Museo del Oro Calima

Entrada gratuita. Calle 7 No. 4-69, Contacto (572)684 7755, museodelorocalima@banrep.gov.co

 

En Cali, Colombia, el área Cultural del Banco de la República encierra una sorpresa. Una bóveda de seguridad que contiene una magnífica colección arqueológica, compuesta por grandes y vistosos adornos de oro, artefactos de piedra y madera, y recipientes y figurinas de cerámica que describen la vida y las capacidades artísticas de quienes habitaron el Valle del Cauca antes de la conquista europea.

Un patrimonio cultural que encierra tantos detalles sorprendentes, tanta riqueza cultural, bien puede visitarse -porque además el ingreso es gratuito- una y otra vez.¿Cuál es su objeto favorito? ¿Será el mismo del año pasado?

 

En el área Calima, al noroeste de Cali, la arqueología ha recuperado más de 9.000 años de historia, hallando vestigios superpuestos de distintas sociedades que habitaron la zona en períodos sucesivos: el Precerámico de los primeros pobladores seminómadas, y los denominados Ilama, Yotoco y Sonso entre los grupos sedentarios.

La región Calima, de clima templado, buenas aguas y suelos fértiles, goza además de la cercanía de ambientes distintos que fueron explotados desde épocas remotas. Abundantes recursos llegaban de territorios vecinos: la palma de chontaduro de la selvática llanura costera proporcionó frutos nutritivos y madera resistente para elaborar bastones, bancos y dardos; de las tierras cálidas del valle del río Cauca provenía el algodón para tejidos y mantas que por la acidez de los suelos no se conservaron hasta hoy; el oro de aluvión, aunque se encuentra en Calima, venía probablemente de los cursos bajos de los ríos del suroccidente colombiano donde es más abundante. 

Piedras como el cuarzo transparente, la pizarra verde, la pirita y la lidita negra de bordes cortantes, eran asimismo traídas de zonas vecinas por caminos que aún se ven en las faldas de las colinas y que hasta hace poco los campesinos de Calima todavía usaban para bajar a pescar al río Cauca.

 

PERIODO DE CAZADORES Y RECOLECTORES

Museo del Oro Calima

Desde hace 9.000 años, la zona Calima fue ocupada por bandas de cazadores y recolectores. Sobre aterrazamientos naturales del río se han encontrado sus viviendas, cercanas a quebradas de agua permanente donde pescaban y obtenían piedra para sus herramientas. Vivían de la recolección de vegetales silvestres y del cultivo incipiente de algunas plantas.

Su vida seminómada exigía un ajuar reducido. Este largo período se distingue arqueológicamente por la ausencia de objetos de cerámica. Fabricaron recipientes de calabazo, puntas de proyectil en piedra y herramientas de hueso y madera. La tecnología de sus artefactos de piedra, que sobreviven en abundancia, fue la misma de los grupos precerámicos que en esa época se extendieron a lo largo de la Cordillera Occidental. Lascas de piedra se utilizaron para pelar raíces, despresar animales y fabricar instrumentos de madera y calabazo. Herramientas planas hechas de canto rodado se emplearon quizás como azadas para las prácticas agrícolas.

El hallazgo de polen fosilizado de maíz, del quinto milenio antes de Cristo, atestigua su cultivo durante el Precerámico. Es probable que las mazorcas fueran muy pequeñas y se comieran enteras.

 
 
 

PERIODO ILAMA

Con el paso de los siglos la agricultura jugó un papel cada vez más importante en Calima. Hacia el año 1500 antes de Cristo, agricultores sedentarios, conocedores de una amplia gama de cultivos, vivían en casas cómodas construidas en pequeños claros abiertos en la selva.

Expertos alfareros, dejaron en sus vasijas las primeras representaciones de los habitantes de esta región, gente de nombre olvidado que los arqueólogos denominan "Ilama". Las cerámicas de la cultura Ilama tienen un estilo característico y datan de hace 3.500 a 2.000 años.

Museo del Oro Calima

El territorio Ilama incluía las suaves colinas del valle medio de los ríos Calima y Dagua y se extendía hacia las vertientes del Pacífico. Resultado de un largo desarrollo regional, la cultura Ilama poseyó un carácter propio e inconfundible. Sin embargo, tuvo vínculos culturales con diversos grupos del sur de Colombia y el norte de Ecuador, indicio de un posible origen común.

Las viviendas fueron rectangulares, con una puerta en cada extremo y techo de palma. Varias casas pequeñas rodeaban una construcción de tamaño mayor, formando un poblado unido por caminos al bosque circundante. Experimentos hechos por arqueólogos nos demuestran que las hachas de piedra son bastante efectivas para tumbar árboles, hacer rozas para cultivo y abrir claros para levantar pequeñas aldeas.
La arqueología nos proporciona datos sobre sus cultivos, entre los que figuran la ahuyama, el arrurruz, los anones y algunas palmas. Semillas de maíz y fríjol, carbonizadas al caerse al fogón cuando se preparaba la comida, se han conservado hasta hoy.

El maíz, grano rico en proteínas y fácil de almacenar, jugó un papel fundamental en el paso hacia el sedentarismo. Fue planta sagrada, principal alimento de muchos pueblos americanos, y constituyó la base económica que permitió el crecimiento y la estabilidad de las comunidades andinas. Con piedras de moler se lo transformaba en harina. Mediante cruces y selección, los agricultores transformaron las primitivas razas de maíz hasta obtener variedades con mazorcas grandes y calidades diversas. Gracias a que la dureza de la pared externa de los granos de polen de maíz los conserva en la tierra durante miles de años, los granos de polen antiguos pueden ser recuperados por los arqueólogos de las tierras enterradas con los objetos y estos científicos pueden identificarlos a través del microscopio. Asimismo el sílice depositado sobre la pared interior de las células de algunas plantas forma fitolitos: se reconocen por ejemplo las semillas de arrurruz, una planta de raíces farináceas comestibles.

