Historia de la Cultura Material en la América Equinoccial (Tomo 1)
Alimentación y alimentos
Víctor Manuel Patiño

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BEBIDAS HECHAS DE SEMILLAS

1. MAÍZ

Parece fuera de duda que la chicha de maíz se utilizó en mayor escala que la de otras plantas. El carácter temporal del maíz hacía fácil la obtención del grano, que en climas caliente se puede cosechar de cuatro a seis meses, mientras que la yuca, aun la más precoz, no gasta menos de 10 meses a un año para estar de arranque. Frutos como el chontaduro tienen dos y a veces una sola cosecha al año, y las otras palmeras tienen cosechas cíclicas no regulares.

Hay sospecha de que algunas variedades de maíz de penicarpo rojo, rosado o morado, fueron seleccionadas así para obtener bebidas coloreadas. El primero que hizo esta observación fue Cristóbal Colón, en Pania (bebida una blanca y otra casi negra) (Colón, H., 1947, 225), y en la costa de Panamá (vino blanco y tinto de maíz) (ibid., 298).

Los motilones elaboran chicha de un maíz rosado (Wavnin, 1937, 139).

En la costa norte del Pacífico, entre los cholos se conocen con nombres distintos, variedades de colores, para hacer la chicha (experiencia personal).

Fue práctica seguida en toda América, la masticación de algunos granos de maíz para echar a la masa o grano triturado, con el objeto de acelerar el proceso de fermentación. El padre Acosta, después de describir la azua hecha con granos germinados, llamada sena, y antes de refenirse a la que se hacía de maíz tostado que no embriagaba tanto, dice: "Otro modo de hacer el azua o chicha es mascando el maiz y haciendo levadura de lo que así se masca, y después cocido; y aun es opinión de indios que, para hacer buena levadura, se ha de mascar por viejas podridas, que aun oillo pone asco, y ellos no lo tienen de beber aquel vino" (Acosta, 1954, 110). Los oninoqueses, en cambio, preferían para este menester indias jóvenes (Gilij, 1965, II, 243-244).

Procediendo de la periferia al centro, uno de los primeros contactos de europeos con indígenas fue en la parte oriental de Venezuela, hasta la cuenca del río Unare. El cacique Guaramental tenía cavas de chicha de yuca y de maíz (Aguado, 1918, 1, 645):

Bodegas de bebidas peregrinas de 
maíz y de piñas singulares

(Castellanos,1955,1,459).

A esta bebida llamaban los cumanagotos taumuga en la región de Caigua (Ruiz Blanco, 1892, 120; 1965, 80).

Los indígenas de las misiones de capuchinos del Caroní se bebían el maíz en chicha (1755) (Cuervo, 1894, IV, 223).

Cuando Pedro de Heredia llegó a Sinú en 1533, halló cantidad enorme de chicha en una sepultura (Aguado, 1919, II, 45). De allí hacia el occidente, se usaba chicha de maíz (Enciso, 1948, 218, 219, 224).

Un colono de Castilla del Oro describe pormenorizadadamente el proceso de preparar la chicha de maíz, que se renovaba cada tantos días para que no se enfuertara mucho, y añade: "Este vino es sano e templado, e tiénenlo los indios por presciado e gentil mantenimiento, e tiénelos gordos" (Oviedo y Valdés, 1959, III, 322).

En la costa ecuatoriana, el azua o chicha de maíz se echaba, por medio de guaduas, a los difuntos (Cieza, 1984, 1, 74). De ese grano y de otros frutos era todavía común un siglo después (Herrera y Montemayor, 1947, 70).

Los malibúes de Tamalameque usaban también chicha de maíz (Latorre, 1919, 19-20).

En el interior del Continente ocurrió lo mismo. En el Guaviare, durante la expedición de Jorge Spira se comprobó el uso (Aguado, 1918, 1, 185). Las tribus llaneras venezolanas llamaban a esta bebida pichipuro (Arellano Moreno, 1950, 61).

