Acerca de la exposición

El Museo de Arte del Banco de la República presenta la exposición Delimitar compuesta por varias de las adquisiciones recientes (2009-2015) de su colección de arte latinoamericano moderno y contemporáneo.

Viernes, 14 Octubre 2016 - 4:11pm

Selección de adquisiciones recientes

Colección de Arte del Banco de la República

El Museo de Arte del Banco de la República presenta la exposición Delimitar compuesta por varias de las adquisiciones recientes (2009-2015) de su colección de arte latinoamericano moderno y contemporáneo. Algunas otras piezas, más antiguas pero antes raramente expuestas, completan la muestra.

Las obras exhibidas permiten acercarse a los procesos de construcción de esta colección de arte, labor a la cual el Banco de la República se ha dedicado, desde los años cincuenta, con el propósito de crear un diálogo coherente entre piezas de distintos contextos historiográficos. Esta política de adquisición se concentró, durante los últimos años, en el fortalecimiento de la representación del arte contemporáneo latinoamericano en una colección fuertemente marcada por la presencia de la gesta modernista colombiana. Con obras de artistas como Waltercio Caldas, Los Carpinteros, Donna Conlon y Jonathan Harker, Nicolás Consuegra, Leandro Erlich o Mateo López, la muestra complementa la curaduría Tres décadas de arte en expansión que ha dado a conocer, desde el año 2013 en la Casa Republicana del Banco de la República, las evoluciones del arte contemporáneo latinoamericano a partir del epicentro nacional.

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En 1974, en el capítulo dedicado a la pared de su famoso ensayo Especies de espacios, Georges Perec reflexionaba sobre la interdependencia de la pared y de la obra o, más precisamente, sobre la complementariedad del espacio y del arte en el momento de la percepción de ambos: “He colgado el cuadro en la pared para olvidar que allí había una pared pero, al olvidar la pared, me olvido también del cuadro”. Soporte y superficie, contenido y contenedor participan simultáneamente en la revelación de su naturaleza intima.

Delimitar procede de la misma relación que el escritor establece entre la obra y el espacio. Las obras de Nicolás Consuegra, Los Carpinteros y Waltercio Caldas conforman tres epicentros en el recorrido de la exposición y conllevan la misma idea de una presencia artística develadora de la naturaleza del espacio y depositaria de la percepción del contexto que habitamos y atravesamos diariamente. Esta curaduría plantea una reflexión en torno a la construcción del espacio antropológico, desde los trazos iniciales, y la economía de los materiales hasta la configuración de un lugar habitable. Las obras expuestas permiten olvidarse momentáneamente de la pared o del cuadro y preguntarse por la relación íntima entre estos a través del espacio.

El recorrido inicia afuera de la sala de exposición, con la obra De la serie Los espejos N° 6, de Santiago Cárdenas, una pintura en donde un rincón, que presenta las tres líneas iniciales de un cuarto, es decir, los ejes básicos cartesianos x, y y z que establecen la profundidad sobre el plano de la tierra, es habitado por un espejo en una operación óptica en donde las líneas del mismo rincón se fugan en otra dirección a través de este. La obra representa doblemente la pared sobre la que está colgada y obliga a pensar en el espacio mismo de exposición que ocupa la pintura.

En la primera sala de la exposición, la obra Clavos torcidos de Los Carpinteros, articulada con un video de Donna Conlon y Jonathan Harker, un ensamblaje de Verónica Lehner y las fotografías de Nereo López y Leo Matiz, recuerda los procesos de reconstrucción del espacio, reutilización de materiales y edificación a partir de la ruina, así como el constante y fragmentado ciclo de destrucción y levantamiento de las ciudades. Los clavos torcidos y oxidados, que se podrían considerar como elementos tan solo valiosos por el potencial reutilizable del hierro que los compone, se transforman, al cambiar de escala y conservar las características formales de su modelo original, en ruinas o monumentos del ciclo de degradación y reconstrucción del hábitat creado por el hombre. De manera similar Verónica Lehner ensambla materiales encontrados en el espacio público, reflexionando sobre el papel de los objetos y de los individuos en la constitución del lugar.

