Historia de la Cultura Material en la América Equinoccial (Tomo 1)
Alimentación y alimentos
Víctor Manuel Patiño

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GRANOS Y MENESTRAS

MAÍZ. Este cereal constituyó el alimento más importante en América a lo largo de 100 grados geográficos. Se comía tostado, hervido y en formas diversas. La arepa o erepa era del dominio orinóquico de Venezuela, mientras que en la costa ecuatoriana de Portoviejo lo comían en forma de tortillas (Oviedo y Valdés, 1959, V, 97). "Entre estos indios de que voy tratando, y en sus pueblos, se hace el mejor y más sabroso pan de maíz que en la mayor parte de las Indias, tan gustoso y bien amasado, que es mejor que alguno de trigo que se tiene por bueno" (Cieza, 1984, 1, 71). De Portoviejo para el sur, se comía maíz cocido y no en forma de pan (Oviedo, 1959, V, 106).

Fig. 2. Preparación del maíz en dos formas. La mujer de la izquierda muele el grano en el metate con el destral. La de la derecha envuelve en las hojas la masa moldeada y la pone a hervir (bollos). La mujer del medio hace tortas para asar (arepas). El primero era alimento popular; el segundo, de los caciques. (Resumido de la descripción de Benzoni, 1965, págs. 67-68).

Masato para ritos funerarios se hacía en Venezuela (Oviedo y Valdés, 1959, III, 31, 34) y ordinariamente una mazamorra rala de maíz, llamada cara (ibid., 33).

Otras informaciones sobre el maíz y sus formas de consumo pueden verse aparte (Patiño, 1964, II, 92-154).

Existe un arroz americano, Oriza latifolia, que utilizaban normalmente en su alimentación, por apaño, las tribus del alto Paraguay (Azara, 1969, 79, 212); pero no en el Orinoco, donde también lo había (Gumilla, 1955, 347).

QUÍNOA. Este grano rico en saponinas, que por eso debe lavarse repetidamente para ser consumido, es producido por una planta herbácea Chenopodiácea, la Chenopodium quinoa, de los Andes sureños. Algunas autores creen que se consumía por los chibchas sabaneros, pero los documentos contemporáneos de la Conquista no respaldan esta afirmación, aunque recientes excavaciones arqueológicas han mostrado relictos de polen de Chenopodiáceas. El doctor José Francisco Socarrás considera casi seguro el uso de la quínoa en el área mencionada (comunicación personal). Los datos aplicables a la Cordillera Oriental que se han podido obtener son tardíos, no de antes de mediados del siglo XVIII. Siguiendo sin duda a Caldas y a Humboldt, el geógrafo venezolano Montenegro Colón dice, en 1833-1837, que en la sabana de Bogotá se crían ricas hortalizas y "cultivan la quinua" (Montenegro, 1834, III, 524, reproducido por Vergara y Velasco, 1974, III, 1129-1130). A la Exposición Nacional de Venezuela de 1883, efectuada en Caracas, se envió de Trujillo una muestra de quínoa (Ernst, 1983, III, 379-380), lo cual quiere decir que perduraba, aunque fuera como curiosidad.

Las noticias sobre la parte de Nariño se dieron en su oportunidad y sí corresponden a la época prehispánica (Patiño, 1964, II, 155-157).

En la actualidad se continúa cultivando un poco en algunas regiones de ese departamento; pero, pese a ser la quínoa uno de los alimentos más ricos en proteínas, su cultivo tiende a desaparecer.

FRÍJOLES. La principal fuente de proteína vegetal la obtenían los amerindios en el área que nos compete, de los fríjoles comunes Phaseolus vulgaris, aunque en algunas regiones se cultivaba también el P. lunatus. Predominaban los tipos de enrame, que necesitan un tutor o apoyo para crecer, por lo común la caña del maíz, con el cual se sembraban los fríjoles tradicionalmente. Las variedades enanas o arbustivas empezaron a imponerse en Colombia corriendo parejas con el proceso de mecanización de la agricultura, que se inicio hacia 1925.

TARWI O LUPINOS. Estas leguminosas del género Lupinus se cultivaron solamente en los Andes al sur del Ecuador. Tienen un elevado tenor de proteínas, pero, por la presencia de sustancias saponificables, deben someterse a un lavado intenso antes de consumir los granos.