Entre las tribus chibchas de la altiplanicie, no hay constancia de la fabricación de chicha a partir de la papa, pero sí del maíz; en las ceremonias matrimoniales:

por que lleva más dote la novia, 
de nobles o de bajas condiciones, 
de solas veinte múcuras de chicha, 
vino que hacen de molido grano...

(Castellanos,1955,IV,145).

Las tribus del Cauca medio, ansermas, quimbayas, camapas y otras, bebían chicha desaforadamente; los caciques solían hacerlo en vasos de oro (Cieza, 1984, 1, 34); algunos ingerían una arroba de una sentada.

Los indios del Atrato usaban la chicha de maíz en no menor medida que los de otras regiones (Camino: BHA,XLIII, 244).

En la sierra ecuatoriana se tomaba comúnmente azua (J. de la Espada, 1897, III, 94).

En el Amazonas, pese a ser predominantemente yuquero, se hacía también chicha de maíz (Figueroa, 1904, 206).

Fue común en América la polidipsia de chicha de maíz, a veces mediante apuestas o competencias para quien bebiera más. Cuando los contendientes estaban anegados, o "enlagunados", como ahora se dice, procedían a vomitar para continuar la bebeta. De los carrapas afirma un testigo presencial:

"Son tan viciosos en beber, que se bebe un indio de una asentada una arroba y más, no de un golpe, sino de muchas veces. Y teniendo el vientre lleno deste brebaje, provocan a vómito y lanzan lo que quieren, y muchos tienen con la una mano la vasija con que están bebiendo y con la otra el miembro con que orinan. No son muy grandes comedores, y esto del beber es vicio envejecido en costumbre que generalmente tienen todos los indios que hasta ahora se han descubierto en estas Indias" (Cieza, 1984, 1, 34). En lo de vomitar procedían

 
Fig. 3. Modo de preparar la chicha de maíz. Del grano quebrantado y remojado se toma una porción que una mujer mastica para inocularla con el fermento de la saliva. Esta porción se mezcla con el resto del maíz; todo se pone a hervir por tres o cuatro horas; una vez enfriado el líquido, se cuela y se deja reposar para que fermente, hasta el grado deseado. (Resumido de la descripción de Benzoni (1572), 1965, pág. 70).del mismo modo los tupinambás costeños del Brasil (Marc-grave, 1942, 274).

 del mismo modo los tupinambás costeños del Brasil (Marcgrave, 1942, 274)

Antes de dejar el tema de la chicha de maíz, conviene consignar el hecho de que el consumo de ese líquido, con la frecuencia y abundancia que se han mencionado, hacía prácticamente innecesario beber agua. Se evitaban así en gran parte las enfermedades del tubo digestivo causadas por la contaminación hídrica, que han venido a ser el estigma de las poblaciones tropicales americanas después de la Conquista. De los pobladores de Vélez decía un autor, a mediados del siglo XVIII: "Sus aguas son muy malas y poco saludables y por esto usan de continuo todos la bebida que llaman chicha" (Oviedo, 1930, 162). A idéntica causa atribuye otro autor el alto consumo de la chicha en el Perú: "Después buscaron invenciones para hacer algún género de bebida, que fuese menos dañosa que el agua de aquella tierra; porque, si se mira en ello, hay provincias en que hay agua tan delgada que corrompe, y en otras tan gruesa, que cría bascosidades y piedra" (Anónimo: Esteve Barba, 1968, 174).

