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La literatura en español ha dado gigantes en el humor como Cervantes, Quevedo, Borges, pero en Colombia han sido muy pocos los cultores de esta tendencia. En la Barranquilla de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, con una veintena de periódicos y publicaciones, generalmente esporádicos, el sentido del humor no se encuentra fácilmente en sus colaboradores.

“El Loco”, como le decían desde los catorce años, nació el 15 de agosto de 1934 en Bogotá. Pasó por trece colegios, entre ellos el San Bartolomé en Bogotá, y no se graduó nunca. Su indisciplina e insolencia hicieron que a lo largo de su vida escolar se enfrentara a todos sus maestros, incluso a los golpes. Nunca sacó buenas notas, pero sobresalía por su inteligencia.

Las columnas de Alfonso Castillo Gómez (1910-1982) aparecieron entre los años cincuenta y ochenta en El Espectador, la revista Diners y el periódico El Vespertino. Fueron casi tres décadas de notas que hicieron reír a los lectores de sus propias costumbres: algunas ridículas pero normales, otras insólitaspero arraigadas.

Porque una rara y feliz intuición del fiero adelantado Jiménez de Quesada lo impulsó a fundar a Santa Fe de Bogotá justamente 375 años antes de que tuviera lugar la gentil ocurrencia de mi nacimiento. Nací en un día desapacible y frío como todos los que forman el acervo de la historia municipal de la ciudad.

A diferencia de la caricatura, que forma parte integral de la prensa escrita colombiana desde los tiempos de la Regeneración y a propósito de la cual podrían citarse centenares de ejemplos y plasmarse gran cantidad de perfiles, el humor escrito no cuenta con muchos exponentes en la prensa bogotana, aunque los ha habido, los hay en la actualidad, y algunos de ellos han sido y son de gran relevancia en la historia y el presente del periodismo colom

Al recapitular lo que ha sido la tradición del humor político en Colombia, donde el periodismo nació subyugado a los intereses de la Corona española, comprobamos que ese grito de rebeldía rompió más de un florero. Casi todos los periódicos de carácter satírico que circularon desde comienzos de la Independencia fueron censurados y sus directores multados, enviados a la cárcel o al exilio.

La candidatura de Jorge Eliécer Gaitán para las elecciones presidenciales que tendrían lugar el 5 de mayo de 1946 se emprendió con considerable anticipación. Sus exitosas correrías por el país como ministro de Trabajo, Salud e Higiene durante unos meses entre 1942 y 1943, por zonas donde se desarrollaban conflictos entre trabajadores y las compañías extractivas o de transporte, demostraron la viabilidad de la postulación.

  Es claro, natural, que los resplandores de la Revolución rusa iban iluminando el mundo, poco a poco. Por todos los resquicios entraba, a todas partes iba. No era ya posible ocultar tan trascendental hecho histórico. Por eso, a nuestro país, constantemente, casi cada mes, llegaba una obra sobre marxismo leninismo.(...) Así pues, aprendimos infinidad de ideas, principios desconocidos, que nos cambiaban los horizontes de la vida.

No deben ser periodistas esos que alquilan su conciencia al mejor postor y se postran ante los directores por insignificantes mendrugos; los que viven adulando aun a trueque de traicionar los intereses sagrados de la patria y de la sociedad, que como voceros representan en la prensa; los que siempre han vivido de rodillas; los que no tienen más talento ni saber que los que da el roce cotidiano de los tipos; y en fin, los que apenas poseen una ilu

El 4 de diciembre de 1910, desde las páginas del periódico El Comunista, el tipógrafo Luis A. Múnera invitaba a sus pares de Cartagena a que a través de la prensa lucharan para lograr la “libertad del obrero”. Múnera, que se describía como “hijo de padres humildes” y de “plumaje pardo”, sostenía que había que luchar para que pudieran ser “libres de acción, de pensamiento, de culto y de tribuna”.

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