Imagen Regional 8 - Bogotá y Villavicencio

Artistas: William Fernado Aparicio, Sebastián Bejarano, Diana Beltrán, Robertson Hernando Buitrago, Carlos Mario Camacho, Paola Correa, Julio Alberto Duarte, Samir Elneser, Lía García, Nelson Gómez, Juliana Góngora, Margaret Mariño, Laura María Melo, Jair Montaña, Catalina Mora, César Augusto Páez, Mateo Pérez, Eduardo Reyes, Maribel Tuta, Ximena Velásquez.

Curaduría: Andrés Gaitán. Esta exposición se realizó en Villavicencio. 

¿Quién se inventó el paisaje?

Un momento específico del Antiguo Testamento, que muchos guardamos en la memoria, recoge en gran medida el comportamiento ético y social que nos rige actualmente, y nos da una lectura sobre la forma en la que hemos habitado el paisaje a la luz de este comportamiento. Una mirada al Caín de Saramago o a las remembranzas de la condena bíblica de este personaje, hechas por Michel Onfray1, nos aclara esta cuestión. Por no haber sido felicitado por Dios, Caín entra en cólera y, en un momento de profunda envidia, mata a su hermano Abel y queda condenado a errar por el mundo como un pecador. En este doloroso momento para Caín poco a poco vemos cómo el dolor y la pena sufrida por el castigo divino terminan por abrir nuevos horizontes para la construcción de pueblos, civilizaciones y naciones. Nos interesa este recorrido pues, a partir de un pasaje religioso, podemos ver, en nosotros mismos, lo que ese descubrimiento del paisaje significó. Un descubrimiento doloroso manchado de envidia y de abandono pero que propició, de manera extraña aunque eficaz, el asombro de quien erra por el paisaje sin fin. El errante y nómada, en un momento dado, se entrega al mundo, se hace mundo, se vuelve mundo y se convierte en una parte minúscula de este. Se deja llevar por el paisaje para convertirse en paisaje él mismo.

Pero con el paso del tiempo, y como hijos de aquel Caín, hemos errado por el mundo tratando de entenderlo y de subordinarlo dentro de un marco positivista y, en esa medida, nos hemos distanciando de él como si fuese un ente distinto a nosotros. Ya no somos parte de ese paisaje sino que lo hemos amaestrado y lo hemos construido a nuestro acomodo y bajo el halo de normas extrañas a él. El paisaje no es lo que era, pues se ha convertido en una entidad extraña al ser humano, como si, por instantes, no hiciera parte de nosotros. Entra, sale, cambia, deambula con el ser humano, sin él o a pesar de él. Decía Michel Serres:

"Ya no pregunten cómo se ve el paisaje, esa es una pregunta de niño consentido que nunca ha trabajado; busquen cómo lo dibujó el jardinero, cómo el agricultor, desde hace millares de años, lo compuso lentamente para el pintor que lo muestra al filósofo en los museos o en los libros2".

La distancia que hemos construido con el paisaje es tan corta y, a la vez, tan infinita como el horizonte que lo habita. Aun así, el paisaje sigue siendo “extraño” tanto para el errante que hizo parte de él, en un momento de nuestra historia (o de la historia que hemos traído a colación), como para el campesino o el citadino que trató de domarlo y someterlo. Lo uno ni lo otro le quitan el sentimiento de culpabilidad, la capacidad de asombro o el talento creativo a quien se pregunta por el paisaje.

Por ello, en esta selección de obras, se ha querido entender la forma como estos artistas se han relacionado con el paisaje y la manera como lo han ido construyendo o entendido, pero principalmente cómo lo sienten. El género del paisaje, si así se puede clasificar, tiene la oportunidad de ser visitado una vez más en la Historia del Arte, porque parece ser que el paisaje, o la idea que tenemos de paisaje, ha vuelto con una fuerza inusitada a la mirada del artista3. El paisaje ha irrumpido como si reclamase algo que había perdido o algo que nosotros le habíamos arrebatado. La obra de estos artistas permite percibir como se construyen las nuevas maneras de ver el paisaje y entender las nuevas poéticas sobre él mismo.

