Imagen Regional 7
Tocado • Paula Usuga
Límite • Juan Camilo Londoño
Inventario en baja resolución • Felipe Flórez
De la serie innominados (la sombra del vacío) • Danilo Cuadros
Circular pendiente 1 • Nadir Figueroa
Esférico aéreo 1 • Nadir Figueroa
No soy un verdadero artista • Ricardo Alzate Calle
Paso • Lindy María Márquez

Imagen Regional 7 • Medellín

 
CuraduríaConrado Uribe

Obras: Paula Usuga, Juan Camilo Londoño Manco, Felipe Flórez, Danilo Cuadros, Nadir Figueroa, Ricardo Andrés Alzate Calle, Lindy María Márquez H.

A diferencia de las otras regiones con las que tuve la oportunidad de trabajar en el marco del Proyecto Imagen Regional VII, la ciudad de Medellín y el departamento de Antioquia constituyen el lugar en el que nací y el espacio en el que baso mi acción actualmente. Eso puede ser una condición ventajosa, pero al mismo tiempo dificulta la tarea por cuanto supone conocer el entorno. Entonces, la primera condición que me impuse fue la de tratar de desprenderme de cualquier tipo de prejuicios para ver poder ver las cosas. ¿No es ese acaso uno de los aprendizajes que se derivan de la relación con el arte, práctica cultural que no da nada por sentado, que mira el mundo desde afuera y desde adentro al mismo tiempo, levantando maneras inéditas de comprender los entornos y relacionarse con ellos? Una postura semejante implica intentar desprenderse del atribuido lugar de poder y prepotencia en el que se ha puesto al curador de arte contemporáneo, puesto que busca anteponer la duda y la incertidumbre al (supuesto) conocimiento prejuiciado e impositivo.

Si bien la ciudad de Medellín presenta un campo artístico mucho más saludable que otros lugares del país en términos de dinámicas culturales, instituciones educativas, gestoras y divulgadoras de las prácticas artísticas, eventos y agentes múltiples que inciden directamente con su operación en el contexto, un proyecto como Imagen Regional es siempre necesario porque contribuye a ampliar y diversificar los procesos de apropiación y circulación de propuestas emergentes en lo local, y a extender posibilidades reales de articulación e intercambio en el plano nacional. De allí se derivan, al mismo tiempo, algunos de los propósitos que, en el largo plazo, no se pueden perder de vista en el horizonte que plantea la exposición. En las obras escogidas se reconoce un interés marcado por lo urbano, en el sentido de ser urbanita y no por la ciudad en sí misma.

Aunque puede ser Medellín, es lo que hace urbana a esta ciudad lo que se devela en los distintos proyectos que constituyen la presente versión de Imagen Regional. ¿Se puede identificar lo urbano con la ciudad y viceversa? ¿Son palabras intercambiables? O, más bien, ¿se pueden establecer diferencias entre ellas? Para el antropólogo español  Manuel Delgado, la ciudad está constituida por las construcciones y los volúmenes: casas, aceras, vías, parques, edificios, etcétera, mientras que lo urbano es todo lo demás, es decir, ese universo informe, viscoso, agitado, inaprensible y en permanente circulación que resulta de sustraer la arquitectura de la ciudad. La vida urbana, como producto, es esa forma de ser y vivir en sociedad estructurada a partir de la oscilación, la inestabilidad y el temblor. ¿En qué medida están mutuamente determinadas, al punto de que a cada ciudad le corresponda un determinado tipo de despliegue y flujo de lo urbano? En cualquier caso esta muestra recoge esa condición inestable, líquida, que obliga a transitar, a circular, a dar saltos entre distintas regiones, a insertarse en distintos regímenes espaciales y ritualidades, lo que recoge esta muestra.

Sin embargo, este es un punto de llegada y no una hipótesis desde la cual se partió y que se buscaba demostrar. Fue el resultado arrojado por la acción de “escuchar” las potencias y latencias de las propuestas más contundentes que se presentaron a la convocatoria.

