El paisaje: un relato inconcluso

José Celestino Mutis llamó a la naturaleza americana: “Paisaje inconcluso”. El botánico lo dijo antes de empezar su titánica empresa de clasificar, dibujar y describir la exuberancia natural que lo había cautivado en estas tierras.

Martes, 9 Mayo 2017 - 3:10pm

¿Cómo expresar, hoy día, la belleza del Mundo,
el frágil esplendor de la totalidad de la Tierra más que
como la gloria antigua de tal paisaje local?

Michel Serres

José Celestino Mutis llamó a la naturaleza americana: “Paisaje inconcluso”. El botánico lo dijo antes de empezar su titánica empresa de clasificar, dibujar y describir la exuberancia natural que lo había cautivado en estas tierras. Quizás no es arbitrario usar un término narrativo para referirse al paisaje, que no es la naturaleza misma sino su representación: un lugar desde el que se narra o dibuja un trozo de territorio. El paisaje como representación parte, literalmente, de un punto de vista o sitio desde donde el sujeto se detiene a mirar la vastedad de la naturaleza y le otorga un marco, tono y relato. El paisaje será siempre una historia inconclusa porque es una creación humana y como tal transformable. Es, por tanto, un significado agregado al territorio, la evocación de un sentimiento específico y el recuerdo que nos devuelve al momento de la niñez cuando alguien señalaba a lo lejos un lugar concreto. Por eso, Michel Serres reconoce en el paisaje local la posibilidad de narrar la frágil totalidad de la Tierra —desde un punto local que es un lugar subjetivo de enunciación, un punto de vista—.

La palabra “paisaje” está condicionada culturalmente, por lo que el concepto “paisaje cultural” pareciera ser una redundancia, pues se forja por la manera como los habitantes establecen relaciones económicas, simbólicas y afectivas con un lugar. En la amplia bibliografía sobre los estudios del paisaje se percibe el afán por aclarar el concepto mismo en ese sentido, como lo evidencia el español Javier Maderuelo en su libro El paisaje: génesis de un concepto. El paisaje no existe per se, como sí existen la naturaleza y sus elementos; en realidad es un conjunto de información sensorial revelado por los sentidos y traducido en representaciones de espacios enmarcados mediante recursos visuales, plásticos, sonoros o literarios. Es decir, el paisaje es un relato que puede continuar.

Hace un par de años cuando el Banco de la República decidió construir un nuevo centro cultural en Manizales, se indagó con diversos públicos acerca de cuál debía ser la vocación de esa labor cultural. Las respuestas recibidas condujeron a determinar que la atracción por el paisaje ha sido una constante vital del habitante de la región debido a la acostumbrada contemplación del horizonte desde las montañas y que existe un claro interés de su parte por ampliar su visión del mundo “desde aquí”. Estos intereses se han visto reforzados, por un lado, por la declaratoria de la Unesco, en 2011, del Paisaje Cultural Cafetero como patrimonio de la humanidad y, por otro lado, por la evidencia de las nefastas consecuencias que sobre ese mismo paisaje han tenido las desequilibradas intervenciones del ser humano. Es así como se buscó trabajar en un centro cultural que propiciara el conocimiento activo del paisaje cultural como patrimonio, así como su visualización y preservación. La relación fundamental está entre el paisaje y las relaciones culturales que lo transforman y en el paisaje como representación del territorio donde se libran las luchas que han logrado la movilización de las gentes, la colonización y la identificación con el entorno, la explotación y apropiación de la tierra y los nuevos desplazamientos. En el caso particular de la tierra de la colonización antioqueña, esa historia es reciente. Hace menos de 200 años estas tierras cambiaron de dueño una vez más y está muy vivo el interés por su representación en el arte y la literatura, su conocimiento desde la ciencia, sus posibilidades económicas, sus particularidades geográficas, su flora y fauna y la preservación de su ecosistema.

El Centro Cultural del Banco de la República en Manizales quiere continuar esos relatos, pero no solo con el paisaje como tema. Así, el paisaje ha sido asumido también como superficie de lectura y telón de fondo de las relaciones del ser humano con su medio ambiente y con la red cultural que lo transforma. El propósito es continuar con la labor cultural que el Banco ha adelantado desde 1981, aunque ahora en un edificio especialmente diseñado para este propósito y con una infraestructura amigable con el medio ambiente. El centro tendrá una biblioteca pública con información general, colecciones específicas sobre estudios del paisaje y bibliografía regional; una sala infantil donde los niños podrán acceder a contenidos en diferentes formatos y a información específica que les ayude a conocer y apreciar la tierra que les legaron sus padres y que está en sus manos proteger; una sala para exposiciones de arte y arqueología que cumple con los estándares museográficos internacionales, varios depósitos especializados para la preservación de arte en diferentes formatos, y un videowall visible desde la calle para la exposición de arte digital. La programación del centro cultural alternará diversas muestras de arte con exposiciones de la invaluable colección del Museo del Oro. El Museo de Arte de Caldas generosamente ha ofrecido parte de su colección en comodato al Banco de la República para que durante algunos años la exhiba en esta sede y circule por otros centros culturales del Banco en el país. El público dispondrá, además, de un auditorio con condiciones acústicas óptimas para las presentaciones musicales y una sala para explorar las posibilidades de visualización del paisaje. Como abrebocas se han preparado contenidos físicos y digitales sobre la historia de la colonización antioqueña, la arquitectura local, la literatura y el arte regional, la riqueza de la avifauna, las mariposas y las plantas que hacen de esta región un lugar privilegiado. Pero el trabajo sobre las relaciones culturales y el paisaje apenas comienza y marca el derrotero futuro.

