La Colección de Arte del Banco de la República: una labor de 60 años

La Colección de Arte se inició en los años 50, gracias al impulso cultural del gerente Luis Ángel Arango y la fuerza modernizadora del país que abrió sus puertas al arte.

Lunes, 19 Febrero 2018 - 2:56pm

El Banco de la República de Colombia, banco emisor fundado en 1923, nunca tuvo el mandato de coleccionar bienes culturales. No obstante, desde sus inicios comenzó a recibir piezas de orfebrería prehispánicas que, a lo largo de los años, conformaron la Colección de lo que es hoy el Museo del Oro y generó la vocación de preservación del patrimonio cultural que poco a poco se amplió a otras áreas como el arte y el patrimonio bibliográfico. La Colección de Arte se inició en los años 50, cuando confluyeron dos fuerzas fundamentales: el impulso cultural del gerente Luis Ángel Arango (1947-1957), quien soñaba con construir un “gran depósito de la pintura americana”1, y la fuerza modernizadora del país que abrió sus puertas a artistas y corrientes del arte internacional. De hecho, cuando se fundó la Biblioteca Luis Ángel Arango en 1958 se inauguró con la exposición El salón de arte moderno, exhibición que sirvió de inicio a una labor ininterrumpida de coleccionismo institucional que se ha consolidado en estos sesenta años y gracias a la cual podemos presentar hoy en la sala Alcalá 31 de Madrid nuestra colección de arte colombiano y latinoamericano.

Colombia dista de los casos emblemáticos de México, Argentina, Brasil y Venezuela, donde el interés por el coleccionismo de arte, tanto institucional como privado, se desarrolló tempranamente y se formaron colecciones públicas y privadas. En el caso colombiano, en principio esa labor la realizó la Iglesia católica que conservó arte religioso local y algunas obras internacionales traídas por comunidades eclesiales. Hacia la segunda década del siglo XIX, bajo las necesidades que generaba la naciente República, el Estado gestionó la creación de un museo de carácter nacional donde su eje principal no fue la recopilación de obras de arte, sino la de piezas con sentido histórico, definido en su momento como “un establecimiento consagrado al estudio de la naturaleza, al adelanto de la agricultura, las artes y el comercio como fuentes de progreso”2.

En ese panorama, el inicio de la labor expositiva del Banco de la República se centró con interés particular en lo que estaba sucediendo en su momento en término artísticos, marcando de manera significativa no solo lo que sería la Colección sino el desarrollo del arte en Colombia durante el siglo XX. Hoy día, el panorama ha cambiado y el país vive una actividad artística y de dinámica, en la que instituciones públicas y privadas han creado un ecosistema artístico que incluye las regiones del país y el Banco se ha consolidado como un referente nacional e internacional.

Ese acto fundacional que fue el Salón de Arte Moderno en el marco de la V Reunión de Técnicos de los Bancos Centrales del Continente Americano tuvo como objetivo dar a conocer a los asistentes “lo que en materia de arte y cultura se ha realizado en Colombia en los últimos años […]. Se ha procedido con el manifiesto propósito de facilitar a los ilustres visitantes una objetiva y directa apreciación del desarrollo y características que dentro de esta tendencia ofrecen nuestras artes plásticas”3. De esa exposición el Banco de la República adquirió las primeras piezas de la colección: En rojo y azul de Fernando Botero (renominada años más tarde por el propio Botero como Mandolina sobre silla), El Dorado Núm. 2 de Eduardo Ramírez Villamizar y Ángel volando en la noche de Cecilia Porras. En este momento también ingresó como donación de los banqueros visitantes la obra Ondina del escultor Hugo Martínez.