Conlon y Harker reutilizan los adoquines desechados en las calles de Ciudad de Panamá, prestos a ser reemplazados por un nuevo material constructivo, para crear un efecto dominó que se expande por toda la ciudad. Las imágenes de López y Matiz, por medio de su estética documental, tienden a enfatizar en el papel del individuo y la elaboración del abrigo y de la forma urbana. Las formas y croquis, inicialmente esbozados para la conformación del espacio público y doméstico, mutan y se propagan al igual que las consecuencias políticas y sociales que generan. 

En la segunda sala, la obra Noche (después de Ziraldo) y día, de Nicolás Consuegra, enfatiza, por su proximidad formal y discursiva con las obras de Leandro Erlich, Ana Mercedes Hoyos y Emilio Sánchez, en los elementos de separación entre lo doméstico y lo público (como ventanas y puertas), el hogar y la sociedad, y en todo lo que movilizamos para protegernos en este espacio interior que hemos delimitado, construido y apropiado. En la obra de Consuegra, las rejas, cuya función es precisamente la de proteger un espacio interior, reflejan de manera paradójica su relación con la luz interna o externa a aquel espacio doméstico como límite de sombra o de luz.

La sala final del recorrido presenta una reflexión sobre el trazo primitivo y la geometría euclidiana como procesos primarios sobre el origen del lugar; es decir, sobre el proceso elemental que rige la delimitación del espacio como una forma creada y poblada por el individuo. Rumor, de Waltercio Caldas, es una construcción tridimensional cuya volumétrica apariencia se transforma en transparencia al evidenciar los trazos del espacio, en las líneas construidas con acero y cuerda, con el fin de permitir ver la sala de exposición a través de los planos y volúmenes virtuales que la componen. Leo Matiz, en la fotografía en alto contraste Construcción, USA, genera una percepción similar pues la luz oculta los detalles de la arquitectura e insinúa tan solo los volúmenes a través de los planos en perspectiva. En esta sala la obra Wrapped Telephone, de Christo Vladimirov Javacheff, verdadera excepción dentro de la selección latinoamericana, se emparenta con una obra sin título de la Serie Amarrados de Fernell Franco en donde se registra un paquete sin forma reconocible, probablemente preparado para resguardar su interior. En este último capítulo de la muestra, la primera línea para trazar un límite toma la forma tridimensional de un espacio transparente como frontera efímera de escala territorial o de un paquete sujeto con cuerdas de escala monumental que constituye, tal vez, un intento arcaico de proteger lo propio. La exposición cierra con la obra de Mateo López titulada Silla de dibujante, en donde el mismo mueble insinúa el espacio de recogimiento del dibujante.

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Las asociaciones curatoriales no son fortuitas y asumen un carácter a menudo anacrónico y descontextualizado. Cada diferencia de contexto, época o técnica divergente permite proyectar una mirada inédita sobre la constitución formal y discursiva de las obras presentadas. Todas las relaciones remiten al papel de la colección de un museo en la escritura de la historia del arte, en el sentido en que la presentación de un conjunto heterogéneo de obras teje una trama cuyos nudos generan un nuevo régimen de percepción. La proximidad, por ejemplo, de la obra de Waltercio Caldas con una fotografía de Leo Matiz, más allá de implicar la combinación de una retórica moderna con una contemporánea, tiende a subvertir la noción de linealidad histórica y de causalidad cronológica. Cada obra es el producto y el indicio de una genealogía compleja, múltiple y equivoca, que funciona como un eslabón orgánico en la constitución y percepción de la forma artística.

Delimitar tiende, en este sentido, a rememorar la acepción original del ejercicio de la museografía como una concepción de montaje que no disocia la presentación de las obras de la construcción semiológica, ni el ordenamiento del espacio expositivo de la organización gramática de signos dicientes entre ellos. Se trata de un montaje sensible que evidencia aquellas presencias portadoras de una memoria plástica y visual inconsciente, pero inteligible.

Referencias

Georges Perec, Espèces d'espaces, Paris, Éditions Galilée, 1974 (Trad. al español: Especies de espacios, Barcelona, Montesinos, 1999). Volver arriba