Rupturas y continuidades

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Rupturas y continuidades

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Vea la entrevista a Beatriz González, curadora de esta sala.
Vea la entrevista a Beatriz González, curadora de esta sala.

Pocas veces en Colombia se ha discutido sobre si el arte se transformó al pasar de la Colonia al siglo XIX o si prevalecieron los sistemas de expresión de la sociedad colonial. Estas posiciones fueron argumentadas por dos críticos de arte colombianos: por una parte, Gabriel Giraldo Jaramillo, quien habla de una "emancipación del arte" a partir de la Independencia: "En cuanto a las bellas artes podemos afirmar que la independencia política trajo consigo una definitiva emancipación pictórica y que a través de la historia artística del siglo XIX no encontramos huella ninguna [sic] de los principios y las normas que orientaron el arte colonial neogranadino".

Eugenio Barney Cabrera, por su parte, solo acepta "simples variantes formales" e "innovaciones técnicas" en el arte, "pero de ninguna manera posturas estéticas antes desconocidas". "Si el pensamiento no varió", dice Barney, "si las costumbres continuaron vigentes, si la estructura socioeconómica tuvo simples modificaciones de superficie, la secuencia cultural debió ser similar a la colonial”. En el presente el debate se ha ampliado a la historiografía colombiana. Eduardo Posada Carbó actualiza la discusión pues considera que es “una concepción de la historia que se impuso aquí desde hace algunas décadas” en la que “toda la jerarquizada estructura de la Colonia habría pasado a la República sin romperse ni mancharse", y añade que "si bien hubo continuidades, la Independencia representó también importantes rupturas con la Colonia: se abrieron espacios políticos y sociales para figuras de origen humilde [...] No es cierto que nada cambió tras la Independencia”. Parafraseando a Posada Carbó, en el arte del siglo XIX se encuentran rupturas y continuidades. Rupturas como el cambio de modelos y temas: a las gentes del pueblo se las retrató como héroes, y continuidades, en particular en los sistemas de expresión. Se habían heredado el oficio de taller y, gracias a la expedición Botánica, la observación de la naturaleza y la técnica de la miniatura. El arte del siglo XIX se inició con buenos augurios: estaba dominado por dibujantes que practicaban el arte –ciencia que le mereció un lugar mundial en esta especialización desde finales en el siglo XVIII y un desarrollo técnico que permitió un cambio en los temas y las alegorías.

¿Es posible que se consideraran pintores menores por estar al servicio de la ciencia? ¿Eran esclavos de la ciencia? ¿Antes eran esclavos de la Iglesia? No importa. Mientras en Europa imperaban el Realismo, el Impresionismo y el Simbolismo, los artistas colombianos recurrieron a estrategias que demuestran evidentes rupturas con el pasado: el grabado, la caricatura, la fotografía, el costumbrismo y el paisaje. Con la presentación de las obras de la colección del siglo XIX del Banco de la República se plantean más preguntas que respuestas. Lo importante es establecer qué tan radicales fueron las rupturas y si las continuidades fueron aparentes o reales. Las imágenes hablan. En ellas se identifican escuelas de arte, tendencias, estilos, manos de artesanos, de artistas que despiertan interés y una mirada crítica hacia nuestra historia del arte.