MANí. Esta leguminosa del Brasil y el Paraguay ya era conocida por los indígenas de los Llanos Orientales y del alto Magdalena a la llegada de los españoles, y también había sido llevada a las Antillas por los emigrantes caribe-arawaks.

CHACHAFRUTO. Es la leguminosa andina Erythrina edulis, cuyos datos históricos se presentaron en otra oportunidad (Patiño, 1964, II, 192). La consumen los paeces (Bernal Villa, 1954, 326, 350) y es, sobre todo, fruta de mercado en el occidente de Cundinamarca, bajo los nombres de balú, baluy y nopás (Alano, 1983, 1, 71; II, 93). En el Ecuador interandino se le dice porotón o cañaru, huato o guato (Estrella, 1986, 117). No se han hallado alcaloides en el balú, por lo cual se considera inocuo (Hno. Daniel, 1984, 75), aunque suele ser flatulento para las personas no acostumbradas a su consumo.

Los nombres regionales nupo, balú y pajuro se han registrado en notas de herbario (NYBG, USMNH).

 

 CONDIMENTOS Y COLORANTES CULINARIOS

 

 El condimento universal en las Indias era el ají (Capsicum), que — como el maíz — se cultivaba hasta muy lejos al norte y al sur de la línea ecuatorial, y desde el nivel del mar hasta las mesetas altoandinas. Todo lo relacionado con su dispersión y uso por los indígenas se explicó en otro trabajo (Patiño, 1964, II, 217-222).

El culantro cimarrón o culantro coyote (Eryngium foetidum) ha tenido predicamento entre poblaciones rurales como un aromatizador culinario, y en varios países americanos se aplica en calidad de remedio para diversas enfermedades.

Los indígenas de Quepo, occidente de Costa Rica, usaban en el momento de la conquista una especie llamada chiro, chirob o chirolo, que "se come por clavo y pimienta", cuya identidad botánica es desconocida, y que fuera de sus propiedades sápidas servía de remedio para el dolor de cabeza (Peralta, 1883, 228, 233, 772; Fernández, 1886, IV, 228, 240, 248, 253, 270).

Los "bejucos de ajo" de varios géneros de Bignoniáceas tienen una utilización geográfica restringida.

En cuanto a los colorantes de alimentos, el principal ha sido la bija o achiote (Bixa orellana), sobre el cual igualmente se han dado antes informaciones abundantes (Patiño, 1964, II, 210-213).

Viene en segundo lugar, por su dispersión geográfica y por el apego que por él han tenido las poblaciones de arraigo indígena, el azafrán de raíz (Scobedia grandiflora), así como otras especies de ese género (ibid., 223-224). Su nombre chibcha era chuegas ychihiza. y el de la mata, chuegasuca (González de Pérez, 1987, 173).

Algunas tribus amazónicas usan como colorante culinario los rizomas secos de Ditfenbachia spp. (Leigh Genbloski,1983, 66).

 

ACEITES VEGETALES

Con excepción de los casos de bebidas oleosas que se estudian más adelante, no se han hallado pruebas de que los indígenas americanos extrajeran de propósito el aceite de las semillas o nueces ricas en él. Lo más probable es que las consumieran directamente, incluyendo el maní, con lo cual absorbían también las proteínas en que, por lo general, son ricos los frutos oleosos y oleaginosos. La lista puede verse en el cuadro destinado a frutos y semillas. Una nuez tan importante como la llamada "de Barinas" (Caryodendron orzfocense), era recurso alimentario protector en épocas de escasez de otros alimentos; de ello existen documentos preciosos del siglo XVIII sobre la región de Tocuyo en Venezuela.

A la Sierra de Aranipe en el Brasil se iba la gente a vivir de diciembre a abril, época de cosecha del piquí o piquiá (Caryocar), para mantenerse a base de esta agradable nuez; todos salían gordos al final de la temporada (Cascudo, 1983, II, 906 nota).

La extracción de aceites por medios físicos o mecanicos (ebullición, presión), fue introducida por los españoles.

 

ALIMENTACIÓN VEGETAL LÍQUIDA:

BEBIDAS ALIMENTICIAS

La predilección del amerindio por los alimentos líquidos está patentizada en todas las fuentes documentales disponibles. No solamente hicieron bebidas de granos, como el maíz y la quínoa, y de tubérculos, como la yuca y la batata, sino de muchas frutas.

De las bebidas, unas eran puramente refrescantes, y las más, fermentadas.

