Imagen Regional 8 - Barranquilla, Santa Marta, Riohacha y Valledupar

Artistas: Esteban Abdala Torres, Susana Basto, Fernando García Vásquez, Colectivo Lunamar: Alejandra Días, Álvaro Mcausland, Gustavo Adolfo Martínez, Danilo Mindiola Montero, María del Rosario Navarro, Carmen Lucina Rodríguez, María Teresa Solano.

Curaduría: María Isabel Rueda. Exposición realizada en Santa Marta.

Los textos en esta guía son el resultado de un taller de escritura realizado entre agosto y septiembre del 2014 en las ciudades de Riohacha, Barranquilla, Santa Marta y Valledupar, en el contexto del programa Imagen Regional. Fueron escritos a partir de diálogos, conversaciones y entrevistas realizadas con los participantes de la muestra y el público asistente, interesados en aportar y participar en la elaboración de un documento que dé cuenta del verdadero proceso creativo del artista, acercándonos a su cotidianidad, intereses y formas de vida, para intentar conectarnos con su obra a través de la palabra.

De una forma muy sintética, estos escritos intentan transmitir las experiencias vividas en este proceso: las visitas de taller, las charlas, las preocupaciones, los mails que van y vienen y toda una serie de encuentros en su mayoría informales e intangibles, que nos acercan a la obra, al artista y que, en muchos casos, quedan por fuera del discurso.

 
Esteban Abdala Torres
(Ciénaga, 1987)
Susurros del tiempo de la Ciénaga, 2013
Serie de 7 fotografías análogas a color
59 x 90 cm. c/u

Esteban Abdala Torres (Ciénaga, Magdalena, 1987)

Estudió Cine y Audiovisuales en la Universidad del Magdalena.

Entrevista a Esteban Abdala por María Isabel Rueda

MIR: ¿Por qué decidiste seguir utilizando la fotografía análoga antes que la imagen digital en un mundo donde casi todas las personas registran su día a día con sus teléfonos celulares?

EAT: Yo empecé tomando fotografías con cámara digital y aún la uso para trabajos comerciales. Lo que pasó, después de un tiempo de tomar fotografías digitales, es que sentí que no estaba haciendo nada particular. Hoy el mundo va muy rápido y es muy fácil alterar o captar todo, las imágenes se sobresaturan y se banalizan. La fotografía digital se presta para eso; por el contrario, con las cámaras que heredé de mi papá me enfrenté a registrar sin ayudas de visores o exposímetros. Ya no solo debía encuadrar, de repente podía dialogar con la luz y conocer de verdad cómo funciona la cámara y su soporte, la película.

Otra cosa que descubrí es que, con la cámara análoga, puedo hablar con más tranquilidad con los sujetos que fotografío. Ellos no ven a un chico con una gran cámara digital o un celular con cámara de última generación que busca captarlos, ven a un fotógrafo que los retrata y sienten que no es un capricho momentáneo. Por otro lado, descubrí que la textura de la imagen fotográfica análoga es muy bella, más cercana a la realidad y menos brillante y plástica que la imagen digital. La película puede reproducir la realidad de manera más fiel y palpable.

MIR: ¿Encuentras alguna relación entre tus experimentos con la luz en la película análoga y la pintura? Veo que te gusta mantener los sucios y rayones propios de la película análoga pues le dan un aire de nostalgia y materialidad a tus fotografías, ¿hay alguna intención particular en eso?

EAT: El mundo está lleno de efectos ópticos, pues las reflexiones y las refracciones abundan y multiplican las formas de observar la realidad y para mí es imposible pasarlas por alto. Los fotógrafos y pintores tenemos en común que somos estudiosos de la luz.

Cuando hago una fotografía, pienso en lo bella que está la luz sobre las cosas, en el tiempo en el que sucede la acción y en el espacio que contemplo. Los momentos no vuelven. Mi intención es ser lo más fiel posible a mis sentimientos y a lo que me hizo desear capturar ese espacio-tiempo.