Poco tiempo después se decidió comprar la colección de acuarelas de Edward Walhouse Mark, viajero inglés que visitó el territorio colombiano en 1843 como vicecónsul británico y se vinculó a la Comisión Corográfica dirigida por Agustín Codazzi, encargada de levantar la primera carta geográfica del país y de las descripciones gráficas de las costumbres, paisajes, itinerarios y recursos naturales. Estas acuarelas, junto con las de Alexander von Humboldt (precursor en Colombia de la representación de viajes por el territorio) y de Henry Price, se configuraron como testimonios artísticos y documentales de suma importancia para el estudio de la a naturaleza y la cultura colombianas. Con ese gesto de recuperación de las acuarelas de Edward Mark se trazó una nueva línea del desarrollo de la colección: la recuperación de obras con el ánimo de preservar el patrimonio del país, que junto al interés por el acontecer artístico contemporáneo se unieron en la labor de exhibir para el público general la colección que comenzaba a forjar el Banco de la Republica4.

Para 1979 la institución contaba ya con 269 obras de 171 artistas nacionales y latinoamericanos, que había ido adquiriendo en cada una de las exposiciones que se realizaron en la Sala de Exposiciones de la Biblioteca Luis Ángel Arango, y algunas otras compradas en las exhibiciones del Museo de Arte Moderno y las galerías privadas5. Por esos mismos años, se empezó a sentir la necesidad de adquirir obras de grandes artistas latinoamericanos que diversificaran los registros de la colección y permitieran al público tener una visión más amplia, crítica y diversa de lo que sucedía en el mundo artístico del continente.

Durante esos años de activación de la colección, la plástica nacional tuvo un desarrollo importante. La generación de primeros artistas modernos pasó de las exploraciones en la abstracción a una figuración de gran calidad que dialogaba constantemente con el contexto social del país. Propuestas con nuevos materiales, soportes y técnicas empezaron también a surgir, y artistas como Beatriz González, Feliza Bursztyn, Santiago Cárdenas, Carlos Rojas, Manuel Hernández, entre muchos otros, dieron nuevos aires y gran dinamismo a la plástica colombiana. La gráfica y el grabado, desde una perspectiva crítica tuvieron también un lugar fundamental, sobresaliendo artistas como Alfonso Quijano, Augusto Rendón, Taller 4 Rojo. La fotografía, desde las propuestas del grupo de artistas caleños entre los que se cuenta a Ever Astudillo, Óscar Muñoz, Fernell Franco, fue otro proyecto estético que se desarrolló en particular en la década de 1970.

Entre 1984 y 1985 se trazó un proyecto descentralizador desde la Subgerencia Cultural del Banco de la República y se formó el primer Comité de asesores externos compuesto por artistas, académicos y curadores, con el fin de adquirir piezas de manera más sistemática. Esto propició además procesos regulares de catalogación, investigación y divulgación, lo que empezó a dar forma a la colección.

Junto a la labor ininterrumpida de adquisición de obras de arte, el trabajo continuo de exposiciones nacionales e internacionales, y algunos programas emblemáticos como Nuevos Nombres e Imagen Regional se ha visibilizado tanto el talento emergente del país como los nombres que han marcado tendencias y quiebres en el arte latinoamericano, lo que se ha revertido en compras oportunas que hacen que la colección tenga hoy obras tempranas de artistas de gran reconocimiento internacional como Doris Salcedo, Óscar Muñoz y María Fernanda Cardoso, entre otros.

La década de los años 90 fue un momento de celebración y entusiasmo para la colección. Para este momento el Banco concentró esfuerzos en fortalecer la colección con piezas internacionales que daban contexto a la colección de arte colombiano. Se adquirieron, por nombrar algunas, obras de Pedro Figari, Armando Reverón y Rufino Tamayo, y se inició la construcción de un espacio propicio para exponer la amplia variedad de obras de manera permanente.

