Arte

Este es un libro de memorias, así, en plural, que recupera la voz de algunos integrantes del Taller 4 Rojo, una agrupación artística y política que existió en Bogotá entre 1972 y 1974.

Uno de los campos más prometedores en Colombia, en cuanto a estudios históricos se refiere, tiene que ver con la materia de la historia del arte, asunto que había quedado opacado por otras asignaturas, y que de un tiempo a esta parte está empezando a tomar la relevancia que se merece.

Los que se encontraron frente a frente con la conocida grieta de Doris Salcedo, Shibboleth ¾presentada en la Sala de Turbinas de la Tate Modern de Londres, en 2007¾, compartieron seguramente una impresión semejante: la obra, poderosa y profunda, herida y pregunta infinita, apuntaba a una frase que no se terminaba de articular, que hablaba de la imposibilidad última de decir.

Resistencias al olvido. Memoria y arte en Colombia, compilado por la filósofa María del Rosario Acosta, ahonda en la relación entre historia, memoria y conflicto en Colombia desde una mirada que une la filosofía y el arte.

La Universidad Eafit de Medellín publicó en octubre de 2014 el voluminoso libro, de 320 páginas, Hágase la luz. Pastor Restrepo Maya. Fotógrafo (1839/1921).

El título de este libro es prometedor. Atrae al lector interesado en la historia del arte colombiano, ya que la bibliografía contemporánea sobre Andrés de Santa María (1860-1945) es inexistente por fuera de las bibliotecas. A Santa María se le considera, por lo general, un pionero del arte moderno en el país, si bien apenas vivió 17 de sus 85 años en Colombia.

Las aspiraciones, ideales, pasiones, afectos, luchas, convicciones, ilusiones y miedos configuran un entramado fascinante que define a una persona. Estas dimensiones se entrecruzan, se rozan tangencialmente o se afectan entre ellas para determinar alguna posible esencia.

Este proyecto de Elkin Calderón reúne trece historias de artistas y personas del círculo del arte contemporáneo colombiano, que han sufrido los números rojos de la violencia del país. El título del libro toma prestado –“o robado, para empezar como se debe”, señala Calderón– el eslogan Colombia, el riesgo es que te quieras quedar, frase de una campaña publicitaria del gobierno de Álvaro Uribe Vélez.

Cali, ciudad abierta invita a imaginar cómo queremos y cómo podemos contar la historia de las ciudades, de los artistas, de las iniciativas culturales y de los movimientos sociales y políticos en coyunturas determinadas y en conexión con proyectos que trascienden lo nacional.

Tal vez sea cierto que una de las decisiones más difíciles de tomar a la hora de trazar cualquier relato, incluido el del arte, sea precisamente aquella a propósito de lo que se incluirá y a lo que se excluirá en la narración, en especial, porque todo criterio puede cuestionarse, plantear dudas, revisarse y hasta ser recusado con el paso de los años y con los cambios de paradigmas y perspectivas.

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