   
Susana Basto (Riohacha, 1980)
Pimpina: Karrapa Wuin Amuchi, 2009
Pimpinas recubiertas con polvo de
ladrillo
Dimensiones variables 
Fernando García Vásquez
(Barranquilla, 1972)
Ofrenda, 2014
Instalación. 33 guacales, máscaras
de cartapesta (capas de papel
aglutinadas)
250 x 285 x 25 cm.

Susana Basto (Riohacha, La Guajira, 1980)

Artes Visuales de la Universidad de La Guajira.

Entrevista a Susana Basto por María Isabel Rueda

MIR: ¿Por qué escogiste la pimpina como objeto en torno al cual desarrollar tu obra?

SB: Me gusta mucho trabajar con objetos contenedores de historias y encontré las pimpinas. Estaba en busca de algo que tuviera cercano y que, por esa razón, no lo pudiera ver. La pimpina es un objeto interesante tanto si está vacía como llena.

MIR: ¿Por qué se dio el tráfico ilegal de gasolina especialmente en La Guajira?

SB: Venezuela se ha mantenido, por mucho tiempo, como uno de los principales productores de petróleo y produce una de las gasolinas más baratas del mundo. Dado el alto costo de este combustible en Colombia, el comercio ilegal del mismo se ha convertido en la mayor actividad económica desde el país vecino. De hecho, por su topografía y extenso territorio, La Guajira se presta para el comercio sin regulaciones y, al ser frontera con Venezuela, sirve como paso para entrar gasolina por Maicao, Uribía, Manaure, etc. y venderla en el resto de la región. Por ejemplo, un galón de gasolina en Riohacha está entre $15.000 y $18.000 pesos y, para que se hagan una idea clara, en Maicao se puede tanquear una camioneta con $50.000 pesos mientras que en cualquier otro lugar costaría casi $200.000 pesos.

Fernando García Vásquez (Barranquilla, Atlántico, 1972)

Estudió Artes Plásticas en la Universidad Nacional de Colombia y maestría en Bellas Artes en el Royal Melbourne Institute of Technology.

Entrevista a Fernando García por María Isabel Rueda

MIR: ¿Cómo conociste a los artesanos que te colaboraron en la producción de la obra?

FGV: Suelo ir al mercado de granos del centro de Barranquilla los domingos a pasear y abastecerme, pues vivo muy cerca. Ahí encontré gran variedad de artesanía local y me cautivaron, en especial, los diseños de las máscaras y la manera particular como cada artesano abstraía las formas de los objetos que representaba. Yo las veía como unos Mondrian caribeños tridimensionales y sentía nostalgia de ver cómo, ante mis ojos, desaparecía esta tradición artesanal.
En uno de estos paseos conocí a Baca, un artesano que se gana la vida vendiendo papaya y elaborando máscaras para la época de carnaval. Empecé a coleccionar sus máscaras hasta que, fascinado con sus diseños, le propuse que trabajáramos en colaboración. Luego se vinculó Oscar, un niño de 13 años, vecino de Baca en el barrio La Paz, y más tarde apareció Víctor, un desplazado de Santander, que también trabaja vendiendo máscaras en el mercado. Así terminamos trabajando juntos todos los sábados hasta completar el proyecto.

MIR: ¿Por qué repitieron tantas veces la misma máscara?

FGV: Repetimos la imagen de la calavera casi como un mantra para producir este muro de las lamentaciones con cajas recicladas del mercado. Cada caja del mismo representa uno de los 33 departamentos de Colombia y los muertos producidos por la violencia. La técnica de elaboración de las máscaras consistió en colocar capa sobre capa de papel con el fin de remitirnos al proceso de curar heridas (cubrir para sanar).

Saramago, en una entrevista, afirmó: “En Colombia no podremos vivir en paz hasta que la tierra no vomite todos nuestros muertos”. Nosotros intentamos exorcizar esta idea simbólicamente.