Con estos antecedentes, sería difícil explicar el retroceso del consumo de la chicha en los países ecuatoriales americanos, si no fuera por la gradual extinción de las tradiciones indígenas en beneficio de nuevas formas culturales y de nuevos intereses económicos. Esto ya apuntaba en el siglo XVIII, cuando en el Perú los dueños de viñedos fomentaron el consumo de aguardiente de uva (Ulloa, 1944, 248), en detrimento de la chicha. En el caso de Colombia, la cerveza ha ido desplazando a la bebida autóctona, con la ayuda de los poderes oficiales, que prohibieron esta última como insalubre. "Lo que se hizo fue privar al pueblo de su bebida tradicional para cambiámsela por otra cuyo costo era diez veces superior. Se argumentaba que el campesino y el obrero dejaban en la chichería sus jornales. Pero, por mucho que bebieran y en razón del bajísimo precio del artículo, no alcanzaban a gastan un 10% del jornal. Hoy podemos asegurar que el obrero deja en la tienda del pueblo o de la ciudad la mitad del salario. Antes, las utilidades de la venta de la chicha quedaban en manos de innumerables fabricantes o la fabricaba el propio consumidor (que era el caso más frecuente); hoy eniquecen desmesuradamente a los monopolios cerveceros... (Abadía Morales, 1977, 453-454).

 2. QUÍNOA

La quínoa, cuyo grano era, como se ha visto, importante en la alimentación de los pueblos altoandinos, también se utilizó en la preparación de una bebida (Cobo, 1956, 1, 162).

3. CAÑIGUA

Es otra planta, muy semejante a la quínoa: "De las otras quínuas de colores hacen chicha; señaladamente de la cenicienta, llamada cañahua, cuya chicha es muy recia en el embriagar, y algo agnia cuando está muy madura" (ibid.. 164).

 

 BEBIDAS TÓNICAS Y ESTIMULANTES

Su característica principal es la de contener alcaloides como la cafeína, la teína y similares, que ocasionan en el organismo una sensación de bienestar y relajamiento, o bien estimulan momentáneamente las actividades vitales.

Según parece, estas bebidas estuvieron limitadas a las áreas amazónica-orinóquica, y proceden de plantas de dos familias botánicas: Aquifoliáceas y Sapindáceas.

 

 1. AQUIFOLIACEAS

Ilex guayusa. La guayusa es un árbol originario del piedçrnonte andino en la zona ecuatorial, y su uso entre las tribus indígenas es bastante antiguo, pues hojas suyas se han extraído de tumbas datadas en el año 500 de la Era cristiana (Wassén et al.: ES, 32, 1972, 7-144).

La infusión de las hojas constituye bebida diaria de todas las tribus de los altos afluentes del Amazonas, entre el Caquetá y el Yavarí. Tiene efectos tónicos; pero cuando la infusión se concentra por ebullición prolongada y se convierte en una bebida densa, obra como emética (Patiño, 1967-1968, III, 244-253).

2. SAPINDÁCEAS

Paullinia cupana. Especie con dos variedades: una de ellas, sorbilis, amazónica, utilizada al sur del gran río, y cultivada tradicionalmente en la región del confluente MadeiraSolimoes, es el verdadero guaraná. Se utilizó mucho como poción túnica en los viajes prolongados. Desde aproximadamente 1940 se ha convertido en una bebida gasificada, de amplio uso en el Brasil, y cultivos importantes de la planta, que es amatojada y bejucosa, se han hecho últimamente en el Estado de Bahía.

La otra variedad típica se llama cupana, y sólo se usa en el Orinoco, antes mezclada con pasta de yuca y con varias cosas, y ahora sola entre los relictos de tribus puinaves y otras, que viven en el sector delimitado por el Casiquiare y el Meta.

De ambas se emplea la semilla tostada y molida para la preparación de las bebidas.

Paullinia yoco. Por el contrario, el yoco, bejuco que vive en estado espontáneo en la región piedemontina ecuatorial, aproximadamente en la misma área de dispersión que la guayusa, aunque más en el Putumayo y el Caquetá, se usa por la corteza; ésta, raspada y echada en agua, suministra una bebida con efectos similares a los del guaraná. Con una carta de 1856, dirigida a su mujer, Agustín Codazzi le envía una porción de bejuco traída de la Ceja de los Andaquíes. El ilustre geógrafo explica: "Un poco de bejuco de yoco que sirve para componer el estómago quitando apenas la parte ásperade la corteza; luego se raspa la corteza formando como un afrecho, el cual se pone en un poco de agua tibia después de machacado bien y exprimido el jugo del afrecho puesto antes en agua y ese jugo es aquel que se bebe tomando por día una toma de un pocillo; o bien se quita la corteza y se cocina con una hora de fuego poniendo la cantidad de dos tomas, que sería lo que da el pedazo que se manda y cada toma que quede en un pocillo de agua" (Soriano Lleras, 1968, 106).

