Marta Lucía Tamayo, entre genes y letras

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Boletín Cultural y Bibliográfico 96

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Tiene 60 años, “se noten o no se noten”. Nació en Bogotá. Su familia ha vivido allí casi toda la vida. Durante nuestra conversación inicial, en la oficina del primer piso del Instituto de Genética Humana de la Universidad Javeriana, me contó que estudió primaria en uno de esos colegios “de monjas comunes y corrientes”. Luego, dijo, pasó a uno de monjas teresianas, pero de las seglares que se vestían de civil. No tenían hábitos pero eran monjas al fin y al cabo. “Modestia aparte” fue muy buena estudiante, “era como una de esas nerdas a las que les gusta leer”, y sostiene que se le facilitaban la historia, la geografía, la literatura y también la ciencia. Siempre supo que quería estudiar medicina. “Ni siquiera lo dudé por un segundo”, confesó. “Esas inquietudes que atormentan a la mayoría en la adolescencia —qué estudiaré, qué hago en la vida—, eso a mí no me sucedió”.

Lo que empezó como una entrevista en su oficina pasó más tarde a desarrollarse vía telefónica y se extendió luego a correos electrónicos y conversaciones por WhatsApp; iba camino a convertirse en “un monólogo escrito a dos manos”. Parecía lo indicado para una mujer a la que le gusta jugar y mezclar géneros literarios, que ha escrito “autobiografías escritas por otro” de Germán Arciniegas y Macedonio Fernández. Pero al final el experimento no le hizo mucha gracia. Me contestó: “A los que hemos escrito cositas y nos las damos de escritores nos cuesta que otro escriba por nosotros”. 

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