 

BEBIDAS REFRESCANTES

a) BEBIDAS OLEOSAS

Casi todas provenían de frutos de palmeras, principalmente de los géneros Jessenia, Oenocarpus y Euterpe (Martius, 1939, 69; Wallace, 1939, 620), que tienen una película oleosa entre la corteza y el hueso o semilla. El procedimiento empleado consiste en echar los frutos en agua tibia por un rato, y luego se amasa y se cuela todo. El líquido resultante tiene una apariencia lechosa y sabor ligeramente salobre. Esta práctica estuvo restringida a los períodos del año en que se produce la cosecha de racimos. La costumbre perdura en regiones como Guayanas y Oninoquia (Rivero, 1956, 4-5, 239; Gumilla, 1955, 174, 357-358; Gilij, 1965, 1, 165; Fermin, 1769, 1, 175; Schomburgk, 1922, 1, 344; Michelena, 1867, 352; Alvarado [1954], II, 345) y la Amazonia (Sampaio, 1825, 67; Bates, 1962, 74; Ducke, 1946, 4; Zawadzky, 1947, 209; Rocha, J., 1905, 163, 200, 201), donde también (Santarem) la leche de bacaba Oenocarpus distichus es muy apreciada (Bates, 1962, 225). A veces era mezclada con plátano (Maroni, 1889, 114). Así mismo se utiliza en la costa del Pacífico (Hooper, 1945, 162; Torres de Aráuz: Al, 1972, 173-174), y en el Sinú, inclusive entre grupos étnicos distintos de los aborígenes (Stniffler, 1958?, Cereté, 62).

Pocos análisis químicos hay de estas bebidas. En el caso de Jessenia, ésta es rica en grasa y contiene algunas proteínas (Beckerman: Principes, vol. 21, núm. 4, 1977, 151-152).

También se prepararon bebidas oleosas del fruto de la palma Elaeis oleifera (Patiño: Cespedesia, vol. VI, 1977, núms. 21-22: 9-12).

La bebida que se obtiene de los frutos de las palmas Euterpe oleracea Mart, ha sido muy apetecida en el Amazonas (Bates, 1962, 74; Sampaio, 1825, 67; Ducke, 1946, 4), y continúan siéndolo al presente, en que se intenta cultivarla, pues en la sola ciudad de Belem se consumen unos 51.000 litros diarios del jugo (Calzavara, 1972, 9, 10, 14-17).

Los yuracarés de Bolivia, en el siglo XIX, en el segundo día de la ceremonia de nubilidad juvenil bebían chicha de maní (D’Orbigny, 1945, IV, 1416).

 b) POLEADAS, GACHAS O PUCHES

 

Recibieron en América los nombres de masato, aparentemente de raíz canibe-arawak, y atole, cuando era de maíz crudo, y pinolate, cuando era de harina de maíz tostado (pinole, náhuatl). La chucula es harina de maíz blando o harinoso con adición de cacao. También se hacía con pulpa rallada de yuca.

MASATO. Los pijaos dieron un asalto a la primitiva Ibagué el 10 de julio de 1603: al salir en su persecución, se halló un rancho donde habían pasado la noche, y en él, entre otras cosas, "masato, sustento de indios, envuelto en unas hojas" (Ortega Ricaurte, 1949, 127). En otros episodios de la lucha contra esos indómitos aborígenes, se constató el consumo de masato, ora como alimento de sostén, ora para bebida fermentada (Simón, 1953, IX, 11, 82, 90).

Masato de yuca fue lo único directamente ingerible que hallaron los españoles en Ayapel, pues allí los indios no tenían maíz (Simón, 1953, V, 165).

Según una relación de 1774, los indios danienes del Urabá llevaban a sus expediciones chicha de maíz envasada en meniques o calabazos (Ariza: AIP, 1883, V, 393).

Pedrarias de Almesto, uno de los miembros de la expedición de Ursúa por el Amazonas, habla del masato hallado en la isla de Martín García, más de 100 leguas abajo del río Cocama: "tienen masato, que es yuca rallada, en hoyos debajo de la tierra a podrir, y de ello hacen pan y cierto brebaje" (Almesto: Díaz Maderuelo, 1986, 115; Vázquez, 1945, 42). La costumbre perduraba entre los sionas a principios del siglo actual (Hardenburg, 1913, 83).

