Las plantas y demás hijos de María Cristina Martínez

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Boletín Cultural y Bibliográfico 96

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Uno tiene una profesión, pero también tiene una vida”. La voz se escucha apacible, como si lo hubiera pensado mucho antes de convencerse de lo que iba a decir. Sentada en su oficina —donde prefiere pasar el menor tiempo posible—, la bióloga María Cristina Martínez Habibe hace un esfuerzo por recordar cómo empezó todo. Con sus dedos enumera las especies de plantas que ha nombrado y descrito para la ciencia, sin salir necesariamente a recolectarlas siempre sobre el terreno, porque también lo ha hecho escarbando en los herbarios. La lista es larga. Algunas han sido en homenaje al Caribe, aunque ella sea bogotana. La conversación es interrumpida, ella se disculpa, pero sabe retomar muy bien el hilo de su vida, esa que no acostumbra contar para que sea publicada, porque lo habitual es que hable de su trabajo, no de sí misma.

María Cristina está rodeada de dibujos de las especies que estudia, fotografías de su familia y papeles por revisar. Calmadamente regresa en el tiempo y comienza a contar cómo, meta tras meta, fue cumpliendo su sueño, aunque los obstáculos nunca faltaron para hacerle el camino más difícil. Sin embargo, sabía que lo lograría, y lo consiguió. Tiene 44 años, tres hijos, y es la directora del Departamento de Química y Biología de la Universidad del Norte en Barranquilla. Como mujer, considera que se están abriendo los escenarios para debatir el tema de la participación femenina en la ciencia. “Ha pasado de ser algo que se habla solo entre las mujeres involucradas, a ser algo que se habla en público”, afirma.

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