El yoco tiende a desaparecer por la extinción de las tribus que lo usaban, y como no se ha cultivado, es difícil hallar muestras para análisis.

 

BEBIDAS NARCÓTICAS

No se han hecho investigaciones sobre el valor bromatológico que puedan tener algunas bebidas narcóticas. Es un campo inexplorado de la ciencia, pues los tratadistas han enfocado unilateralmente sus estudios en el solo aspecto de los efectos alucinógenos y no sobre estos más prosaicos. Pero la ingestión a veces cíclica, a veces regular, de narcóticos, podría haber tenido algún efecto de proveer ciertos elementos menores indispensables en la dieta del indígena.

Parece estarse comprobando, mediante investigaciones de la última década, el efecto que contra parásitos intestinales tendría la ingestión de ilusiógenos como el yagé, especialmente detectable en la buena salud que en general tienen los shamanes o pagés, los más frecuentes consumidores.

 

CAPITULO VIII

ALIMENTOS INDÍGENAS DE ORIGEN ANIMAL

ÉPOCA PREHISPÁNICA

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Todas las comunidades primitivas han hecho amplio uso de alimentos animales, porque una de las características que ellas tienen es el aprovechamiento integral de los recursos que el ambiente proporciona.

Aunque sería difícil precisar si algunos relictos animales que se suelen obtener durante excavaciones arqueológicas pudieron deberse a ritos propiciatorios y no necesariamente a necesidades alimentarias, el hecho es frecuente, y ya lo decía a principios de este siglo un guaquero baquiano: "En las guacas se encuentran restos de muchos animales distintos" (Arango C., 1924, 1, 37).

Para metodizar el estudio de los alimentos de origen animal, se dividirán en forma taxonómica, por clases, órdenes, familias y géneros.

A) INSECTOS

Los insectos se utilizaron, unos por sus productos, otros por ellos mismos.

a) En el primer caso está la miel de las abejas silvestres, fuente principal de los azúcares entre pueblos que no tuvieron la caña dulce (Nordenskiold, 1931, 9 (82), Ap. II, 196-206).

Al parecer, el único centro suramericano donde se practicó una forma primitiva de meliponicultura, estuvo localizado en las vertientes de la Sierra Nevada de Santa Manta (P-atiño, 1965-1966, 171-175), quizá por influencias culturales centroamericanas, pues los mayas sí . tuvieron una meliponicultura desarrollada (Landa, 1938, 235; Oviedo y Valdés, 1959, III, 61), especialmente en Chitamal (Oviedo y V., 1959, III, 415-416). Un centro secundario de . cría habría existido en el centro norte de Venezuela (Sanoja y Vargas, 1974, 162).

De resto, las tribus americanas comían miel procedente de panales de especies de abejas silvestres, de los géneros Melipona y Tnigona. El gran naturalista antioqueño Andrés Posada - Arango hizo, al parecer, la primera tentativa de clasificaci6n de las varias abejas melíferas de Colombia (Posada Arango, 1909, 375-378), unas que construyen panales en huecos de árboles o en horquetas de los mismos, y otras, en el suelo.