Los indígenas de Barquisimeto consumían ordinariamente masato, pero los piaches ayunaban antes de curar un enfermo, sosteniéndose con una escudilla grande "de masa deshecha como a manera de poleadas que ellos llaman cara" (Arellano Moreno, 1950, 122).

Esto es, la harina de maíz disuelta en agua que usaban los indios de Noanamá en el siglo XIX (Mellet, 1823, 251).

 

 BEBIDAS BÁQUICAS O FERMENTADAS

Casi unánimente, los autores coloniales señalan la incontenible propensión de los pueblos americanos a las bebidas embriagantes. Las citas harían esta obra demasiado larga. Varios motivos han propuesto los especialistas para la apetencia por las bebidas alcohólicas, entre ellos, la reducción de la ansiedad y el relajamiento de las tensiones, así como el estímulo de la sociabilidad. Casi siempre, la ingestión de bebidas está acompañada de una descarga directa de la tensión, mediante danzas, brincos, cantos, conversación (Washburne, 1961). Más sumariamente lo dice un historiador: "porque sienten frío y procuran calentarse, o porque son desdichados y desean olvidar, o simplemente porque el agua de que disponen no es potable" (Durant, 1952, 88).

En América se obtuvieron bebidas de toda sustancia amilácea: tubérculos, granos (maíz, quínoa, etc.), o de pulpas ricas en azúcares, como las frutas.

Se empezará con estas últimas, que no requerían preparación previa sino sólo trituración y fermentación.

 

BEBIDAS HECHAS DE FRUTAS

ZINGIBERÁCEAS . Los frutos de la matandrea (Renealmia), cultivada a veces con ese propósito, se usaron para bebida en el Chocó entre algunas tribus del alto Atrato (Brisson, 1895, 19).

BROMELIÁCEAS, La piña fue extensamente utilizada para preparar chicha. Lo registra el almirante Colón en la costa norte de Panamá, en febrero de 1503 (Colón, H., 1947, 299),  y también tempranamente en el área circuncaribe (Oviedo y Valdés: Vedia, 1946, 1, 506; Cobo, 1892, III, 35-36).

Los mískitos de Centroamérica apreciaban mucho la chicha de esta fruta (Dampier, 1927, 16).

El cacique Guaramental, del Unare venezolano, tenía "bodegas" de este vino (Castellanos, 1955, 1, 459).

Entre los motilones se preparaba a fines del siglo pasado (Wavnin, 1937, 143). Los panches también la hacían (Zamora, 1945, 1, 346).

PALMÁCEAS. Las plantas de esta familia se utilizaron en dos formas: por los frutos, o por la savia del tronco y del cogollo.

La palmera bactris gasipaes se usó, de preferencia a otras, para una bebida fermentada a partir del fruto, tanto en el área amazónica con el masato de chontaduro en Putumayo (Maroni, 1889, 113; Serna, 1956, 1, 179, 189, 239; II, 244), como en la costa del Pacífico — por ejemplo, entre los yurumanguíes (Jijón y Caamaño, 1945, IV, 498) — y en el Chocó para chicha (Camino: BHA, XLIII, 244).

Así ocurrió también entre los borucas de Costa Rica (Stone, 1958, 26, 49) y otras tribus de Talamanca (ibid., 1961, 35), al igual que entre los guatusos de más al norte (Thiel:Fernández, 1883, III, 318).

También se hace en la costa Atlántica chicha del fruto morado de la palma uva de lata (Bactris guineensis) (Rosa, 1945, 311). Este mismo autor menciona el masato de tagua (Phytelephas sp.), "bebida muy fresca y cordial" (ibid., 313).

Chicha del fruto de la palma de vino (Scheelea) se elaboraba en San Gil (Oviedo, 1930, 24) y en otras partes del Magdalena (Vargas Machuca, 1599, 143).

Del fruto de la palma güinul, güérregue o pijiguay (Astrocaryum standleyanum) se solía hacer chicha desde Tumaco hasta el Urabá.

Pero el fruto de la palma aguaje, moriche, canangucha y otros nombres (Mauritia spp.), es el que se utiliza en un area vastísima que abarca los cursos del Orinoco y del Amazonas, casi a todo lo largo.

En cuanto a las bebidas llamadas vinos de palma, que se extraen del tronco o del cogollo excavados para que fluya la savia, que se toma fresca o fermentada, su uso es muy amplio y las especies utilizadas son varias.