Numerosos anzuelos de oro y pesas para red talladas en piedra recuerdan la importancia económica de la pesca.

JERARQUÍAS Y ADORNOS

Gracias a su eficiente economía agrícola, la gente del periodo Ilama formó una sociedad compleja. Ajuares funerarios integrados por sofisticadas vasijas cerámicas, máscaras, cuentas y otras piezas de orfebrería elaboradas por especialistas, indican la existencia de jerarquías sociales. Las cerámicas muestran a la gente de aquella época sin ropa pero adornada con collares, brazaletes y ligas en los brazos; llevaban en sus collares ocarinas cerámicas de tres orificios. Las mujeres llevaban el pelo largo, mientras los hombres usaban complicados tocados y pintura corporal.

Los "canasteros" Ilama son figuras de cerámica que llevan a cuestas enormes cargas que sostendrían con su frente mediante una faja textil.

Los artesanos del periodo Ilama fueron desarrollando técnicas cada vez más complejas, como el repujado de laminillas de oro sobre matrices de piedra o el taladro de arco para perforar cuentas de collar. Martillando oro de alta ley fabricaron máscaras laminares.

EL PODER DE LA IMAGINACION

Las alcarrazas son vasijas para líquidos con dos vertederas tubulares, una de las cuales deja entrar el aire mientras el contenido sale por la otra. Muchas fueron decoradas con figuras o escenas. Algunas representaciones en cerámica Ilama, cuyo significado se ha perdido, podrían pasar hoy como obra de artistas surrealistas.

Museo del Oro Calima

La presencia de "cotudos" de cabeza y bocio desproporcionados parece deberse a una carencia de yodo en el agua. Figuras humanas con pies y manos exagerados son comunes en la alfarería Ilama. ¿Qué podríamos pensar de un recipiente para tomar líquidos que tiene la forma de una pierna cortada?

También puede verse en el Museo del Oro Calima una cabeza que, aunque decapitada y colocada sobre una bandeja, conserva la expresión afable propia del arte Ilama, algunas de cuyas piezas nos hacen pensar en el arte de Fernando Botero. El arte de este período es esencialmente tridimensional. Las vasijas antropomorfas en forma de barril no son una excepción a la regla.

Museo del Oro Calima Una mujer flotante decora esta olla de cocina, y nos recuerda las pinturas de René Magritte.

 

 LA FAUNA

Los alfareros del periodo Ilama modelaron vasijas que representan la fauna que abundaba en la zona: las figuras de animales selváticos confirman el predominio del bosque en este periodo.
Búhos de pico fuerte y grandes ojos frontales.

Vemos palomas, comunes aún hoy en esta región, que eran apreciadas por su carne; vemos basiliscos o iguanas, reconocibles por la forma de la cabeza y las rayas en la región de la columna vertebral; descubrimos pájaros carpinteros modelados en la postura que los caracteriza, golpeando un tronco con el pico para sacar insectos. 

Cuatro especies de micos habitaron hasta hace poco la región Calima, y en una vasija se encuentra representada la marimonda o mono araña con sus largas extremidades y facciones características. En otra, los ojos grandes y redondos permiten reconocer al mono nocturno. Los armadillos abundan en los campos y fueron frecuentes en la dieta de muchas culturas prehispánicas, pero sólo el arte Ilama les dedica especial atención.

 

LOS ANIMALES MITICOS

En el principio –dicen los mitos de numerosas sociedades amerindias actuales– no había diferencia entre hombres y animales. Cuando vino la muerte, apareció el tiempo y los hombres quedaron por fuera del mundo primordial, fuente de poder. El contacto voluntario con ese mundo, por medio de bailes, cantos, máscaras y otros rituales, permite al hombre regresar a ese estado de hombre-animal que le proporciona dominio sobrenatural y control del cosmos.

En las religiones americanas la fauna se entremezcla con el hombre dotándolo de sus poderes y cualidades esenciales. El jaguar imitado por el chamán bajo los efectos del alucinógeno, se reconoce apenas en las vasijas Ilama, cargadas de simbolismo. Otras cerámicas toman la forma de seres fabulosos en cuyos cuerpos cuadrúpedos o humanos se combinan rasgos de serpiente, murciélago y felino, que probablemente poblaban hace 2.000 años los mitos de la gente de Calima.

El tabaco, originario de nuestro continente, fue fumado, mascado o bebido en contextos rituales. Un conjunto hallado en una tumba sugiere su uso en el período Ilama.

En unas sorprendentes figuras la serpiente toma el lugar del pelo, los brazos, las piernas, costillas o collares, transformando por completo al ser humano. Ente que renace al renovar su piel, la serpiente, como otros animales del arte Ilama, es particularmente activa al atardecer: a la hora del ritual.

El murciélago es el animal del aire y de la noche, dotado de colmillos como los del jaguar y la serpiente. En algunas piezas se identifica claramente la hoja nasal característica de la familia Phyllostomidae, que incluye a los vampiros.

Pero el ser mítico más notorio del arte del período Ilama y del Museo es una bestia con cuerpo de jaguar, nariz de murciélago, tortuga como cráneo y miembros serpentiformes.

 

 


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Periodo Yotoco

Periodo Sonso

Reseña histórica del Museo