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Con la influencia creciente de la religión y de la Iglesia católica en particular durante la Edad Media, monasterios y catedrales se convirtieron paulatinamente en centros de conocimiento y en lugares de producción y conservación de la palabra escrita. La relación entre libro y clero tuvo su origen en la estrecha dependencia del cristianismo con la palabra escrita, tradición en la que se exigía,

Una biblioteca es un cronotopo, el cruce espacio-temporal perfecto en el que cómodamente instalados recuperamos el tiempo perdido dialogando sin “estafa” ni “esgrima” con aquellos a quienes admiramos, aun en el desacuerdo[2].

Mi conclusión es simple: Cuervo se enseñó solo, aprendió en los libros. Para aprender no se necesitan maestros, libros sí.

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