Las batallas de Klim

Tipo: 

N° revista: 

Boletín Cultural y Bibliográfico 95

Tema: 

Autor: 

Porque una rara y feliz intuición del fiero adelantado Jiménez de Quesada lo impulsó a fundar a Santa Fe de Bogotá justamente 375 años antes de que tuviera lugar la gentil ocurrencia de mi nacimiento. Nací en un día desapacible y frío como todos los que forman el acervo de la historia municipal de la ciudad. (...) Mi nodriza, una mujer austera, rubicunda y lacónica, después de observarme minuciosa y pormenorizadamente, exclamó un día: “Es indudable que el angelito es feo, pero no se puede negar que tiene un garabato”. Caballero, 1983, pp. 15-16.

El garabato de Lucas Caballero Calderón, más conocido por su seudónimo “Klim”, nacido en Bogotá el 6 de agosto de 1913, fue el humor. Quizás le fue innato porque desde niño todo lo hurgaba y desbarataba, despojándolo de cualquier solemnidad, como alguna vez escribió su hermano Eduardo. O como él mismo lo dijo: veía el mundo como un daltónico, en su sentido ridículo. El talento literario lo sacó de una herencia familiar de escritores; lo absorbió en su infancia en la legendaria biblioteca de su tío abuelo Lucas Caballero Echavarría y en las sobremesas ilustradas de su casa.

Su papá era el general santandereano Lucas Caballero Barrera, liberal acérrimo, jefe del Estado Mayor del general Benjamín Herrera en la guerra de los Mil Días y arquitecto del acuerdo firmado a bordo del vapor Wisconsin, en 1902, que puso fin a ese conflicto armado. En tiempos de paz, el general fue ministro de Hacienda, senador, embajador y empresario idealista. Su mamá, María del Carmen Calderón, nieta de un famoso gobernador de Boyacá de mediados del siglo XIX, era de otra familia cultivada.

Leer texto completo