Novela

Volver al oscuro valle es un eslabón más en la dilatada pero consistente trayectoria narrativa de Santiago Gamboa, que en esta novela retoma, perfila y exprime algunos de los temas ya habituales en su obra y que le señalan como un verdadero autor dentro del panorama de las letras colombianas.

Hace poco encontré, releyendo textos guardados para cuando falta inspiración, una de las columnas de Leila Guerriero en el diario chileno El Mercurio: “Leer y olvidar”. En ella, Leila habla de lo humillante que puede ser pasear por el metro o por la calle con un libro que, por su título y carátula ilustrada, puede dar la idea de que uno tiene una vida espantosa y lo lee para tratar de conseguir una mejor.

Esta última novela de Cárdenas —la primera a la que se consagra tanta atención— es un plausible artefacto literario, tanto por la sencillez que caracteriza su armazón y su lenguaje, como por los elementos de reflexión que integran los temas tratados.

“He conseguido un escalofriante retrato de mis papás que no había visto jamás, entendí dónde empieza la historia”, dice, apenas en la segunda página, el narrador de la novela Historia oficial del amor, de Ricardo Silva Romero (Bogotá, 1975). El narrador se llama, igual, Ricardo Silva Romero, pero no puedo aludir a él como autor dentro de la novela, dado que el libro es presentado como tal y, en consecuencia, es una ficción, como buena novela.

Luego de mirar a la muerte a los ojos, Julián Rodríguez, un zipaquireño de 31 años, compró un jeep Willys del año 1945, lo restauró y junto a su novia Lorena emprendió un viaje que los llevaría por todos los países de Suramérica y les tomaría más de diez meses.

La historia de Criacuervo, la segunda novela del cartagenero Orlando Echeverri Benedetti, sucede en un desierto abstracto y en otro literal. Contada en cuatro partes, la novela se ocupa de los momentos críticos en la vida de los hermanos Zweig. Adler, el menor, vaga por un desierto emocional, mientras que Klaus vive estancado en un desierto real. Extraños entre sí, los hermanos viven esperando a que sus vidas cobren algún significado.

Difícil no pensar en libros similares cuando se halla una novela tan especial como Animales del fin del mundo, de la bogotana Gloria Susana Esquivel (1985). Lo digo porque hace poco leí con regocijo Paraíso inhabitado, de Ana María Matute.

Una advertencia: hay que sospechar cuando un autor es más conocido que su obra, y no al revés, cuando la obra es más conocida que el autor. ¿Hay alguien en Colombia —con tan solo un somero panorama del acervo literario— que ignore quién es Mario Mendoza?

¿Y qué es la literatura si no la gran historia del mundo bien contada? Álvaro Cepeda Samudio Cualquier semejanza entre la historia y la literatura es accidental. Guillermo Cabrera Infante  

“Era más grande el muerto” es un dicho no solo colombiano, sino también mexicano y, tal vez, latinoamericano, con el que reímos y entrampamos a la muerte para atisbar el otro lado del espejo. Pero también es el título de la primera novela de Luis Miguel Rivas, escritor, libretista y realizador audiovisual radicado en Argentina, cuyos tres libros anteriores dan cuenta de su experiencia como cuentista.

Páginas

Suscribirse a Novela