio ambiente en el que habitaron las sociedades que compartieron esta tradición orfebre. Por lo tanto, por ahora solo se plantean algunas ideas preliminares en relación con estas imágenes. En primer lugar, se destaca la escasa diversidad de aves seleccionadas para ser plasmadas en metal, si se le compara con otras metalurgias prehispánicas colombianas, como la tairona (Legast, 1987; Sáenz Samper, 2001). De otro lado, debido a lo estilizado de las formas, en varios casos se dificulta la identificación biológica precisa, un rasgo común a muchas de las representaciones zoomorfas de la cultura material prehispánica, que se debe, tal vez, a la función esencialmente simbólica de estas figuras. Una tercera característica sobresaliente es la presencia de las aves, incluyendo las plumas, en objetos de uso ritual y, en especial, en utensilios empleados en el consumo de las hojas de coca, así como su asociación con figuras antropomorfas ataviadas y en posturas rituales. Asimismo, los remates de palillo en forma de la gran águila arpía aferrada a distintos tipos de figuras parecieran evocar escenas mitológicas. Todas estas características sugieren un simbolismo de las aves asociado con el mundo mítico y ritual.

El paujil se destaca entre las figuras de ave por aparecer con mayor frecuencia en varios tipos de objetos. Es difícil saber las características particulares morfológicas, de comportamiento o de uso que llevaron a seleccionarla como un motivo importante de la cultura material en metal. Seguramente fue una fuente apreciada de alimento, pues es un ave de tamaño mediano que proporciona buena cantidad de proteína. Debido a esto, en épocas recientes ha sido cazada de forma indiscriminada por campesinos y colonos, condición que junto a la destrucción sistemática y masiva de sus hábitats boscosos en los últimos tiempos, ha llevado a que especies como el paujil piquiazul (Crax alberti) esté clasificada hoy en la Lista roja de aves como una de las aves en peligro crítico de extinción en el mundo (Machado Hernández, 2008). Entre los gunas de Panamá y Colombia, la crácida conocida como pavón grande (Crax rubra) cumple un papel comestible fundamental en la mitología y la vida ritual: se cuenta que Bab Dumad, el padre creador, envió el pavón a la tierra para servir de alimento en la fase preparatoria de la ceremonia de la chicha fuerte, un importante ritual que se celebra cuando las niñas llegan a la pubertad (Martínez Mauri et al., 2016, pág. 27). Actualmente esta ave se consume durante esta ceremonia.

Son sugerentes los rasgos que se enfatizan en varias de las figuras de paujiles en la orfebrería: la cresta, el pico y las patas. La especie mencionada (Crax alberti, o paujil piquiazul, de pico azul o colombiano), endémica del norte del país, presenta un comportamiento particular que podría explicar, en parte, su presencia en artefactos de oro. Este paujil es conocido entre los habitantes de algunas zonas rurales por ingerir granos brillantes de arena, e incluso pepitas de oro, de las orillas de los ríos y quebradas (Cuervo Maya, Ochoa y Salaman, 1999). Por esta razón, cuando un individuo es cazado, el interior del buche y la molleja se lavan para separar las pepitas de oro de la arena, tal como se lava el oro en los lechos de los ríos, y la presencia del metal en el cuerpo del animal se tiene como una señal de la existencia de corrientes de agua con potencial aurífero.

¿El remate de paujil móvil que parece hurgar en el suelo estaría recogiendo pepitas de oro? Nunca lo sabremos, pero en sociedades mineras como las que compartieron la tradición orfebre Quimbaya Clásica (Santos y Otero de Santos, 2003), esta característica del Crax alberti bien pudo ser el motivo para otorgarle un rico simbolismo asociado con el metal dorado. Por último, cabe señalar que las figuras del águila arpía y del paujil en los remates de palillo parecen contraponerse y haber sido tal vez símbolos de ideas contrastantes. Mientras las figuras de paujil, un ave esencialmente vegetariana, pesada y poco ágil para el vuelo, sobresalen por su delicadeza, finura y serenidad, en las de la rapaz, ave carnívora de alto y amplio vuelo, se enfatizan los rasgos referentes a la cacería: los grandes ojos y el pico ganchudo, el penacho desplegado y las grandes presas acurrucadas que agarra con fuerza con sus patas.