 

 

 

 

 

Colectivo Lunamar
Alejandra Díaz (Bogotá D.C, 1961)
Álvaro Mcausland (Barranquilla, 1927)
Proyecto Trazos: Desembocadura del río
Manzanares
, 2013
Dibujo sobre papel, papel recortado,
video.
6 dibujos de 35 x 24 cm. c/u 
Gustavo Adolfo Martínez
(Soledad, 1988)
Remembranzas, 2013
Serie de 16 fotografías digitales en
blanco y negro
30 x 40 cm. c/u

Colectivo Lunamar

Alejandra Díaz (Bogotá, Cundinamarca, 1961)
Álvaro Mcausland (Barranquilla, Atlántico, 1927)

Entrevista al Colectivo Lunamar por María Isabel Rueda

MIR: ¿Por qué decidieron usar el dibujo como medio expresivo para la realización de este proyecto que se fundamenta en el arte ambiental?

CL: Deseamos reflejar en el papel las situaciones que observamos. Dibujar entonces se convierte en un acto equivalente a pensar y en algunos casos tiene la misma intención que escribir o hacer anotaciones. A través del dibujo abarcamos la realidad inmediata como un acto íntimo entre nosotros y las aves que vuelan, bañan, alimentan o descansan en la desembocadura del río. Recurrimos a la imagen ausente a través de la técnica del papel recortado. La dualidad que surge por la ausencia de la imagen en el papel y su presencia en la pared, por el efecto de la luz sobre el dibujo recortado, nos habla de una metáfora que resalta la indiferencia de una sociedad ante el conocimiento consciente de su entorno.

En la serie Herbario de la memoria abordamos el tema de la conservación de la naturaleza gracias al dibujo de algunas especies arbóreas que fueron un referente iconográfico.

MIR: Su trabajo, además de ser muy interesante a nivel formal y estético, es también una propuesta interdisciplinaria participativa. ¿Cómo es la relación de su obra con el público?

CL: Herbario de la memoria es una instalación de dibujos de árboles talados en los que la textura de la madera y los anillos de crecimiento fueron reemplazados por grafismos referentes a la diversidad de especies que existe en la ciudad. El público podía intervenir un mapa de la ciudad para marcar con chinches el lugar donde había existido un árbol que fue talado por alguna razón. Se podía adjuntar la dirección o característica que hacia destacable la relación de este árbol con su comunidad. El tema de la conservación natural es asumido como una acción pedagógica que contribuye al conocimiento, apreciación y protección del medio ambiente.

Gustavo Adolfo Martínez (Soledad, Atlántico, 1988)

Fotógrafo autodidacta independiente.

Entrevista a Gustavo Martínez por María Isabel Rueda

MIR: ¿Tienes alguna vinculación personal con el trabajo en el hato o simplemente eres un fotógrafo que registra su actividad?

GAM: Encuentro muchos tipos de vinculación cuando realizo mi trabajo. En Casanare quedan pocos hatos ganaderos y no existe una memoria fotográfica ni audiovisual de ellos. En mi caso busco la mejor toma, la mejor luz y los mejores rostros. Siempre me comporto como un espectador más y, cuando acaba el trabajo, soy uno más de ellos. Estar entre 15 y 20 días con los vaqueros del hato montando a caballo desde las 6 a.m. a las 5 p.m. es una experiencia que genera más que una vinculación profesional.

MIR: ¿Cómo produces tus series fotográficas?

GAM: Tengo un equipo de trabajo que me ayuda a coordinar las estancias en los hatos y a conseguir el presupuesto con los gestores culturales para poder realizar las tomas aéreas, porque la producción del resto de las imágenes las costeo yo mismo. Para realizar las tomas aéreas trabajo con unos asistentes de campo que, por radio, dan la orden a tierra para que saquen a los animales y los vaqueros se ubiquen en posición para realizar las fotografías.

 

Danilo Mindiola Montero
(Valledupar, 1984)
Llegando a casa / Mosaico arhuaco, 2012
IÓleo sobre lona, 5 piezas
140 m. x 80 cm. c/u

 

Carmen Lucina Rodríguez
(Fonseca, 1958)
Acontecer musical, 2013
Instalación con discos de vinilo
Dimensiones variables
María del Rosario Navarro
(Cartagena, 1968)
Misterios dolorosos, 2008
Instalación. Carbón mineral y fibra
de vidrio
200 x 130 cm. 