En la región de la primitiva Cartago se conocían, según documentos contemporáneos de la conquista, tres clases, a saber: "Unas abejas hay que son poco mayores que mosquitos; iunto a la abertura del panal, después que lo tienen bien cerrado, sale un cañuto que parece cera, como medio dedo, por donde entran las abejas a hacer su labor, cargadas las alicas de aquello que cogen de la flor; la miel destas es. muy rala y algo agra, y sacarán de cada colmena poco más que un cuartillo de miel; otro linaje hay destas abejas que son poco mayores, negras, porque las que he dicho son blancas; la abertura que estas tienen para entrar en el árbol es de cera revuelta con cierta mixtura, que es más dura que piedra; la miel es sin comparación mejor que la pasada, y hay colmena que tiene más de tres azumbres; otras abejas hay que son mayores que las de España, pero ninguna dellas pica más de cuanto, viendo que sacan la colmena, cargan sobre el que corta el árbol, apegándosele a los cabellos y barbas; de las colmenas destas abejas grandes hay alguna que tiene más de media ameba, y es mucho mejor que todas las otras; algunas destas saque yo, aunque más vi sacar a un Pedro de Velasco, vecino de Cartago" (Cieza: Vedia, 1947, II, cap. XXV, 376).

Varios de los subproductos de la extracción de panales de abejas silvestres (o protegidas), por los pueblos del área de este estudio, tuvieron gran importancia cultural y económica. Se trata de las diversas clases de ceras o cantumrones. En el área de Pozo, Cauca medio, había "ídolos de madera, tan grandes como hombres; en lugar de cabezas tenían calaveras de muerto y las caras de cera; sirvieron de leña" (Cieza, 1884, 27).

La cera de abejas nativas en el actual territorio colombiano jugó importante papel en la actividad metalúrgica, especialmente del oro. Conocido es el procedimiento de la "cera perdida", que presupone un conocimiento profundo de los distintos tipos de cera y su manipuleo. Sobre ellos se volverá en el tomo dedicado a Tecnología.

Del mismo modo, en la parte occidental de Colombia, el producto de ciertas abejas de brea (canturrón), sirvió para la elaboración del embil, nombre de las teas con que se alumbraban los indígenas chocoanos. Este aspecto se tocó aparte (Patiño 1990, II, 384-385).

Insectos productores de miel son también los llamados abejorros, y por los indígenas cabécares de Costa Rica, kólo wak o chiquizás (Bombus ephippiatus), y las avispas del género Brac/l ygastra. De estas últimas aprovechaban los indígenas de Venezuela: "Avispas hay muchas e muy malas y ponzoñosas, y de lo que mas me maravillo dellas es que hacen alguna miel y buena, y la comen los indios, así como la de las abejas" (Oviedo y Valdés, 1959, III, 61).

Se han mencionado igualmente: de Nicaragua, el "dulce de avispa" (Carr, 1953, 146); de Colombia, donde abajo de La Mesa, Cundinamarca, un viajero extranjero la probó y compró en 1824 (Cochrane, 1971, II, 308); y de Santa Cruz de la Sierra, donde en la misma epoca del anterior, otro viajero degustó los "pasteles de avispa de miel" (chiniguana) y la miel de abejas señoritas (D’Orbigny, 1945, III, 116).

b) Los insectos que se consumen directamente pertenecen a varios órdenes.

 

1. ORTÓPTEROS

Langostas.— Los indígenas de Tucumán recogían langostas (Schistocerca), llamadas quechquech, para comer a sus tiempos (Cobo, 1891, II, 258). Esto lo observaron los espaftoles desde las primeras expediciones que allí se hicieron.

La tana o langosta que atacaba maizales en Venezuela, comíanla los indios (Oviedo y Valdés, 1959, II, 81-82; III, 61).

Los nativos de Cartagena o Cárex tenían entre sus ocupaciones la de recolectar y secar langostas, que echaban en canastos para comerciar con este alimento con las tribus mediterráneas, especialmente de la serranía de Abibe, y otras partes del interior, "donde no tienen pescado e se estima mucho aquel manjar para lo comer" (Oviedo y Valdés, 1959, III, 325).

Canastos con grillos, cigarras, cangrejos, langostas para negociar con el traspaís en Santa Manta (Anglería, 1944, 245) y en el Sinú, llenaban los indígenas de esas comarcas costeras.

