Paola Pinilla, estrellas embarazadas y planetas bebés

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Boletín Cultural y Bibliográfico 96

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Ahora mismo, dentro de millones de galaxias, hay millones de estrellas embarazadas, acunando celosamente millones de munditos bebés en placentas protectoras de polvo y gas... Ante semejante concepto, ¿cómo no amar la astronomía?

Paola Pinilla me toma de la mano y me zambulle de cabeza dentro de uno de estos distantes sistemas solares en ciernes. Con  los ojos de la imaginación, estamos viendo una estrella algo opaca, rojiza y rodeada de un inmenso disco aplanado de material, que se extiende miles de millones de kilómetros hacia afuera. Ese anillo, hecho mayormente de gas y un poquito de polvo, significa que la estrella es joven, que está en condiciones de dar a luz algún planeta. Pero, para saber si el astro ya es madre, o si aún espera serlo, es preciso buscar en el disco la presencia de anillos de materia separados por franjas de espacios vacíos. Porque esos espacios son las estrías creadas por el nuevo  planeta al alimentarse de los gases y el polvo a su alrededor. El pequeño enfant terrible aún es invisible a nuestros ojos, pero delata su presencia porque, a medida que consume  nutrientes, con cada órbita va excavando la cavidad en las faldas del útero materno. En mi cabeza es como si una bola de queso crema rodara sobre una estela de pimienta en un plato, recogiendo cuanto granito se le pega y dejando abierto un camino tras de sí.

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