Danilo Cuadros propone la obra Innominados, pieza escultórica en la que se alude a la ciudad, pero en la que importa la condición de abandono y soledad que evidencia el único su-jeto del paisaje, el cual aparece acompañado por dos edificios y un poste de luz. En el aislamiento aludido está el poder de sugerencia de la obra, determinado quizás por ese espacio sólido, corpóreo, el cual destaca, aplasta y define los elementos, dándoles sentido y significado. ¿Es acaso el espacio el que se impone y señala un cierto destino en ese mundo? Esa parece ser la afirmación de Cuadros. Nadir Figueroa, por su parte, participa con la serie Circulares, dilataciones y confluencias. Pintor de grandes cualidades técnicas, Figueroa no niega el lugar de la fotografía como un importante soporte técnico en el proceso de realización de las obras, las cuales se pueden ver materializadas como objetos-dioramas que recogen principios básicos de la geometría en su configuración formal, confrontando al mismo tiempo la bidimensionalidad pictórica al articularse con aditamentos y desplegarse sobre objetos que reiteran irónicamente el nombre de los “accidentes topográficos” de la(s) ciudad(es) que interpreta. En su obra, Límite, performance realizado en el centro de Medellín, Juan Camilo Londoño continúa con una serie de reflexiones que lo sitúan como un mirón crítico de su propia ciudad, en la que las tensiones entre la seguridad y la libertad, el orden y el control se manifiestan a través de prácticas sociales e intervenciones arquitectónicas que aíslan, separan, marcan, dividen y excluyen. Utilizo detalles de la vida diaria que potencio en el performance como signos, elementos simples que refieren problemáticas generales […] […] el concepto de seguridad es un punto de partida para hablar a la vez de asuntos como la exclusión social o la vigilancia panóptica por parte de poderes institucionales […] […] el contexto colombiano está cada vez más invadido de pensamientos políticos que eliminan o aíslan lo diferente.

La serie de dibujos titulada No soy un verdadero artista, de Ricardo Andrés Alzate, puede comprenderse desde la perspectiva de un ejercicio de apropiación con el que parodia la obra Soy un verdadero artista realizada por el conceptualista inglés Keith Arnatt en la década de 1960. Alzate levanta un ejercicio auto-reflexivo y auto-crítico con el que sigue aportando nuevos elementos frente a preguntas conflictivas que han contribuido a definir las propias prácticas artísticas desde los movimientos modernistas: ¿cómo se comprende el artista contemporáneo a sí mismo? ¿Qué visión tiene el público de su rol social? Y quizás, ¿cómo se ha reconfigurado su accionar en la contemporaneidad? Destaca el hecho de reconocer y re-interpretar por medio de la imagen la presencia e intromisión de múltiples referentes artísticos que no solo están en el campo de la visualidad o lo plástico, sino también en la poesía y la música: presencia e intromisión que nos obliga a pensar en las cualidades transdisciplinarias del conocimiento y el accionar humano.

En una línea cercana está la obra Inventario en baja resolución, de Felipe Flórez, la cual parte de una pregunta por el lugar y el modo en el que se definen las imágenes empleadas por los libros de ciencias en los procesos de comunicación y transmisión de contenidos e información en los procesos formativos. Las estrategias representativas utilizadas por los discursos hegemónicos de la cultura occidental, con su compartimentalización, fragmentación y abstracción de la realidad no solo transmiten una forma particular de comprender el mundo, sino que ayudan a garantizar la reproducción de dicha episteme. En este proceso de acumulación, intervención y manipulación de las imágenes, Flórez invita a tomar conciencia crítica del tipo de racionalidad y discursividad a las que obedecen.

Lindy García Márquez
participa con la obra Paso, una video-instalación basada en un performance que hace parte de la serie de piezas titulada Más grande que un solo ser. En ella la artista reflexiona sobre su condición de gemela, apuntando metafóricamente a la infancia, a las experiencias comunes que se derivan del vivir juntas. Y en ese camino es capaz de superar las referencias particulares o anecdóticas, apuntándole a una pregunta más amplia por la memoria: Los lugares que recordamos son tan leves que algunas veces se convierten en vacíos y en espacios de paso, sirviendo como escenarios poéticos que soportan nuestras historias, situaciones, sentires, construcciones y de-construcciones particulares, en un encuentro con el otro […]. Vinculada también a unas experiencias personales, Paula Usuga presenta la instalación Tocado, en la que el título alude tanto a una conjugación del verbo tocar, al peinado y ador-no que utilizan las mujeres en la cabeza y al hecho de quedar perturbado o afectado por algún tipo de lesión. Partiendo del cuestionamiento a esas historias que la sociedad invisibiliza, como la violencia asociada al género, el cuerpo (propio, representado o mediado) es vehículo y referente de la acción artística de Usuga. En esta obra, las muñecas de porcelana, con su fragilidad, son el símbolo de los daños irreparables que pueden sufrir la mente y el cuerpo de un niño al ser violentado.

El arte, o mejor, las prácticas artísticas son, sin duda, productos entregados por una época y los distintos contextos culturales que esta permite. Se deben a ellos. Dichas prácticas reflejan, señalan, cuestionan y critican sus devenires, conflictos, intenciones e intereses. Valoramos la experiencia del arte por su alto nivel de eficacia simbólica, porque nos devuelve distintos, haciéndonos mirar las cosas de formas inéditas, cuestionando los paradigmas según los cuales comprendemos y vemos el mundo. Ahí radica su potencia.