Imagen Regional 8 - Honda, Ibagué y Neiva

Artistas: Juan Camilo Arévalo, Alberto Argüello, Katherine Bello Gómez, Gustavo Córdoba "Soto", Jorge Alberto Delgado, Ruth Stella Forero, Lilian Rocío García, Néstor Emilio Maragua, Moisés Morales, Tatiana Moreno Arciniegas, Cielo Neidy Ramos, Graciela Romero, Segundo Salamanca, Carlos Alfonso Vargas, Jairo Andrés Vergara.

Curaduría: Santiago Vélez. Esta exposición se realizó en Ibagué.

Hacer un recorrido por las ciudades de Ibagué, Neiva, Honda y sus alrededores con el propósito de encontrar, en las formas de producción plástica y visual de sus artistas, un lineamiento conceptual que las articule, es, en definitiva, tan complejo como la misma geografía que las demarca en paisajes tan variopintos como dispersos y fluctuantes. De igual forma que esta exuberante territorialidad, se nos presentan estas propuestas artísticas que intentan consolidar pensamientos propios de la naturaleza del arte como también de las incidencias que imponen el lugar, el tiempo y la realidad que se impregnan en los artistas y en sus obras. 

Así, existen premisas fortuitas, que dan cuenta de condiciones particulares que confluyen en tratamientos estéticos similares para abordar la complejidad de nuestro tiempo, dadas por factores determinantes que evidencian el pensamiento de un entorno, tanto político como social, y que estos artistas asumen como si fueran los abanderados de una causa o los precursores de una idea.  

 

 

 

 

Alberto Argüello (Nicaragua, 1954)
Gestión, 2014
Óleo sobre lienzo y bastidor
90 x 110 x 10 cm. 
Moisés Morales (Bogotá, 1980)
Error/Valor 1, 2013
Mixta sobre lona
180 x 450 cm. 
 

 

 

 

 

Jorge Alberto Delgado (Ibagué, 1958)
Imágenes y reflejos 1, 2013
Fotografías
15 piezas de 30 x 45 cm. c/u. 
Néstor Emilio Maragua (Neiva, 1969)
Chamán, 2014
Instalación con neón, impresión digital
y lámina de acrílico
250 x 100 x 15 cm. 

Estas premisas se evidencian en la exposición de diferentes maneras: la primera podría aludir a la idea de una posible reconstrucción pictórica en obras como Gestión, de Alberto Argüello, con respecto al espacio de la pintura. En ella, por la sumatoria de superposiciones arquitectónicas, a partir de elementos que irrumpen en la tela, la dimensión pictórica se amplía al lugar del reverso para extrapolar la mirada como si el bastidor mismo se convirtiera en un lugar físico y transitable que alude a una estructuración formal más compleja que la misma composición plástica de los trazos, el color y las formas. Por otra parte, Moisés Morales, con su obra Error/Valor 1, logra evidenciar el accionar azaroso de la pintura en una superficie que parece no tener límites debido a la desaparición del marco como contenedor, de modo que su expansión en el espacio sirve para apreciarla en toda su dimensión. Los gestos internos y externos de su pintura en gran formato se manifiestan como una sumatoria de elementos en los que el vacío se apropia de las cargas que dejan accidentes y acciones externas al acto mismo de pintar y que se resaltan en la grandilocuencia de sus manchas, expresiones y gestos pictóricos. Así mismo, y como una irónica contradicción, encontramos la serie fotográfica Imágenes y reflejos 1, de Jorge Alberto Delgado, que se suma a estas mismas divagaciones pictóricas. Las fotografías se apoyan referencialmente en una escultura en acero, que, gracias al reflejo de su superficie, altera el espacio circundante al que la imagen fotográfica está sujeta, como indicio de la realidad, y dota a la misma de anomalías visuales en formas liquidas y fluidas de una materialidad que pierde solidez para convertirse en color y expresión. 