Las aves en la orfebrería quimbaya tardía

La tradición orfebre Quimbaya Tardía se extendió por la región del Cauca Medio desde el sur del Quindío hasta el norte de Caldas entre finales del primer milenio de la era cristiana hasta la conquista española (800-1600 d.C.) (Plazas, 1998; Uribe Villegas, 1991). Esta tradición contrasta con la Quimbaya Clásica en los materiales utilizados, técnicas de manufactura, tipos de objetos e iconografía; son muy pocos los rasgos comunes entre ambas tradiciones. Tal ruptura se observa también en distintos elementos de la cultura material y diversos aspectos culturales y sociales, así como en otras regiones del suroccidente colombiano, lo que ha llevado a plantear la llegada, hacia finales del primer milenio de nuestra era, de nuevas gentes y la dispersión de una nueva influencia cultural: la tradición Sonsoide, llamada así por el periodo Sonso de Calima que se inicia hacia esta época (Gähwiler, 2005).

La orfebrería Quimbaya Tardía se distingue por el amplio uso del cobre y de aleaciones de oro y cobre en un extenso rango de composiciones y por el predominio del trabajo directo del metal mediante las técnicas del martillado y el repujado (Uribe Villegas, 1991). Se concentra en la producción de adornos corporales con formas planas, esquemáticas y con frecuencia geométricas. A diferencia de la tradición anterior, dedicada de manera principal a producir artefactos para las élites, los orfebres de esta nueva tradición elaboraron objetos para ser usados por un amplio rango de la población.

Como en la Quimbaya Clásica, en la tradición orfebre tardía no predominan los animales, y tampoco fueron las aves las formas preferidas entre estos. Las ranas y, en menor medida, unos reptiles finos y delicados que semejan lagartijas constituyeron la iconografía zoomorfa privilegiada para representar en metal, al igual que en cerámica (Uribe Villegas, 1991). Aparecen, también, figuras de hombre-animal, como las de hombres-felino y hombres-lagartija. Las aves presentes en metal se pueden agrupar en tres tipos: uno compuesto por imágenes repujadas altamente esquemáticas, otro presente en un pequeño grupo de colgantes que semejan una rapaz y un tercero integrado por adornos conocidos como colgantes acorazonados (Falchetti, 1978).

Pectoral circular de la orfebrería Quimbaya Tardía

Del primer tipo forman parte pequeñas figuras de ave que conforman o complementan diseños repujados sobre adornos corporales laminares como pectorales circulares, narigueras semilunares y triangulares y aplicaciones para insertar en la piel, algunos de los objetos más característicos de esta orfebrería. Son figuras en las que el cuerpo está conformado por unas pocas líneas rectas y la cabeza por un círculo con un punto central que hace de ojo, como se observan en el pectoral O02797, hoy en el Museo del Oro y que perteneció a la antigua colección de Santiago Vélez en Manizales. El alto grado de esquematismo las hace difíciles de asociar con un animal determinado; se observan algunas variantes, una de ellas con una serie de puntos que rodean la cabeza, que pareciera aludir a un paujil, y otras con patas largas semejantes a las de garzas, como en la nariguera triangular O02347, también de la antigua colección del señor Vélez. En los rodillos de cerámica utilizados para la pintura corporal, como los C00150 y C06747, y los volantes de huso para el hilado de fibras, que se encuentran en los ajuares de las tumbas de épocas tardías del Cauca Medio, se observan diseños similares de aves estilizadas. Llama la atención, sin embargo, su ausencia en los numerosos tipos de vasijas de cerámica del menaje doméstico y ritual producidos durante esta época. 

Nariguera triangular

El segundo tipo de figura ornitomorfa está representado por un conjunto pequeño de adornos colgantes elaborados por fundición a la cera perdida en aleaciones ricas en oro, con la forma de un ave con las alas y la cola desplegadas, coronada por un elaborado penacho que se prolonga hacia los costados. Entre estos se cuentan los colgantes O00997, O03043 y O10587 de la colección del Museo del Oro. Componen un grupo con características marcadamente homogéneas en el estilo y la manufactura, que sugieren haber sido una producción local y tal vez durante un periodo de tiempo corto. Las procedencias registradas en el Museo del Oro corresponden todas al Quindío, así como la de una pieza en la colección del Museo del muelle Branly-Jacques Chirac, en París; la colección quimbaya de Vicente Restrepo incluía, asimismo, uno de estos colgantes (Restrepo Tirado, 1929, lám. 22; Restrepo Tirado y Arias, 1892, pág. 55).Colgantes en forma de ave rapaz con las alas y la cola desplegadas, de la orfebrería Quimbaya tardía