En esta exposición hay tres momentos diferenciados que pueden conectarse y que ayudan a penetrar el umbral de los múltiples paisajes que surgen del contacto de estos artistas con su entorno:

1. Paisaje construido


Julio Duarte (Ubaté, 1961)
Trabajo del Llano en invierno y verano, 2014
Fotografía
Dimensiones variables

El paisajismo es una suerte de disciplina que se fue “dando naturalmente” desde los inicios de la Arquitectura y de la perspectiva. De la Italia renacentista, o quizás antes, salieron paisajistas entre los que se destaca André Le Nôtre quien fue el jardinero de Luis XIV durante cerca de sesenta años y a quien le debemos el diseño de paisaje del Palacio de Versalles. Bien sea por la imposición y fuerza del ser humano ante las adversidades de la naturaleza o de la historia (como puede verse en la obra de Julio Duarte o de Robertson Buitrago), por la deconstrucción de paisajes privados y públicos (como se alcanza a entrever en la obra de Margaret Mariño y Ximena Velásquez) o por la manipulación de la imagen para someter al espectador a sus propios juicios acerca de lo que es un paisaje (como sucede con Lía García, Sebastián Bejarano y William Aparicio), queremos entender cuál es el impulso que nos “obliga” a construir nuevos paisajes. Estas aproximaciones, aunque sencillas, no son casuales. Su sencillez invita a preguntarse por el sentido que va más allá de la superficie de la imagen.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Robertson Hernando Buitrago
(Puente Nacional, 1982)
Memoria visual, 2013
Óleo sobre lienzo y video
Dimensiones variables con video de 9 min.
Lía García (Bogotá, 1982)
De la serie Arquitectura rizomática, 2012
Sellos en pared
Dimensiones variables
Sebastián Bejarano (Bogotá, 1986)
H, 2013
Fotografía
Dimensiones variables

Paisaje adulterado4

Hemos sido testigos del modo como se han diseñado ciudades y ciudadelas5, o se han reforestado tierras erosionadas en un intento por mitigar las inclemencias del clima o las acciones del ser humano. En este caso la pregunta estaría orientada a tratar de comprender por qué hemos violado el paisaje o qué es lo que nos falta hacerle al paisaje para usurparle su esencia. Lo curioso es que, a pesar de nuestro largo intento por “matar” el paisaje, este sigue mostrándose irónico frente a las vicisitudes (como en la obra de Catalina Mora o Mateo Pérez). Lo angustiante es que por más que hemos adulterado el paisaje rural para convertirlo en un bosque de cemento, este presenta los mismos rasgos del paisaje adulterado: herido y con huellas de una historia por contar (como podemos apreciar en la obra de Nelson Gómez y Samir Elneser). Lo incómodo del paisaje que hemos construido es la “entropía” que lo ha transformado (como sucede en la obra de Laura Melo y Diana Beltrán). Este punto, sin duda, suscita una incomodidad permanente porque pone de manifiesto el fracaso del ser humano6 para confrontar el paisaje violentado.

   
Ximena Velásquez (Cumbitara, 1979)
Naufragios, 2012
Fotografía digital
Dimensiones variables 
Margaret Mariño (Bogotá, 1987)
Cruces y cauces/Cartelismo, 2013
Serigrafía
Dimensiones variables


William Fernando Aparicio
(Bucaramanga, 1985)
Pausa intercorográfica, 2013
9 fotografías con escáner
60 x 60 cm. c/u

   
Mateo Pérez (Medellín, 1973)
Sin título. De la serie sobre el Salto de
Tequendama
, 2014
7 fotografías
120 x 105 cm. c/u 
Nelson Gómez (Bucaramanga, 1971)
Busetas popaps, 2013
10 dibujos y collages
77 x 41 x 4 cm. c/u

 

Diana Beltrán (Bogotá, 1978)
Panorama, 2012
Díptico de fotografía
58 x 63 cm. c/u


Paola Correa (Bogotá, 1981)
Celare Vultus V, 2014
Video-performance
1 min. 35 seg.