Otra premisa, que propicia un acercamiento conceptual desde diferentes tratamientos plásticos, se presenta como una reivindicación territorial donde la carga ancestral y la geopolítica ayudan a dar sentido y, a la vez, se convierten en reclamo. La obra Chamán, de Néstor Emilio Maragua, es una clara evidencia de esta exigencia. Con esta instalación, el artista señala, con especial sutileza, la transformación mítica de nuestro tiempo y la de los espejismos que la historia inmortaliza. Una escultura de la cultura agustiniana es envuelta precariamente para su manipulación y traslado mientras que un neón casi publicitario se superpone a esa imagen para sustituir el impacto cultural por el mediático, lo sagrado por la vanidad, el origen de los tiempos por la instantánea de un ahora difuso y cambiante. Por su parte, Camino a San Agustín, de Segundo Salamanca, retoma el interés por el territorio de esta zona en particular pero abre la reflexión sobre toda la geografía del Macizo Colombiano que vibra por el esplendor de su colorido y la armonía de su topografía. En estas pinturas se superponen el color y la mancha a las representaciones de petroglifos representativos de aquella cultura que clama por su inserción en el lugar de la memoria y el respeto y que, al resaltarla desde y con la pintura, se manifiesta en su forma y se sobrepone a sucumbir en el olvido o la desidia política.

Así mismo y con otras connotaciones espaciotemporales, las pinturas y fotografías Puente San Francisco, a la derecha la edificación de la iglesia Sagrado Corazón de Jesús en 1765 y Saltos del río Magdalena en Honda en 1855, Honda-Tolima, de Ruth Stella Forero, registran, como un documento periodístico, las acciones del tiempo y sus eventuales contingencias. En las pinturas se manifiesta la mirada de quien pinta, su pasión y afectos por el lugar de la remembranza, y el cuidado y atención a los detalles que dotan de carisma al colorido paisaje; pero, al mismo tiempo, las fotografías, que las acompañan, constatan otra realidad que somete al espectador: la de lo que fue y su trascendencia en la memoria del pasado, que impera sobre la actualidad, en una compleja armonía discontinua y dispersa. Tal vez a eso mismo, a los tiempos disimiles que parecieran tocarse de lado, quiera aludir Katherine Bello Gómez con sus fotografías El arte es como el cielo, te olvidas que estás en la tierra, en las mismas, la presencia del cielo, que no tiene coordenadas, nos des-ubica y la artista la explora en su movilidad geográfica sin pertenencia, pero que se arraiga en los nuevos lugares que surca y de-limita en el paisaje terrenal al que se extiende.


Segundo Salamanca (San Agustín, 1949)
Serie Camino a San Agustín, 2011
Óleo sobre lienzo
6 piezas de 115 x 75 cm. c/u 


Katherine Bello Gómez (Bogotá, 1983)
Verdes campos de vida y solaz, 2013
Fotografía
3 piezas de 40 x 100 cm. c/u


Ruth Stella Forero (Puerto Salgar, 1969)
El arte es como el cielo, te olvidas que estás
en la tierra
, 2011
Óleo sobre lienzo y fotografía en blanco
y negro
Pintura: 89 x 130 cm. Fotografía: 34,5
x 45 cm.

Termina esta reivindicación territorial una obra que busca más profundamente en las entrañas de la tradición la expresión del contexto zonal, cultural y ancestral: Hijoelapo, de Gustavo Córdoba “Soto”, manifestación plástica de una herencia que late en el oficio del artista poseedor de la esencia de sus gentes, músicas, bailes, sabores y costumbres, y que clama por encontrar una extensión de su función creativa donde la música y los instrumentos se combinan con el lienzo y la pintura para dar vida a la expresión misma del lenguaje que se impone valeroso y satírico.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Gustavo Córdoba “Soto”
(Campoalegre, 1956)
Hijoelapo, 2016
Instalación con pintura al óleo sobre
tela y objetos
Pintura: 115 x 145 cm. Objetos: 70 x 145
x 40 cm. 
Juan Camilo Arévalo (San Antonio, 1993)
Construcción de cuerpos asexuados: género,
2013
Performance
Duración: 1 hora 