Las donaciones han sido una fuente invaluable para consolidar la colección. En 1994, el Banco recibió la donación de arte de Casimiro Eiger, crítico, coleccionista y gestor cultural que llegó como refugiado polaco al país en 1943, y fue uno de los principales impulsores de la apreciación artística en Colombia a través de la radio y la enseñanza universitaria. La donación de Eiger estaba compuesta por 68 obras, pinturas y dibujos de artistas colombianos y algunos pocos latinoamericanos, e incluía un dibujo de Gustave Courbet, y dos grabados, uno del italiano Giovanni Battista Piranesi y otro del francés Henri Bonaventure Monnier, con lo que se abrió el espectro de los referentes del arte europeo que entraban en diálogo con la colección existente. Otras donaciones de colombianos no menos significativas, permitieron que entraran a la colección las obras de Guillermo Wiedemann, Luis Caballero, Antonio Roda, Julio Alpuy, Julio Abril, que fueron posicionando a la Colección y en la actualidad son unas de sus fortalezas.

En el año 2000, un momento de suma importancia para la colección, se sumaron las 208 obras que donó al Banco de la República y a los colombianos el maestro Fernando Botero; 85 piezas de arte occidental de los siglos XIX y XX entre las que hay una extraordinaria colección de arte impresionista y moderno que incluye grandes nombres del arte mundial como Picasso, Renoir, Dalí, Matisse, Monet, Degas, Chagall, Giacometti y Bonard, entre otros, y 123 obras del maestro Botero, y que se exhiben hoy en el Museo que lleva su nombre. Esta donación permitió a la colección dar un salto exponencial, entrando a formar parte de las grandes colecciones de referencia de Latinoamérica:

“Así, poquito a poco, en torno a esta impresionante base que es la donación Botero, se iría formando una más amplia y completa colección de arte moderno y contemporáneo, que tanta falta le hace a Colombia. […] Por primera vez en nuestra historia, el arte que se hace en el ancho mundo va a poder ser visto al natural en este país […]”6, mencionaba Antonio Caballero, sobre lo que implicó la donación Botero para el escenario nacional.

Con la apertura del Museo Botero y el funcionamiento cada vez más fuerte del que hoy se llama Museo de Arte Miguel Urrutia (MAMU) en honor al gerente del Banco que impulsó la colección de manera destacada, se creó un complejo cultural que, junto con la Biblioteca Luis Ángel Arango y el Museo del Oro, ubican al Banco como un gestor fundamental del patrimonio del país con muestras siempre gratuitas y abiertas a todos los públicos.

En el año 2000 surgió la Fundación Amigos de las Colecciones de Arte del Banco de la República, que se suma al conjunto de personas y grupos que trabajan en apoyo a las colecciones. Gracias a la gestión de la Fundación, el Banco ha podido adquirir obras de artistas como Amelia Pérez, Mark Tobey, Alejandro Xul Solar, Giorgio Morandi, etc., ampliando así las posibilidades narrativas con obras de artistas europeos, norteamericanos y latinoamericanos7.

En el año 2013, el guion curatorial de la Colección de Arte se renovó completamente con una propuesta audaz que dio buenos resultados. Se invitaron a ocho curadores externos a realizar propuestas que ayudaran a dinamizar la historia que la colección había contado hasta ese momento. El museo abrió la voz curatorial a un diálogo entre distintas formas de entender el devenir del arte nacional. El nuevo montaje incluye las curadurías Nuevos tiempos modernos (siglos XVI al XVIII), del historiador Jaime Borja, que enfatiza la experiencia visual del Nuevo Reino de Granada y su relación con aspectos de la vida social colonial en la primera modernidad; la curaduría Rupturas y continuidades a cargo de la artista Beatriz González sobre el siglo XIX; La renovación vanguardista del investigador Álvaro Medina, que abarca la producción artística de 1910 a 1940; la sala Clásicos, experimentales y radicales, en una propuesta conjunta de las historiadoras del arte Carmen María Jaramillo, Sylvia Suárez y María Wills, que indaga la producción de 1950 a 1980, y finalmente la curaduría de Carolina Ponce de León y Santiago Rueda, Tres décadas de arte en expansión, una mirada a las tensiones que caracterizan los últimos 30 años de la producción nacional. En su conjunto, estas visiones establecen contrapuntos con obras de arte internacional que enriquecen la manera de interpretar y apreciar una muestra que está basada en un eje cronológico más no lineal y que invita a múltiples interpretaciones por parte del público.

