Crónica

Debería existir una historia dedicada a las miniaturas, las viñetas y los bocetos, ese tipo de piezas que, a pesar de su tamaño y de su fragilidad, logran contener y capturar el espíritu de las cosas, sus recorridos. Igual, una que hable de la familia particular que forman los fotógrafos, los arquitectos de antaño, los exploradores que aún coleccionan piedrecillas, el dibujante hábil como el cronista capaz. Ellos son una raza aparte.

Cuando nos acercamos a lugares que no conocimos, como la calle Junín de Medellín a 57 años de distancia, a un millón de años luz de casa, la lectura nos depara un resplandor de la memoria, una sensación de ser pasajeros de un tren fantasma.

Vidas de Feria, de Juan Guillermo Romero, es una crónica que sorprende por la familiaridad y la exhaustividad con las que retrata la forma de vida que implica el trabajo en la Feria de Ganado de Medellín, una actividad que data de más de cien años, pero que no ha recibido la atención suficiente de los medios de comunicación, para que el grueso de la población colombiana conozca sus componentes y matices.

En épocas de  los marketing de autor, cuidadosamente planeados por las grandes editoriales, es raro que un escritor inédito pueda ganar relevancia. Excepción o lo que sea, se da. Este es el caso de Luis Miguel Rivas.

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