Locombianos de Alfonso Castillo Gómez

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Las columnas de Alfonso Castillo Gómez (1910-1982) aparecieron entre los años cincuenta y ochenta en El Espectador, la revista Diners y el periódico El Vespertino. Fueron casi tres décadas de notas que hicieron reír a los lectores de sus propias costumbres: algunas ridículas pero normales, otras insólitaspero arraigadas. Hoy, cincuenta años después de que las columnas estuvieran en su cúspide, esas idiosincrasias típicas todavía nos hacen sonreír. La casa, la cama, la mica, la comidita, las tareas escolares, el tráfico temerario, las vacaciones desastrosas. Esos fueron la carne y el vino de Castillo Gómez. Además, fue columnista sin ser “calumnista” —algo escaso en estas épocas— y supo burlarse de sí mismo y de todos sin señalar casi nunca con nombres propios o causar escándalos de prensa.

 “Nada puede ser más serio que un buen apunte de humor en el momento preciso”, dice Alfonso Castillo Escobar sobre el pensamiento de su padre. El humor es serio: sirve para sobrellevar la vida y para darnos cuenta, como sociedad, de lo que somos. “Alka-notas”, columna por la que Castillo Gómez ganó el Premio Nacional de Periodismo en 1980, y La Locolombia de Leovigildo son hoy un punto de referencia valioso para ver la evolución de la cultura bogotana. Nos muestran hasta qué punto seguimos siendo pacatos, fiesteros, arribistas, avivatos, sexistas, clasistas, “resentidos sociales”...

Leovigildo es el prototipo del bogotano, pero coincide en algunas cosas con su autor: funda una publicación (Castillo participó en la creación de la revista Diners), critica nuestras formas de ser y se fija en las noticias curiosas. Pero tal vez lo más biográfico de Leovigildo es su capacidad de hacernos reír y reflexionar.

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