Una tercera equivalencia de sentido lo conforman las preguntas sobre la noción de identidad, ligadas a la alusión sobre género, cuerpo y consumo de la existencia. Se observan así obras como Construcción de cuerpos asexuados: género, de Juan Camilo Arévalo, que, a través de un perfomance, da cuenta de la acción externa del otro en la reconfiguración de un cuerpo, una fisonomía o, incluso, un género. El cuerpo es representado en el papel y, al mismo tiempo, en la piel de quien lo habita para que el espectador termine de amoldarlo, según los criterios de su propia realidad o deseo, para generar un cuerpo ambiguo y desprovisto de características genéricas. La instalación Diario del cabello, de Cielo Neidy Ramos, es, sin más, los vestigios de lo que hemos sido. En ella, usando como elemento simbólico sus propios cabellos recolectados durante un mes, la artista propone la reinvención de un cuerpo que se desgasta y que va quedando casi en el olvido, el tiempo se convierte en el pretexto y el regulador de una acción que entraña la pérdida y resurgimiento de eso que morfológicamente se es. Sin embargo, Amor-fo, video instalación de Lilian Rocío García, es la antítesis a ese tiempo que se pierde en el accionar de los días. Es más bien la presencia y la marca que se generan tanto en la fisicidad de los órganos internos como en la materialidad de los objetos externos que secundan el vivir y que signan una existencia sitiada por el dolor y la fricción. La artista expone y se impone a la adversidad con los elementos y ritos que amolda, en su día a día, al cuerpo y a la inmanencia de su reclamo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cielo Neidy Ramos (Inzá, 1986)
Diario del cabello, 2013-2014
Instalación con objetos y cabello
Dimensiones variables

Lilian Rocío García (Ibagué, 1974)
Amor-fo, 2014
Videoinstalación
Dimensiones variables. Duración del
video: 7 minutos

El performance Agua-Tierra, de Tatiana Moreno Arciniegas, es, como última instancia, la apelación al cuerpo como inherente al sujeto: la complejidad de los movimientos de la danza butoh impregna la relación cuerpo-mente-espíritu, entes que suponemos ajenos y que aquí se fusionan por la fuerza del cuerpo y también por la fluidez y volatilidad de los gestos que sugieren los límites que este cruza al expresarse en función de esa gestualidad punzante que relata la complejidad metamórfica y mutante de su origen y posible final. 

 

 

 

 

Tatiana Moreno Arciniegas (Armero, 1984)
Agua-Tierra, 2010
Performance danza butoh
Duración: 45 minutos 
Graciela Romero (Puerto Salgar, 1947)
Encajonados, 2013-2014
Instalación con objetos encontrados, acrílico,
papel, resinas y madera
Dimensiones variables. 42 piezas de 22 x 55
cm. c/u 

 

   
Jairo Andrés Vergara (Ibagué, 1985)
Paisaje con soldados, 2013-2014
Fotografía
60 x 270 cm. 
Carlos Alfonso Vargas (Honda, 1959)
Sumas o restas, 2014
Instalación con técnicas mixtas
Dimensiones variables 

Para terminar, unas divergencias cotidianas dan pie a propuestas que se cuestionan el momento y la realidad en la que vivimos. La obra Encajonados, de Graciela Romero, se presenta como un señalamiento político a una condición adversa pero común en nuestro país, el desplazamiento forzado, que es representado “encajonado” en recipientes de desecho reciclados y recontextualizados en función de la sumatoria y la repetición, así adquieren la fuerza de los seres sujetos al olvido que la sociedad encasilla en cifras, en quien perpetra el daño y en un Estado silencioso que relega, omite y permite. Paisaje con soldados, de Andrés Vergara, es también otro reclamo. Aquí, un paisaje común empieza a distorsionar lo idílico con apuntes contrarios a los habituales; un camuflaje anómalo y confuso pone al paisaje y al soldado en contextos que no les corresponderían en la analogía de la guerra y el conflicto, pero que, a su vez, humanizan a sus protagonistas en función de una onírica sensación de libertad o incluso de paz. La obra Sumas y restas, de Carlos Alfonso Vargas, es el grito mudo que espera un eco en la subordinación de la realidad. En ella la demanda de un futuro, representado en alusiones a la infancia, clama por un mejor mañana que en el presente se nos muestra viciado de muerte y desesperación. La suma de elementos y olores carga de sentido la expresión de un artista que toma la vocería del pueblo para denunciar el daño, la barbarie y la inclemencia de sus precursores en pro de un inminente cambio.