Paisaje emocional

El cuerpo siempre estará presente en la manera como percibimos y confrontamos nuestro entorno. Sin embargo, en las obras que se mencionan a continuación hay algo que se materializa porque el cuerpo se las apropia y el paisaje, de manera extraña, se hace cuerpo y se funde con él. Salen a relucir, como por arte de magia, los apuntes de Da Vinci quien comparaba los ríos que surcan las montañas con las venas del cuerpo y afirmaba que, a pesar de su fragilidad, podían producir grandes cambios (así lo podemos ver en la obra de Paola Correa, Eduardo Reyes y Jair Montaña). Le imprimimos al paisaje connotaciones humanas al punto de que este se convierte en la metáfora de un momento dado, como cuando percibimos en un paisaje urbano o rural de Edward Hopper el peso de la soledad o la atmósfera tensa de la espera (de la misma manera vemos este trasegar por el paisaje en Juliana Góngora y Maribel Tuta). Finalmente, el paisaje se ha perdido dentro de la relación formal que tenemos con el horizonte y este ha optado por cambiar de perspectivas y de centros de gravedad (así lo podemos apreciar en Carlos Mario Camacho o César Augusto Páez). 

   
Samir Elneser (Bogotá, 1989)
Caso “San Román”, 2011-2013
Instalación con materiales encontrados
Dimensiones variables 
Catalina Mora (Bogotá, 1988)
Sin título, 2014
Video-instalación
7 videos de 1 min. 10 seg. en loop 
   
Eduardo Reyes (Villeta, 1962)
Ensayo negro, 2013
4 dibujos digitales
70 x 100 cm. c/u 
Laura María Melo (Paipa, 1988)
Sin título 1, 2013
Fotografía
110 x 80 cm.

Invitamos al espectador, a partir de estos conceptos, a que le de una oportunidad al paisaje en estas y muchas otras facetas que puedan estar ocultas. Dejemos que el recorrido por la exposición sea un permanente cuestionamiento sobre el momento en el cual empezó a existir el paisaje, o la idea de paisaje, para quedarse como parte de nuestras más profundas reflexiones.

Notas de pie de página

1 Véanse José Saramago, Caín, Alfaguara, Bogotá, 2009 y Michel Onfray, Théorie de Voyage, poétique de la géographie, Librairie Générale Francaise, Paris, 2007. Volver a 1

2 Michel Serres, Los cinco sentidos. Ciencia, filosofía y poesía del cuerpo (Capítulo 4, “Visita”), Alfaguara, Bogotá, 2003. Volver a 2. 

3 Recibí cerca de 240 portafolios para hacer la curaduría de esta versión de Imagen Regional y he podido constatar, además de verlo en mis estudiantes universitarios, que el interés por el paisaje es cada vez más intenso. Es posible que se deba a la onda ecológica que envuelve al mundo en esta época y que nos ha puesto frente a un problema que nosotros mismos, los seres humanos, hemos creado. Sin embargo, es un hecho que el interés por entablar una conversación con el entorno está presente en una gran cantidad de artistas. Volver a 3.

4 Tomamos la palabra adulterado como falsificación, daño, violación o adulterio (entendido este último como acceso carnal con persona distinta al cónyuge). Esta última acepción se nos antoja como la incomprensión total de lo que es el paisaje y como una modificación de su esencia para convertirlo en una cosa para la cual no estaba destinado. Volver a 4.

5 Revisemos, en la historia reciente, los diseños de ciudades de Le Corbusier o el papel que jugaron Lucio Costa y Oscar Niemeyer en el diseño y construcción de Brasilia (aunque queda oculto el nombre de Roberto Burle Marx quien fue el diseñador de su paisaje urbano). Volver a 5

6 Algunos de los programas más sobresalientes de reforestación en tierras americanas son los de la fábrica de cosméticos Natura y los de las productoras de papel Cartón de Colombia y Carvajal Pulpa y Papel, empresas que manejan negocios que van en contra de la naturaleza. Gracias a estas empresas el paisaje se construye y de-construye permanentemente. Volver a 6.