Las aves presentan formas básicamente planas y rectilíneas. En el centro del cuerpo sobresale una barriga redonda, mientras que de la cabeza rectangular brota amenazante hacia adelante un gran pico ganchudo como de rapaz, debajo del cual se insinúa un collar. Una gran cola extendida, de diseño triangular y sin ninguna decoración, contrasta con el par de alas pequeñas, también triangulares y decoradas a veces con diseños de triángulos calados, como en la O03043, o con dos espirales en los extremos, visibles en la O10587. Las alas y la cola extendidas parecieran referirse a un ave en vuelo o lista para emprenderlo, mientras que los calados pudieron tal vez inspirarse en los diseños que muestran en sus alas algunos gavilanes y otras rapaces.

Debajo de las alas, al nivel de las patas, se observan dos prolongaciones laterales, casi siempre rectangulares y a veces con calados, cuya función no es clara. Podría ser una abstracción de una rama en la que está posada el ave o de algo que lleva en las patas durante el vuelo, posiblemente una presa. El vistoso penacho que se prolonga hacia los lados es otra característica intrigante, pues las rapaces no presentan este tipo de grandes plumajes sobre la cabeza, aunque podría tratarse de nuevo de una evocación del penacho que despliega el águila arpía en momentos de agitación. Es factible que estas piezas combinaran partes de distintas aves, como sucede en los pectorales de la Sierra Nevada de Santa Marta (Sáenz Samper, 2001).

En sus picos, penachos y gran cola desplegada, estos colgantes del Cauca Medio recuerdan los pectorales y colgantes de ave y de hombres-ave producidos en la región del Alto Cauca por la misma época (Plazas y Falchetti, 1986), entre los que se encuentran algunas de las piezas más excepcionales de la orfebrería prehispánica colombiana. Los orfebres de ambas regiones elaboraron colgantes en forma de rana, narigueras torzales y otros tipos de adornos, que forman parte de la anteriormente mencionada tradición Sonsoide del suroccidente colombiano en el segundo milenio de nuestra era (Uribe Villegas, 1991).

Los pectorales acorazonados, la tercera forma alusiva a las aves en la orfebrería Quimbaya Tardía, son adornos altamente esquemáticos y planos que en su diseño general semejan un corazón, de ahí recibieron su nombre. Reichel Dolmatoff (2005) interpreta su forma como un ave en vuelo. Están compuestos por un semicírculo en la parte inferior y una forma bifurcada en la superior que se unen a través de un tronco rectangular en el que de manera ocasional aparece un rostro humano esquemático, como en el ejemplar O01276. De este tronco se desprenden, a veces, hacia los lados, espirales o una prolongación terminada en un círculo dentado. Algunos se hicieron por martillado y otros vaciados a la cera perdida; se encuentran en diferentes composiciones, pero al parecer fueron más comunes en cobre.

Pectoral acorazonado

La mayor parte de los que existen en colecciones se encontraron en el Quindío y en la misma región, en el sitio Sinaí, en La Tebaida, donde arqueólogos excavaron un cementerio en el cual varias tumbas contenían ajuares con adornos de cobre que incluían pectorales acorazonados y narigueras anulares y semilunares (Corporación GAIA, 2003). La tumba 11, con el entierro más complejo y con mayor número de artefactos de cerámica, piedra y metal, entre los cuales se contaban dos de estos pectorales, fue datada por radiocarbono en la segunda mitad del primer milenio d. C. (Beta-207319, Archivo Técnico Museo del Oro). El pectoral O15411 de la colección del Museo del Oro, procedente de Montenegro, es similar en forma y tecnología a los encontrados en estas excavaciones.

Los pectorales acorazonados tienen una distribución amplia en Colombia, con una mayor concentración en los valles de los ríos Cauca y Magdalena y regiones vecinas (Falchetti, 1978). Fueron producidos en épocas tardías y presentan rasgos propios de los estilos orfebres regionales. Su unidad y diversidad parecieran ser el resultado de la difusión y adopción de un símbolo por distintas sociedades que lo transformaron cada una en su materialidad y significado.