En Costa Rica y Panamá se emplea la Acrocomia vinifera, llamada coyol (Figueroa Marroquín, 1957, 114), mientras que la 4. sclerocarpa o corozo la sustituye para el mismo propósito en los Llanos (Caulín, 1966, 1, 59; Gumilla, 1955, 355).

En la Costa atlántica y en los valles del Cauca y del Magdalena, las especies Scheelea magdalenica y S. butyracea son las preferidas (Juan y Ulloa, 1748, 1, 68-69; Rosa, 1945, 207, 260; Serra, 1956, 1, 63-64; Oviedo, 1930, 24; Schenck, 1953, 13; Campo y Rivas, 1803, 9; García Borrero, 1935, 47). De esta última todavía se vende vino en el Tolima, Cundinamarca y Caldas (Guarinocito). Hay un relato muy fiel de cómo se hacía la extracción en Venadillo, actual Tolima (Boussingault, 1900, III, 140-141).

Idéntico empleo se le ha dado a la palma yagua de Venezuela (Scheelea macrocarpa Karst., S. humboldtiana) (Arellano Moreno, 1970, 458-459).

De igual manera, en el oriente boliviano se saca vino del tronco de la palmera motaqui o motacú Schieelea princeps (Cobo, 1956, 1, 263).

ANACADIÁCEAS. De la fruta del molle (Schinus molle) se hacía en el Perú, en su zona de influencia cultural, una chicha que era muy apreciada y preferida a la del maíz y mas embriagante que ésta (Cobo, 1891, II, 85).

De la ciruela de Nicaragua (Spondias purpurea) hacían allá un vino que duraba un año sin acetificarse (Oviedo y Valdés, 1959, IV, 423), "y es de tanta fortaleza como el vino de España, aunque se pasa presto la furia" (Andagoya: Cuervo, 1892, II, 95).

El merey o marañón (Anacardium occidentale) suministraba una chicha muy apreciada en el oriente suramericano (Guayanas y Brasil): "Do sumo d’esta fruta faz o gentio vinho, con que se embebeda, que é de bom cheiro e sabroso" (Sousa, 1938, 206).

BYTTNERIÁCEAS Chicha de mucílago del cacao se hacía y consumía en Medina, Llanos Orientales (Oviedo, 1930, 235).

CACTÁCEAS. En Barquisimeto hacían de cardón, en tiempos de cosecha, una bebida (Arellano Moreno, 1950, 127) y también del caduche del oriente venezolano (Caulín, 1966,1, 258).

GUTÍFERAS. En el diario de Cristóbal Colón de principios de 1503, cuando estaba en la costa panameña de Veraguas, se registra este uso: "Hacen también vino de otras clases de frutas, especialmente de una que nace en arboles altísimos, tan grandes como cedros, y tiene cada una, des, tres y cuatro huesos, a modo de nueces, aunque no redondas, sino como el ajo o la castaña. La corteza de este fruto es como la de la granada y se parece a ella, cuando se ha quitado del árbol, aunque no tiene coronilla. Su sabor es como de durazno o pera muy buena. De éstas unas son mejores que otras, como sucede con las demás frutas. También las hay en las islas, que los indios llaman mameyes" (Colón, H., 1947, 299).

PASSIFLORAS. La relación de Trinidad de los Muzos indica que las curubas se cultivaban en barbacoas; pero da a entender que el fruto se comía directamente. Parece haber sido una modificación posterior a la conquista el uso del jugo de frutas de esta interesante familia.

SOLANÁCEAS. Igualmente puede decirse de las frutas llamadas lulos o túpiros. Quizá los indígenas las comían directamente, aunque no puede excluírse que algunas especies se usaran por la pulpa restregada muy sumariamente en agua.

VARIAS. De muchas otras frutas hacían brebajes los indígenas, aunque no están puntualizados los nombres. Algunos observadores hablan en masa de "cualesquiera frutas silvestres" en el Amazonas (Acuña, 1942, 90); "otras muchas frutas", con referencia a los cumanagotos del oriente venezolano (Ruiz Blanco, 1892, 22); "de cuantas frutas cogen extraen chicha..." los orinoqueses (Gumilla, 1955, 354), y en cuanto a los amanzanes del Airico, usan "bebidas de varias especies y colores, según la calidad de la fruta de que las sacan, pues siendo moradas unas, amarillas otras y negras muchas de ellas, era natural la variedad ya dicha" (Rivero, 1956, 332).