Danilo Mindiola Montero (Valledupar, Cesar, 1984)

Técnico en computadores con énfasis en Diseño Gráfico.

Entrevista a Danilo Mindiola por María Isabel Rueda

MIR: ¿Utilizas algún referente fotográfico para realizar tus pinturas? ¿Pintas de memoria u observas la escena?

DMM: En un principio tuve de referencia, para realizar mis primeros dibujos y pinturas, solo las imágenes que recordaba de mi niñez; luego vi que era necesario ser más preciso para obtener mejores resultados y compré una camarita. Sin embargo, todavía realizo uno que otro dibujo a partir de la observación directa.

MIR: Siempre hay un halo de silencio, paz y cotidianidad en las escenas que representas, ¿cómo es el ambiente en el que vives? ¿Se ve reflejado en tus pinturas?

DMM: Ese silencio se aprecia sobre todo al mediodía cuando el sol es más fuerte, pero es relativo pues está presente el susurro del canto de los pájaros y de la naturaleza en general.

No quiero alterar nada de lo que veo y trato de captar esa atmósfera fielmente en mis pinturas, tal y como es, porque es importante para mí. No quisiera que esas sensaciones, que hacen parte de la tradición de un pueblo, desaparezcan con el tiempo y el olvido nos prive de ellas.

María del Rosario Navarro (Cartagena, Bolívar, 1968)

Diseñadora textil de la Universidad Autónoma del Caribe y artista plástica.

Entrevista a María del Rosario Navarro por María Isabel Rueda

MIR: Me parece muy interesante el manejo de la camándula, que se emplea en diversas religiones para hacer rezos repetitivos, como sinónimo de astucia e hipocresía. ¿Cómo conectaste estos dos conceptos aparentemente contradictorios?

MRN: Mi obra, que se titula Misterios dolorosos, intenta conectar la problemática ambiental con el viacrucis sufrido por nuestra tierra a causa de los desastres ecológicos. Esta obra la presenté, por primera vez, en un salón de arte religioso como referente de los misterios dolorosos del Rosario.

La barcaza, que reemplaza a la cruz en la camándula, es el contenedor que cruza cada día el mar transportando toneladas de carbón. La imagen supone una súplica a la buena fe y denuncia la negligencia de los responsables. Los pedazos de carbón, con los que armé la camándula, los encontré en la troncal donde los había desperdigado un camión que transportaba el mineral hacia el puerto. Para la instalación usé arena de la bahía de Santa Marta, que está contaminada con pedacitos de carbón. La camándula asume la forma del mapa de la ciudad de Santa Marta. Esta obra fue realizada para una Semana Santa.

MIR: Anteriormente, ¿ya venías trabajando en lo que podríamos llamar “activismo ecológico”?

MRN: Desde hace más de diez años trabajo en proyectos que denuncian la contaminación ambiental. Todos conocen la canción que dice: “si no fuera por las olas, Santa Marta moriría”. El mar es nuestro tesoro más preciado y la belleza de nuestras playas uno de nuestros mayores atractivos. Con el paso del tiempo hemos visto cómo el interés de unos gremios ha afectado a nuestro más preciado tesoro, nuestra bahía.

Durante el proceso de visualización de esta problemática, he intentado generar diversas acciones simbólicas. Por ejemplo, convoqué a un grupo de sesenta personas, cuyos cuerpos pinté con polvillo color negro, para que caminaran por toda la bahía y después entraran al mar. El polvillo quedó flotando en el agua como pasa cuando las barcazas de transporte de carbón embarcan el mineral en el buque.

Carmen Lucina Rodríguez (Fonseca, La Guajira, 1958)

Artes Plásticas en la Escuela de Bellas Artes de Valledupar.