Pectoral acorazonado procedente de Montenegro

Los tres tipos de figuras de ave presentes en la orfebrería Quimbaya Tardía muestran pocas relaciones entre sí, aunque los dos últimos se conectan en su referencia a aves en vuelo. Respecto al primer tipo, es interesante que estas pequeñas figuras altamente esquemáticas aparecen en adornos de alta calidad, es decir, en los de mayor tamaño, mejor elaboración e iconografía más compleja, como los grandes pectorales repujados con figuras antropomorfas y antropozoomorfas ataviadas con adornos de orfebrería. Pareciera como si se asociaran de forma simbólica con grupos o personas de alguna élite privilegiada con el acceso a estos adornos. De otro lado, llama la atención la presencia de figuras estilizadas similares en rodillos de cerámica para la pintura corporal, que sugiere su importancia como marcadores en el cuerpo de algún tipo de identidad asociada con especies ornitológicas.

En cuanto a los colgantes del segundo grupo, aparentemente aves de rapiña y tal vez inspiradas también en el águila arpía, es posible que actuaran como símbolos que asociaban a sus dueños con un ave de amplios poderes para la cacería y el vuelo, y a partir de allí, con las connotaciones simbólicas propias de dicha ave. Son adornos relativamente grandes –algunos alcanzan hasta los doce cm de ancho– y con detalles llamativos, que llevados sobre el pecho, atraerían la atención. Las poderosas características de las aves rapaces han sido entre muchas sociedades amerindias del pasado y del presente fuente de múltiples metáforas para caracterizar a grupos o personas. Pineda Camacho (2005, pág. 33) menciona, por ejemplo, que entre algunos pueblos expresan el control territorial y el poder sobre el “territorio” espiritual, mientras que Reichel-Dolmatoff (2005, pág. 241) destaca la función de estas aves como auxiliares del chamán, que le ayudan a volar.

De la misma forma, los pectorales acorazonados eran piezas muy llamativas, que en algunos casos, como en los que tienen hasta veinte cm de alto, cubrían gran parte del pecho de quienes los portaban. Probablemente, sus dueños los exhibían en distintos momentos de su vida y luego esos adornos los acompañaban después de su muerte, como los encontrados en el cementerio del sitio Sinaí. Para Reichel-Dolmatoff (2005) estos pectorales, lo mismo que los colgantes anteriores de ave con alas y cola desplegadas, forman parte de un conjunto de formas de la orfebrería prehispánica de Colombia alusivas al vuelo chamánico, o experiencia extática de los chamanes en su viaje a otras dimensiones del universo, que denomina como Ícono A. Sin duda, estos pectorales acorazonados tienen un aire a pájaros en vuelo y la representación de rostros antropomorfos en algunos de ellos sugiere la idea de hombres-pájaro.

Conclusión

La indagación preliminar sobre las figuras ornitomorfas en la orfebrería prehispánica del Cauca Medio deja entrever la relevancia que tuvieron algunas especies de aves en la cultura material, la organización social, la vida ritual y el pensamiento simbólico de las sociedades que trabajaron el metal en aquella región. La selección que estas sociedades hicieron de determinadas aves entre la diversidad de especies con las que convivían o conocían, para plasmarlas en elaborados diseños en oro y sus aleaciones, utilizando sofisticadas técnicas metalúrgicas, estuvo enmarcada dentro de sus concepciones sobre la naturaleza, la sociedad y la cultura. La orfebrería prehispánica del Cauca Medio y de otras regiones de Colombia, con sus numerosos objetos alusivos a la fauna, la flora y los seres humanos, es un patrimonio arqueológico privilegiado para conocer sobre la manera como las sociedades del pasado se relacionaron con su medioambiente y en particular sobre la forma como lo imaginaron y representaron. Por consiguiente, tal como lo han hecho en esta investigación los paujiles, águilas arpías y patos de la orfebrería del Cauca Medio, estos objetos antiguos nos descubren el valor cultural y simbólico que la naturaleza y el paisaje han tenido para las sociedades humanas y nos recuerdan el deber de trabajar para que siga siendo así en nuestra generación y en las del futuro.