 

2. ISÓPTEROS

Comejenes:

Termes y géneros afines. La composición alimentaria es digna de consideración:

Grasa, 44,4 %.

Proteína, 36.0%.

Cien gramos de ellos producen 561 calorías (Unesco,1962, 139).

Sirven para comida de pollos (Oviedo y Valdés, 1959, II, 78-79).

 

 3. HIMENÓPTEROS

Abejas.— Sus larvas son cosechadas para comer al extraerse la miel de los panales, por algunas tribus.

Hormigas. Atta spp.— Existe constancia documental de que varios pueblos americanos comían ciertos géneros de hormigas (Patiño, 1965-1966, 171). En la parte oriental del Continente, desde temprana época está consignado el hecho (Oviedo y Valdés, 1959, III, 115, 125), con la particularidad de que en algunas zonas las hormigas eran criadas ex profeso (Aguado, 1956, 1, 282; 1957, III, 193; Simón, 1953, II, 45). En otras regiones, como las del Aynico y el Orinoco, se aprovechaban por sus épocas de muda (Rivero, 1956, 335; Cassani, 1741, 226; Gumilla, 1955, 367; Spruce, 1908, 1, 483-484; Wallace, 1939, 373; Morey y Morey, 1980, 265). Lo mismo ocurría entre los brasileños (Martius, 1939, 60, 216; Posey, 1980, 112-113).

Igualmente en el valle del Magdalena, entre los panches, se encontró la práctica de criar hormigas para comer (Cuervo, 1892, II, 216; J. de la Espada, 1889, Cast., 103-104). Esta costumbre perdura en algunas regiones de Santander, de donde son famosas las hormigas ‘culonas’ (Rodríguez Plata, 1966-1969).

En Centroamérica se comía unas hormigas grandes y las preparaban para venderlas en mercados (Fernández, - 1881, 1, 24; Acuña 1982, 272).

Los záparos del Ecuador amazónico ingerían unas hormigas con sabor a ‘punzadas de alfiler’ (Cobo, 1891, II, 266). Estas tribus amazónicas y otras vecinas eran muy dadas a ese manjar (Figueroa, 1994, 215-216; Maroni, 1889, 134; Albis, 1855, 31).

 

4. COLEOPTEROS

 Los gusanos de comer tal vez sean de diversos géneros de coleópteros. Observó Cristóbal Colón en la costa norte de Cuba, cerca de Puerto Príncipe, en noviembre de 1492, que los indígenas iban a las islas vecinas a buscar ciertos gusanos blancos que estaban en los troncos podridos (Colón, H., 1947, 103).

En las mismas Antillas se conocía la cría inducida de gusanos en la masa descompuesta de la Cycadácea guayaga (Zamia) (Casas, 1909, 11; Patiño, 1971, Mss.).

En América continental, la costumbre estaba muy difundida. Estos molongos de palma de vino se conocían en la costa caribe (Revollo, 1942, 177; Alano, 1983, II, 65); entre los colimas (Simón, 1953, IV, 220); en las llanuras orientales (Rivero, 1956, 407); en la - costa del Pacífico (Bamret, 5.A., 1925, 1, 75, larva de ku’, peru’, Rhyncophonum; Jijón y Caamaño, 1945, IV, 498); en la región amazónica sañes del Putumayo (Cuervo, 1894, IV, 270-271; Maroni, 1889, 133; Serma, 1956, 1, 205; Zawadzky, 1947, 203; Arcila Robledo, 1950, 310; Magnin, 1940, 178). Se llevaban a Quito (Cobo, 1956, 1, 344) los cusos (J. de la Espada, 1897, III, cxxv; Calancha, 1639, 892). Los llaman sucama en el oriente boliviano (Boso: Valdizán, 1922, III, 336, 369). Varias tribus los protegen e inducen su propagación (Denevan: Lyon, 1974, 105).

