Reseñas

Viene de lejos la pasión de Santiago Espinosa (Bogotá, 1985) por la poesía. Ya en 2010, publicó su primer libro de poemas, Los ecos, que llamó de inmediato la atención entre los lectores por la gran calidad de sus textos y por apreciarse en ellos una voz que nacía con una gran madurez y una personalidad definida.

El poeta, cuentista, editor y dibujante Elkin Restrepo agrega a su amplia trayectoria el poemario El torso de Venus (2015), en el que desde una particular mirada, ofrece nuevas visitas al amor. Trata de abordar determinadas formas de desdoblamiento, como si el poema impusiera pautas en escenarios cotidianos.

El editor presenta una selección (47 textos) de los ocho libros de poesía publicados por la autora. Dígase de una vez: Piedad Bonnett, la mejor entre las poetas colombianas actuales. Introducción (cinco páginas) a cargo de la editora Luz Eugenia Sierra y avales finales de Juan Gustavo Cobo Borda, Juan Manuel Roca, José Watanabe, Darío Jaramillo Agudelo, Pedro Serrano, Carlos López Degregori, Héctor Abad Faciolince, J.

En el libro Después de la lluvia, los árboles lloran, su autora, Melibea Garavito Carranza, elude informaciones acerca de sí misma; incluso, en la carátula solo aparece su nombre, sin apellidos, lo mismo que en la breve biografía del respaldo, en donde, además, está su foto de lado, también elusiva. Únicamente indagando se sabe que es hija y nieta de poetas.

En su columna del 23 de agosto de 2016 de la revista Arcadia, el profesor Lucas Ospina cuestiona el papel de la academia en el posconflicto y se pregunta por qué algunas de las investigaciones más relevantes sobre el paramilitarismo se han hecho por fuera de las universidades. Y cita el ejemplo de la Fundación Arco Iris y de portales periodísticos como Verdad Abierta, La Silla Vacía o Pacifista.

Es posible concebir la historia y la narrativa como dos discursos que se cruzan, se entrelazan y se conforman como posibilidades de conocimiento abiertas a la creación de lenguajes.

Escrita por Rafael Baena, Tanta sangre vista fue su primera novela. Visual y rica en detalles, mediante un lenguaje cuidado y sensitivo, cuenta un poco de la historia de Colombia y de los delirios de su violencia. Habla de esas guerras que retornan y de sus posibles orígenes, acontecimientos que Baena presenta como algo cíclico y que no está sepultado en el pasado.

Una altísima calidad literaria caracteriza El vuelo negro del pelícano, la segunda novela de Felipe Agudelo Tenorio. Novela insular si se piensa en el mapa de la nueva narrativa colombiana, vapuleado por los contornos periodísticos y las temáticas criminales.

¿Toda novela debe ser trascendental? ¿En todas y cada una deben aparecer un universo inédito, una experiencia humana de la que no teníamos registro narrativo, una innovación técnica que nos asombre? ¿Todas deben ser hitos nacionales o internacionales y modificar la historia de la literatura? Quizá el pensamiento absoluto se atreva a decir que sí, pero, la verdad, no ocurre con frecuencia.

Narrar fragmentos de una vida puede ser una acción entreverada por elementos tanto autobiográficos como ficcionales. Lo anterior supone un juego y una tensión no resuelta entre ambos relatos y potenciada cuando la identidad nominal del autor se comparte con la del narrador-protagonista.

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