Historia

El libro escrito por Luisa Cortés y Carlos Reina cubre un vacío permanente en la historiografía colombiana, ante la que pasó medianamente desapercibido a pesar de los numerosos estudios realizados en las academias norteamericanas, británicas e incluso mexicanas y argentinas sobre la juventud como objeto y la población de las investigaciones sociales-históricas.

La Academia Colombiana de Historia ha editado libros que hablan de una vitalidad y una renovación que debería contagiar a las filiales regionales, en las que todavía predomina la bobería provinciana. Este libro revela una interesante y renovadora tendencia en los estudios históricos, con el apoyo editorial de una institución que parece estar en muy buenas manos.

Con cierta frecuencia, es posible encontrar vacíos historiográficos, podríamos decir olvidos, que resultan incomprensibles. La historia de Cúcuta, de la ciudad y sus habitantes, es uno de estos casos. Esta omisión puede extenderse a todo el departamento, tal vez con la única excepción de Pamplona y en algo Ocaña: para tiempos coloniales, la primera, y decimonónicos, la segunda.

Es común escuchar que la formación de las instituciones en nuestra sociedad tuvo que ver con la presencia de tres actores: el cura, el alcalde y el maestro, pues ellos eran referentes de la comunidad y las figuras visibles.

Este es un libro colectivo, reúne nueve artículos de diez autores; su edición estuvo a cargo de Adolfo Meisel Roca y María Teresa Ramírez y lo publicaron en 2015 el Fondo de Cultura Económica y el Banco de la República.

Durante el siglo XIX, el Estado, las familias y la Iglesia buscaban domesticar el amor. Este hecho hasta ahora incontrovertible y su tensión con las prácticas del amor romántico son las motivaciones centrales del libro Del amor y otras pasiones. Élites, política y familia en Bogotá, 1778-1870.

En la historiografía mexicana existe un gran movimiento que pulsa por conocer el pasado prehispánico, como el de la cultura maya, la de Oaxaca, o la de los tarascos. Grandes historiadores, entre ellos, William Taylor, Charles Gibson y Serge Gruzinski, han reconstruido ese pasado y la forma como esas culturas sobrevivieron y se adaptaron a la sociedad colonial.

Una divulgadora de la historia

Colombia vivía los horrores de la violencia en momentos en que el presidente del Directorio Conservador Gilberto Alzate Avendaño viajaba a Cali, Medellín, Cartagena, Santa Marta y Manizales para encabezar movilizaciones y protagonizar banquetes celebrados con altisonantes adjetivos en las secciones sociales de los periódicos.

La obra que se reseña a continuación es un fiel reflejo del estado de los estudios de demografía histórica en Colombia. Con esto se quiere decir que han sido muy pocos los avances logrados en más de medio siglo, desde cuando la Nueva Historia desarrolló algunas de las líneas básicas de reflexión que aún se siguen reproduciendo en las investigaciones actuales.

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