Recientemente se han investigado en Papua, Nueva Guinea, los valores bromatológicos de las larvas de Cerambycidos de palmas. En 100 gramos se halló:

Agua 70.5 gr.

Grasa 13.1 gr.
Calorías 181.0 gr.

Carbohidratos 9.0 gr.
Proteína 6. 1 gr.

(Ruddle et al., 1978, 58-59)

5. ANOPLURA MALLOPHACA

La historia de los piojos no compete a esta obra, y se examinará en el volumen dedicado a las costumbres higiénicas. Los incas imponían tributo de piojos a las tribus sometidas, que no tenían otra cosa que dar (Cieza, 1984, 1, 166). De hecho, algunos pueblos andinos no se abstenían de comerlos, y aun perdura la costumbre en algunas regiones. Esto era muy común en los yungas de Bolivia al finalizar la guerra de Independencia, y un gran naturalista — que se refiere a estos parásitos sin nombrarlos — se los mostró a los viciosos en el microscopio, quienes al verlos aumentados de tamaño, prometieron no volver a ingerir ese manjar (D’Orbigny, 1945, III, 1019).

B) MOLUSCOS

CARACOLES. Algunas tribus indígenas comían caracoles (Martínez, 1977, 80; Appun, 1961, 388, 401; Plazas y Falchetti, 1981, 61). El género Ampullaria quizá fue consumido por tribus amazónicas (Albis, 1855, 29).

La Zavana de los Caracoles, cerca a la actual Bucaramanga, parece que abundaba en estos moluscos, de los cuales las fuerzas de Ambrosio Alfínger se sustentaron alrededor de un mes, antes de remontar la Cordillera Oriental en 1533:

 

Pues en cierto rincón desta dehesa, estando ya con falta de alimento, congregación de aguas y represa de caracoles dio gran cumplimiento; y en veinte días no gozó su mesa de otro más cabal mantenimiento...

(Castellanos,1955,II,108)

 

C) CRUSTÁCEOS

CAMARONES. Cristóbal Colón observó, en la costa panameña de Veraguas, el uso de peces pequeños (¿ larvas de camarones?, ¿ alevines?) que, huyendo de peces mayores, subían por los estuarios, donde los indígenas los cogían con esterillas o redes muy finas. "Así cogen cuantos quieren y los envuelven en hojas de árboles, del mismo modo que los drogueros conservan sus confites; y asados luego al horno, se conservan por largo tiempo" (Colón, H., 1947, 298; Casas, 1951, 1, 291-292; Montenegro Colón, 1834, III, 538). Esta costumbre, aplicada a las larvas de camarones y peces varios llamados "viuda" o "tintín", se sigue practicando año tras año en ríos de la costa colombiana del Pacifico, como el San Juan y otros (observación personal). Pero también en localidades mediterráneas hubo una técnica similar. Los indígenas quiteños comían cierto género de camaroncitos, llamados localmente chiche (chhichi) (J. de la Espada, 1897, III, cxxv; 1965, III, 75), que se preparaban con ají en pasteles o atados: "Los indios los cogen con unas rede-citas muy espesas, y hacen unas tortillas de ellos como una tortilla de una onza de chocolate, y cada una tiene también una onza, y lo secan al sol, y en Quito cada onza se vende a ocho reales. Estos mosquitos se ponen en unos potajes los días de ayuno y en una olla bastante para quince criaturas no se pone más de ellos que lo que se coge con dos dedos, como polvo de tabaco, y queda toda la olla con tan fino sabor de pescado, que no hay pescado ninguno en el mar que diese el sabor tan fino" (Serna, 1956, II, 183; Ulloa, 1944, 137-138).

Se consideraba, pues, como una delicadeza o golosina propia de las clases pudientes (Mayolo, 1978, 17).

Las mismas tribus costeras colombianas que internaban langostas, también lo hacían con mariscos (Álvarez Rubiano,1944, 156-157).

CONTINUAR

 

 

 

 

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