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Club Jóvenes Lectores - Clásicos de la literatura en cómic
Por: Diana Henao Rubio
3 de Marzo de 2017. 4:30 pm - 5:30 pm
HONDA, Sala de Literatura
Club Jóvenes Lectores - Clásicos de la literatura en cómic

Moby Dick, puesta en imágenes por Denis Deprez y Jean Rouaud

Moby Dick ha dado pie a todo un género literario protagonizado por monstruos marinos y al que dieron continuación, entre otros, Julio Verne en Veinte mil leguas de viaje submarino (1869) y Rudyard Kipling en Un hecho real (1892). No tan fácil es rastrear sus orígenes literarios, que podrían remontarse hasta La narración de Arthur Gordon Pym de Nantucket (1838), única y sorprendente novela de Edgar Allan Poe en la que se narran las desventuras del bergantín Grampus en los Mares del Sur y que quedó inconclusa.

La novela de la ballena blanca no tuvo mucho éxito en vida de su autor, quizá porque pertenece a un género enteramente nuevo que no podía contentar ni a los aficionados a la novela de aventuras ni a los sesudos partidarios de la filosofía natural. En esto su suerte se asemeja a la del Quijote, como también la asemeja a éste su éxito posterior y los infatigables y atolondrados intentos de, como suele decirse, descifrarla, darle una interpretación. Sucesivamente, la gran ballena ha sido El Ideal, El Amor Absoluto, El Destino, Lo Indefinible, Dios, El Mal, La Naturaleza Indomable, La Utopía, etc., excepto para aquellos convencidos de que la representación de tales atributos o de alguno de ellos no la ostenta Moby Dick, sino su perseguidor, el fanático y vengativo Capitán Ahab. Ahora nos llega una nueva edición de Moby Dick, esta vez en forma de novela gráfica con ilustraciones de Denis Deprez y con un guión adaptado para la ocasión que ha corrido a cargo de Jean Rouaud.

En el admirable trabajo que Deprez ha hecho para este libro se advierten dos partes: en la primera, todavía en tierra, predomina un verismo en tonos ocres que envuelve a los personajes que sirven de introducción a la historia, Ismael y el inquietante arponero Quiequeg, así como el pastor que pronuncia su terrorífico sermón en la capilla de los balleneros y que en el film de John Huston fue interpretado de manera pasmosa por Orson Welles. En la segunda, desaparece todo naturalismo y nos encontramos sumidos en un mundo gris-azulado repleto de premoniciones y del misterio del mar. Pero aquí estamos ya en el centro de la subjetividad del capitán, y casi podría decirse que de la paleta del pintor se apodera el espíritu de Ahab, el cual, mientras dirige al endeble Pequod hacia su destino, juega a mostrar y a la vez ocultar su obsesión, esa idea fija que le invade y que acabará por materializarse en el horizonte como si saliera de su propia y dislocada imaginación..

Tomado de: http://www.larepublicacultural.es/article4324.html

Entrada gratuita, más información en: Telefono: 2513305 ext: 8352

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