 

BEBIDAS HECHAS DE TUBÉRCULOS

1. YUCA

El uso de la yuca iba desde el Caribe hasta el Amazonas.

a) Pulpa fresca. Los bucaneros que ocuparon la isla de Tortuga a fines del siglo xvi sobrevivieron gracias a varias plantas cultivadas, entre ellas la yuca o cazabe, de la cual hacían una bebida (Esquemeling, 1945, 64-65). En este caso, parece que se trataba del agua resultante de exprimir la pulpa rallada, y se llamaba vericou.

En Nicaragua se hacía probablemente entre los mískitos costeños (Levy, 1873, 300), y en Costa Rica, por los guatusos (Thiel: Fernández, 1883, III, 318).

Durante las expediciones de los Heredias en Ayapel, se comprobó el uso de yuca para una bebida semejante a la chicha (Simón, 1953, V, 165).

Igual cosa ocurría entre los malibúes de Tamalameque (Latorre, 1919, 19-22), y más al oriente, entre algunas tribus magdalenesas, que llamaban vocana a la chicha de yuca cocida y mascada (Rosa, 1945, 260). A esto mismo le dicen hayma los guajiros (Jahn, 1927, 154).

Los caracas igualmente preparaban chicha de yuca (Latorre, 1919, 77). En el oriente de Venezuela se hacía sólo en la parte costera, pues hacia la Guayana predominaba el vino de palma (Humboldt, 1942, V, 62). Desde la época de la conquista, se halló en el Unare en los dominios del cacique Guaramental (Aguado, 1918, 1, 645). El procedimiento de preparación se conocía desde la expedición de Diego Ordaz por el Orinoco (Oviedo y Valdés, 1959, II, 396-397).

En la propia Guayana francesa, entre tribus del grupo caribe era no menos común (Aublet, 1775, II, 74-75).

Los compañeros de Jorge Spira, en su viaje por los Llanos Orientales, comprobaron lo mismo en la cuenca del río Ariari (Aguado, 1918, 1, 185).

Igualmente ordinaria era la chicha de yuca entre los jiraras y aynicos de los llanos del Meta; estos últimos le decían sucube (Rivero, 1956, 118, 334).

Pero parece haber sido en la cuenca amazónica donde la costumbre estaba más difundida; desde el primer viaje de Orellana, según Pedro de Monguía, la yuca enterrada en silos, una vez descompuesta, la sacaban para hacer "pan de brebaje" (Cuervo, 1892, II, 495; Vázquez, 1945, 42). También durante la expedición Ursúa-Aguirre en 1561, se halló chicha de yuca y se describe la manera de prepararla en Cariríes (Ortiguera, 1909, 332, 355).,

Así mismo, era comun la chicha de yuca en el Putumayo (Serra, 1956, II, 244) y en la costa de Esmeraldas (Cabello Balboa, 1945, 1, 16).

b) Pulpa deshidratada. El masato de yuca se hizo a base de cazabe y no de pulpa fresca, hasta donde llegan las informaciones.

Así consta del relato de la expedición de Pedro de Teixeira (Acuf ja, 1942, 89-90). Se continuaba usando el masato entre los sionas a principios de este siglo (Hardenburg, 1913?, 83). A la bebida de yuca y pulpa del fruto de la palma aguaje (Mauritia), la llaman cahuana (ibid., 160). Los jíbaros llevan en sus viajes, envuelta en hojas, la pasta de yuca, para disolverla en agua y beberla (Karsten, 1935, 121).

En la parte oriental de Venezuela, los caribes de Cumaná preparaban de cazabe una bebida llamada capino (Ruiz Blanco, 1892, 26; 1965, 16).

Las tribus llaneras, algunas nómadas, como los achaguas, también tomaban este brebaje, llamado berria, de berri, que era el nombre del cazabe de que se hacía (Rivero, 1956, 114; Gumilla, 1955, 354). Otro nombre de dicha masa es amurgares (Rivero, 1956, 236).

Solían usar también esta bebida los motilones (Wavnin,1937, 141-142).

 

2. BATATA

Algunas tribus utilizaron este tubérculo para una bebida (Gumilla, 1955, 354; Esquemeling, 1945, 64). Los caracas preparaban masato de él (Arellano Moreno, 1950, 77; Latorre, 1919, 77).

 

CONTINUAR

 

 

 

 

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