Figuras

Recipiente para cal de la orfebrería Quimbaya Clásica, en forma de mujer ricamente ataviada, que carga barras con aves estilizadas. Colección Museo del Oro, O32852, 27,1 x 11,8 cm. Fotografía Clark M. Rodríguez.

Colgante en forma de patos estilizados que parecen nadar o reposar en el agua. Colección Museo del Oro, O06045, 5,1 x 5 cm. Fotografía Clark M. Rodríguez.

Colgante de la orfebrería Quimbaya Clásica en forma de dos aves estilizadas de difícil identificación biológica. Colección Museo del Oro, O06043, 5,1 x 5 cm. Fotografía Clark M. Rodríguez.

Colgante Darién del estilo Quimbaya Clásico; carga una barra con aves semejantes a las de los colgantes estilizados del primer tipo. Colección Museo del Oro, O00417, 16,5 x 11 cm. Fotografía Clark M. Rodríguez.

Colgante en forma del paujil (Crax sp.), con los rasgos estilísticos propios de la orfebrería Quimbaya Clásica. Colección Museo del Oro, O06016, 3,7 x 3,7 cm. Fotografía Clark M. Rodríguez.

Fragmento de colgante que semeja la cabeza de un paujil con su característica cresta rizada y pico pequeño y grueso. Colección Museo del Oro, O01146, 5,5 x 1,4 cm. Fotografía Clark M. Rodríguez.

Palillos para cal con la forma del paujil, elaborados en aleaciones de diferente composición y color. Colección Museo del Oro, O05132, 20,5 x 1,3 cm; O0354, 20,5 cm; O24935, 22 x 1,9 cm; O05590, 11,5 cm. Fotografía Clark M. Rodríguez.

Paujil piquiazul macho (Crax alberti). Fotografía de Daniel Uribe Restrepo. Colección Biblioteca Luis Ángel Arango.

Parte superior de palillo para cal, bicolor, de la orfebrería Quimbaya Clásica, que representa un paujil. El ave mueve la cabeza y la cola mediante un ingenioso sistema de ensamblaje. Colección Museo del Oro, O02979, 19,1 x 3,9 cm. Fotografía Clark M. Rodríguez.

Gammagrafía del palillo con remate en forma de paujil O02979, en la cual se observa el ensamblaje interno de las partes que permite el movimiento del ave.

Urna cineraria en forma de paujil, de la tradición Marrón Inciso en el valle Medio del río Cauca. Colección Museo del Oro, C13373, 27 x 26,5 cm. Fotografía Clark M. Rodríguez.

Cuenco del estilo cerámico Marrón Inciso, cuya forma evoca un paujil. Colección Museo del Oro, C00517, 6,8 x 16,6 cm. Fotografía Clark M. Rodríguez.

Palillo para cal con remate en forma de un ave que alude probablemente a un águila arpía (Harpia harpyja) con las plumas de la cabeza y el penacho desplegados. Se aferra a un mono acurrucado, con rasgos en apariencia humanos. Colección Museo del Oro, O03496, 35 x 2 cm. Fotografía Clark M. Rodríguez.

Palillo para cal, bicolor, rematado en un ave semejante a la del palillo O03496, cuyo cuerpo hueco y con perforaciones y un badajo sirve de cascabel. El ave se aferra a una figura humana que sostiene un cuerpo globular en cuyo interior debió existir una incrustación de otro material. Colección Museo del Oro, O05238, 25,5 cm. Fotografía Clark M. Rodríguez.

Águila arpía (Harpia harpyja) en actitud expectante, con las plumas de la cabeza y el penacho desplegados. Fotografía de Juan Manuel Rengifo.

Ajuar funerario encontrado en Puerto Nare, Antioquia. Conocido como el “nuevo Tesoro Quimbaya”, forma parte de la colección que preserva el Banco de la República en el Museo del Oro. Fotografía Clark M. Rodríguez.

Pectoral circular de la orfebrería Quimbaya Tardía, con los característicos diseños repujados de aves estilizadas. Colección Museo del Oro, O02797, 24 cm. Fotografía Clark M. Rodríguez.