El paisaje en el arte

Si el paisaje es representación, el arte, a través de la historia, ha sido su lenguaje por excelencia. Para marcar la apertura de este centro cultural, la Unidad de Artes y Otras Colecciones trabajó en el montaje de la exposición Decir el lugar. Testimonios del paisaje colombiano que presentamos con este catálogo, con curaduría de Nicolás Gómez Echeverri quien realizó su investigación con obras del siglo XVII hasta el presente, pertenecientes a la Colección de Arte del Banco de la República y al Museo de Arte de Caldas.

La exposición está organizada de forma cronológica y abarca desde la labor pictórica devocional del siglo XVII hasta el arte contemporáneo. A lo largo de este recuento histórico, la concepción del paisaje se ha transformado debido a los cambios en el entendimiento del oficio artístico, los significados simbólicos que se le otorgan al arte y al paisaje y, en general, las cambiantes relaciones del ser humano con su entorno. Para enriquecer el catálogo de esta exposición se invitó a un grupo de expertos en estudios sobre el paisaje para que abordaran el tema como una primera contribución de muchas, que se espera realice el centro cultural a esta disciplina. El geógrafo mexicano Federico Fernández Christlieb abre este recuento histórico con una explicación sobre el proceso de creación del concepto paisaje de acuerdo con cinco actos esenciales de la actividad humana: caminar, observar, representar, nombrar y regresar al punto de partida para compartir con los demás. El historiador Carlos Rojas Cocoma hace un recorrido por los primeros años de representación del paisaje colombiano, entre los siglos XVIII y XIX, es decir, desde la pintura colonial hasta la incipiente apropiación de la fotografía, y, a partir de una interpretación genealógica, rastrea la imagen del paisaje desde su dimensión simbólica, pasando por su condición de registro científico, hasta su adaptación a los cambios de los recursos técnicos. El investigador Halim Badawi examina cómo a comienzos del siglo XX la institucionalización de la pintura de paisaje se dio en la Escuela Nacional de Bellas Artes, gracias al esfuerzo del pintor Andrés de Santa María por desterrar la pintura de modelo, lo cual permitió la asimilación paulatina de los lenguajes de la vanguardia moderna europea. El contexto que introduce este escrito continúa en la investigación del curador Nicolás Gómez, que presenta un repaso del arte del siglo XX en Colombia, cuando el paisaje se torna en motivo protagónico de las intenciones estéticas y expresivas de los artistas. Este recuento presenta al género como un recurso maleable y sometido a múltiples miradas subjetivas, que lo transforman gracias a la apropiación de los lenguajes de ruptura y recursos de experimentación. Finalmente, la historiadora de arte Ana María Lozano desarrolla cada uno de los términos: paisaje, naturaleza y territorio y, a partir de su diferenciación conceptual, destaca algunas obras del arte colombiano reciente que han cuestionado la mirada estética para poner en evidencia los conflictos económicos, sociales, políticos, étnicos y ambientales que condicionan algunos lugares del país y que, desde la década del setenta hasta hoy, determinan prácticas artísticas altamente críticas. La exposición incluye obras de artistas de diferentes regiones de Colombia, algunos reconocidos en el ámbito nacional y otros ignorados por la historia del arte, ya sea por sus breves carreras, su condición descentralizada o por haber desarrollado una obra ajena a los discursos dominantes de su época. La concepción de esta muestra se apoyó en experiencias anteriores que ofrecieron invaluables aportes al entendimiento de la representación del paisaje y la naturaleza en las colecciones del Banco de la República. Merece destacarse la muestra “El paisaje interpretado”, realizada en 1999 con curaduría de Rafael Ortiz, que, a partir de un recuento histórico sobre la aparición de la imagen del paisaje natural en la historia del arte colombiano, destaca los aportes de la Expedición Botánica y la Comisión Corográfica y revisa la fuerte tradición del género en el siglo XX, que constantemente se reinventa y se proyecta hacia un manifiesto interés por denunciar los conflictos sociales y el desequilibrio ecológico. La exposición “Historia natural y política”, con curaduría de Mauricio Nieto y una selección de obras de José Ignacio Roca, se hizo en 2008 en el marco de la conmemoración de los 200 años de la muerte de José Celestino Mutis, director de la Expedición Botánica, y fue una muestra que articuló diversos saberes y formas de interpretación de la naturaleza americana desde el descubrimiento de América hasta el siglo XX con el fin de señalar el intercambio y las confrontaciones históricas entre la tradición europea y los saberes locales.

Las imágenes que han producido los artistas a lo largo de la historia son necesarias para entender nuestro inevitable vínculo con la naturaleza que está atado al recuento del pasado. Por ello, la presente exposición supone un anhelo de futuro y una invitación urgente a repensar nuestra relación personal, social y cultural con el entorno natural y la devastación que en él hemos provocado. En ese sentido, el video titulado Sin cielo de la artista caldense Clemencia Echeverri, encargado especialmente para el videowall, pone de manifiesto el impacto de la minería en el paisaje de la región.

Como relato inconcluso el paisaje cultural requiere que continuemos la aventura de nombrarlo y transformarlo, y esta es una invitación para que los públicos de este nuevo Centro Cultural del Banco de la República exploren las múltiples posibilidades que ofrece esa tarea. 

Ángela Pérez Mejía
Subgerente Cultural

Referencias

1 Ver Javier Maderuelo, El paisaje: génesis de un concepto (Madrid: Abada Editores, 2005). . Volver arriba