Entrevista a Carmen Lucina por María Isabel Rueda

MIR: ¿De dónde surge tu gusto por la música vallenata?

CLR: Fonseca, mi pueblo natal, es la cuna del vallenato. Cuna de Luis Pitre que tocó el acordeón con Francisco El Hombre, cuyo verdadero nombre era Francisco Moscote, que era un “mensajero” que hacía la ruta entre los pueblos de las sabanas del Cesar y La Guajira a lomo de burro llevando noticias y recados de pueblo en pueblo. Cuando llegaba a la plaza del pueblo comenzaba a tocar su acordeón y a cantar las noticias y las “razones” que le interesaban a la gente que, al escuchar las notas del acordeón de Moscote, salía corriendo a ver si las noticias cantadas traían esperanza de algún familiar del que no tenía noticias.

Cuenta la leyenda que, en una de sus correrías, Francisco Moscote se encontró en el camino con el mismísimo Diablo, quien lo retó a tocar el acordeón para ver cuál de los dos lo hacía mejor. Moscote le ganó al Diablo tocándole el Credo al revés. La contienda fue debajo de una palmera que quedó chamuscada cuando el Diablo se fue vencido y malgeniado. Debido a lo anterior, se designa a Francisco Moscote como el precursor de la música vallenata.

Tengo vena artística vallenata, pues mi hijo, sobrinos y primos son músicos vallenatos. Fonseca es tierra de cantores, cuna de Luis Enrique Martínez (El Pollo Vallenato), rey del Festival Vallenato, y tierra de inspiración de Carlos Huertas (El Cantor de Fonseca), Julio Vásquez, José María (Chema) Gómez, José Hilario Gómez y muchos más. A finales de agosto se celebra en Fonseca el Festival del Retorno al que acuden muchos artistas de música vallenata. El vallenato lo llevo en la sangre.

MIR: ¿Cómo consiguió todos estos vinilos?, ¿son todos suyos?

CLR: Los vinilos son una colección de mi familia, yo me la apropié para realizar la obra. Luego fui pidiendo discos a amigos, estudiantes y compañeros de trabajo para ampliar la colección que tiene ya más de trescientos discos que organicé por épocas, nombres y colores. Ahora estoy pensando cómo realizar una obra con las carátulas.

María Teresa Solano (Maicao, 1950)
Y se fueron los Rodríguez, 2013
Intervención en el espacio con 10.000
mariposas recortadas a mano con
placas radiográficas
Dimensiones variables

María Teresa Solano (Maicao, La Guajira, 1950)
Diseño de Modas en el Centro para la Educación Superior de Caracas (Venezuela) y Artes Plásticas en el Centro Cultural Goya y en Celo Art Club de Buenos Aires (Argentina).

Entrevista a María Teresa Solano por María Isabel Rueda

MIR: ¿Qué te hizo relacionar la imagen de la mariposa negra con los desplazados en Colombia?

MTS: Un día vi a una mujer que se acercaba a una casa en busca de ayuda para sus hijos. Pedía cualquier cosa…y fui testigo de cómo fue rechazada por los habitantes del lugar que alegaron que los limosneros y los desplazados eran ladrones. Inmediatamente se me vino a la cabeza la imagen de una mariposa negra sacada a la calle a causa de la creencia popular de que traen la desgracia a los hogares donde llegan. Así conecté las dos ideas.

MIR: ¿Cómo consigues las placas radiográficas que son tu material de trabajo?

MTS: Tengo facilidad de acceder a las placas radiográficas por la vinculación de mi esposo con el sector salud. Es frecuente que él lleve trabajo a casa y revise algunas placas, por lo que estoy familiarizada con verlas, interpretarlas e, incluso, entenderlas un poco a través de lo que podría llamarse “una visión interior”, que utilizo en mi obra para ver a través del Ser: su esencia, sus sentimientos, su dolor y sus secuelas.

Me gusta trabajar con material reciclable y gracias a mi esposo he conseguido las placas vencidas. En el momento cuento con unas ocho cajas que contienen, cada una, unas 800 láminas.