Poesía

...Y el arroyuelo azul en la cabeza, an­tología preparada por Miguel Méndez Camacho, nos introduce en la poética compleja de Eduardo Carranza (1913- 1985).

No cabe duda sobre el acierto del tí­tulo de este libro de poemas, Moradas interiores, y la sintonía de las cuatro vo­ces que componen. Hay en el conjunto una comunicación profunda entre sus autoras, en la que se establece una di­námica que habla desde lo más interior y se concentra en esa morada del ser que es la palabra.

El título es sugerente: un canto en el umbral debe de ser un borde en donde se sitúa el poeta para nombrar y nom­brarnos; renuevo del lenguaje, arista, filo, margen y orilla. Punto de partida y de llegada.

Elegante suena decir que se ha nacido en Santa Catalina de Alejan­dría. Solo una persona ha nacido en ese lugar, el poeta colombiano Rómu­lo Bustos Aguirre, y hay que agregar que es colombiano, porque sus otros paisanos nunca agregan su lugar de nacimiento, Alejandría, el nombre de la ciudad egipcia del faro y la biblioteca destruidos donde viniera al mundo el poeta Constantino Cavafis.

Para dar entrada a El libro de las paradojas, y jugando con el conjunto de poemas, Luis Fernando Macías, narrador, poeta y ensayista antioqueño, convoca en tres epígrafes a Jorge Luis Borges, Aristóteles y León de Greiff. Al incluirlos, los reconoce como puerta de entrada y sustenta su propuesta ceñida a esa figura literaria y de pensamiento, que desde tiempos antiguos invita a la reflexión.

Fernando Garavito (Bogotá, 1944-Nuevo México, Estados Unidos, 2010) es un nombre muy conocido en el ámbito colombiano, porque por él supimos muchas cosas cuando ejerció el periodismo, casi siempre cultural, primero desde la dirección de un famoso suplemento dominical (así llamábamos a las publicaciones literarias y artísticas que circulaban los domingos con los periódicos, en tamaño tabloide, para diferenciarlos, justamente, de los periódicos com

Cuaderno de 17 x 24.5 centímetros, 48 páginas, 100 gramos. Amplias solapas. Guardas a color. 700 ejemplares. Selección realizada por la autora. Trece poemas sin título. El índice da los comienzos. Otros se enumeran en romanos. Ha publicado diez libros de poesía en diversas editoriales nacionales y extranjeras. Y ha obtenido premios.

Con excepción de Suenan timbres (1926) de Luis Vidales, se ha dicho que en Colombia no hubo vanguardia. En efecto, mientras en otras latitudes del continente se asistía a una renovación sostenida del lenguaje y otras búsquedas estéticas, el país seguía anclado a un modernismo tardío, sumergido en un matrimonio, casi indisociable, con la tradición española.

En mayo del 2016, en Bogotá, murió Fernando Soto Aparicio, uno de los más prolíficos autores de los que haya tenido noticia la literatura nacional. Con cerca de setenta libros publicados, entre novelas, ensayos, cuentos y poesía, pocos autores pueden contar como él con una obra tan copiosa. Sus libros fueron durante años, materia obligada de lectura en colegios y universidades de todo el país, e ignoro si también en otras latitudes.

Viene de lejos la pasión de Santiago Espinosa (Bogotá, 1985) por la poesía. Ya en 2010, publicó su primer libro de poemas, Los ecos, que llamó de inmediato la atención entre los lectores por la gran calidad de sus textos y por apreciarse en ellos una voz que nacía con una gran madurez y una personalidad definida.

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