La Colección de Arte del Banco de la República es hoy un referente nacional e internacional que permite a curadores internos y externos explorar e investigar sobre el arte colombiano. Es considerada en su conjunto un patrimonio de los colombianos que el Banco preserva con celo de coleccionista, pero que gestiona con vocación pública para que esté en continua y dinámica relación con el público que la visita. Con programas como Nuevos Nombres, Imagen Regional, Obra Viva y El Parqueadero, el Banco se mantiene en diálogo constante con el devenir del arte actual colombiano, vinculando a artistas emergentes a nivel nacional. El Banco mantiene también un programa de compra continua que, gracias al trabajo del Comité asesor externo y a la investigación del equipo curatorial, se ha convertido en actor y testigo de lo que sucede en el arte nacional así como en el contexto latinoamericano con referentes que van más allá de los límites continentales.

Apostándole a la descentralización de la Colección y su movilización, se han generado muestras itinerantes de las exposiciones por toda Colombia, en los 29 espacios culturales del Banco, las cuales permiten que la colección cumpla con uno de sus propósitos principales: acercar a los colombianos de manera gratuita a su patrimonio cultural, e invitarlos a apreciarlo, investigarlo y preservarlo constantemente. En un país como Colombia, en que la reconfiguración del entramado social es un tema fundamental, y en el que se están buscando soluciones a conflictos históricos, el valor de una colección de arte como la del Banco de la República cobra importancia al brindar la posibilidad de reflexionar en torno a la diversidad cultural que ha producido el país a lo largo de su historia y a las múltiples voces que han estado presentes en este proceso de construcción nacional, abriendo la mirada hacia las preguntas y los referentes del mundo internacional. La curadora Estrella de Diego, quien nos ha hecho el honor de curar la muestra que presentamos hoy en la sala Alcalá 31 y en la Casa Museo Lope de Vega en Madrid, escribió para el catálogo Cinco miradas, cinco siglos, sobre el último montaje de la colección: “Entrelazando las interferencias, propone un modo de narrar la historia que tiene mucho de un relato contado por primera vez”.

Con una colección consolidada, compleja y de gran riqueza artística, estamos seguros de responder a la generosidad de la curaduría de Estrella de Diego, a la oportunidad que nos brindan la Comunidad de Madrid con la emblemática Sala Alcalá 31 y la Casa Museo Lope de Vega, y al apoyo de la Cancillería de Colombia y de la Embajada de Colombia en España. Agradecemos esta oportunidad de mostrar por primera vez la Colección del Banco de la República de Colombia en España. Gracias a todas las personas e instituciones que han hecho posible entablar estas conversaciones en torno al arte y a las interpretaciones que lo mantienen vivo.

Ángela María Pérez Mejía
Subgerente Cultural 
Banco de la República

Referencias

1 Jaime Duarte French, Museo de Artes plásticas y valores estéticos, Bogotá, Banco de la República, 1979. . Volver arriba

http://www.museonacional.gov.co/el-museo/historia/nacimiento-museo/Pagin... . Volver arriba

3 Banco de la República, “Salón de Arte Moderno con motivo de la V Reunión de Técnicos de los Bancos Centrales del Continente Americano” (Catálogo), 1957. . Volver arriba

4 Ángela María Pérez, “El coleccionismo institucional: las pasiones comunes”, Cinco miradas, cinco siglos. Colección de Arte del Banco de la República, pág. 10. . Volver arriba

5 Beatriz González, “La colección internacional del Banco de la República. Reseña de coleccionismo internacional”, Arte Internacional del Banco de la República, 2009, pág. 25. . Volver arriba

6 Antonio Caballero, Colección Botero: en primera persona del singular, Banco de la República, 2002. . Volver arriba

7 Beatriz González, op. cit., pág. 29. . Volver arriba