Nariguera triangular elaborada por martillado y repujado en una aleación rica en oro, la cual fue encontrada en una tumba en Armenia (Quindío). Las aves esquemáticas, de patas zancudas, parecen evocar garzas. Colección Museo del Oro, O02347, 25,3 x 40,1 x 17,5 cm. Fotografía Clark M. Rodríguez.

Rodillos de cerámica con figuras de aves esquemáticas empleados en la pintura corporal por grupos de épocas tardías del Cauca Medio (800-1600 d. C.). Colección Museo del Oro, C00150, 2 x 5 cm; C06746, 3,7 x 1,9 cm. Fotografía Clark M. Rodríguez.

Colgantes en forma de ave rapaz con las alas y la cola desplegadas, de la orfebrería Quimbaya Tardía. Los triángulos calados que muestran en las alas y en el elemento rectangular son frecuentes en objetos de esta tradición orfebre. Colección Museo del Oro, O00997, 8,5 x 11,3 cm; O03043, 7,5 x 8 cm; O10587, 8 x 12 cm. Fotografía Clark M. Rodríguez.

Adorno colgante en forma de pareja de aves cuyas características morfológicas evocan patos. Colección Museo del Oro, O06042, 8 x 5,6 cm. Foto Clark M. Rodríguez. 

Gavilán caminero (Rupornis magnirostris) con las alas desplegadas en las que se observan diseños como los que pudieron inspirar algunas representaciones ornitomorfas prehispánicas. Fotografía de Daniel Uribe Restrepo.

Los pectorales acorazonados se encuentran en diferentes estilos de la orfebrería prehispánica de Colombia. Su forma sugiere aves en vuelo y la presencia de rostros antropomorfos en algunos podría indicar que se trataba de hombres-ave. Colección Museo del Oro, O01276, 10,2 x 7,5 cm. Fotografía Clark M. Rodríguez.

Pectoral acorazonado procedente de Montenegro (Quindío), elaborado en cobre. Piezas similares se han encontrado en excavaciones arqueológicas formando parte de ajuares funerarios con otros adornos de cobre, artefactos líticos y volantes de huso y vasijas de cerámica. Colección Museo del Oro, O15411, 19,9 x 18,6 cm. Fotografía Clark M. Rodríguez.

 

Tabla. Objetos con forma o con figuras de ave de la orfebrería prehispánica del Cauca Medio.

 

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[1]La autora agradece la asesoría de la bióloga Mariana Rivera Uribe, quien colaboró en la identificación biológica de las especies de aves representadas en los objetos de orfebrería del Cauca Medio. Asimismo, a Eduardo Londoño y Héctor García por sus comentarios al texto. Volver arriba

[2] La tabla anexa presenta la información de los objetos de orfebrería del Cauca Medio con representaciones de ave y otros relacionados, pertenecientes a la colección del Museo del Oro del Banco de la República y otras colecciones, que fueron identificados durante la investigación realizada para escribir este ensayo. Volver arriba.

[3] Los números que aparecen en este texto corresponden a los del catálogo de objetos de las colecciones arqueológicas de orfebrería y cerámica del Museo del Oro del Banco de la República. Volver arriba. 

[4] A la Exposición Histórico-Americana, celebrada en Madrid en 1892 para conmemorar los cuatrocientos años del arribo de Colón a América, el Gobierno de Colombia envió como representación del país una colección de orfebrería prehispánica que incluía el conjunto de objetos conocido como Tesoro de los quimbayas y piezas de coleccionistas particulares, entre ellos Vicente Restrepo, Carlos Uribe y otros. Adicionalmente, se llevaron fotografías de artefactos arqueológicos que no fueron prestados para la exposición. En el Catálogo de los objetos que presenta el Gobierno de Colombia a la Exposición Histórico-Americana de Madrid (1892), Restrepo Tirado y Arias describen el contenido de cinco álbumes que se prepararon con “láminas” de los objetos y las fotografías enviadas, uno de los cuales estaba dedicado a las “antigüedades” de la tribu de los quimbayas. Ernesto Restrepo Tirado reproduce más tarde algunas fotografías de este último en su libro Ensayo etnográfico y arqueológico de la provincia de los quimbayas en el Nuevo Reino de Granada (1929). Volver arriba.

[5] La tabla anexa incluye información de los palillos con remates de los dos tipos de ave pertenecientes a las orfebrerías del suroccidente colombiano. Volver arriba.