Autopista del sur original de 1980, 100 x 100 cm. © Fundación Augusto y León Ferrari - Arte y Acervo
Camas (detalle), original de ca. 1982, 95 x110 cm. © Fundación Augusto y León Ferrari - Arte y Acervo

León Ferrari
Desde el 31 de marzo hasta el 4 de julio - Entrada gratuita
Museo de Arte Banco de la República, Piso 2 - Calle 11 # 4 - 21

 

Autopista del sur original de 1980, 100 x 100 cm.
© Fundación Augusto y León Ferrari - Arte y Acervo 

Brasil

¿Por qué debió irse del país?
Nos exiliamos en San Pablo en 1976. Nos fuimos nueve personas cuando el Ejército entró una noche en la casa de mi hermano César buscando a uno de mis hijos. Lo hicimos no sólo por el peligro que corría la familia, sino también por el que corría Ariel, dado que la represión apresaba a familiares para obligarlos a denunciar al que estaban buscando. Él se quedó a pesar de que había señales claras del peligro que corría, pero no hubo manera de convencerlo. (...) La última carta que recibimos de él era de Valeria del Mar. Dejo de escribir a fines de febrero y nosotros no hicimos ninguna denuncia porque teníamos miedo de perjudicarlo. Recién en septiembre de 1978 recibimos la noticia de que lo habían matado. Según las denuncias que se hicieron en París en 1977 llego muerto a la Escuela de Mecánica de la Armada en febrero de 1977. En algún reportaje dijo que en caso de exilio hay que ir al Brasil.

¿Qué fue lo que recibió en aquel país que lo lleva a tal afirmación?
La gente está mucho más liberada, los brasileños tienen menos prejuicios. Además, yo salía de un clima muy difícil en Buenos Aires. Encontré un ambiente creativo que me gustó mucho y me vinculé enseguida con artistas. Me alquilé un taller y empecé a trabajar profesionalmente en el arte y a retomar todo lo que había dejado de hacer después del avión: las esculturas en metal, los dibujos, los collages.

¿En qué cambió su trabajo cuando decidió “profesionalizarse”?
Desde 1976 volví al arte abstracto en forma profesional con la idea de ganarme la vida en Brasil, ahí sí dejé la ingeniería, en la que había estado trabajando todo ese tiempo, ya tenía 56 años, lo que me limitaba las posibilidades de conseguir trabajo, así que volví a hacer los dibujos y las esculturas en metal que había abandonado diez años antes.

¿Experimentó mucho en aquellos años?
Sí, fue una época de mucha experimentación e incorporación de otros medios: el Letraset, la fotocopia, el sello, la heliografía, el arte postal, las planos… También empezó a aparecer la figuración, con elementos claros como los de la arquitectura, eso fue como recibir un regalo… he de decir que a mí me cambió la imagen, pues al utilizar el Letraset fui llegando a concepciones figurativas.

¿Qué lo impulsó a utilizar medios de reproducción mecánica? ¿Había un movimiento local que estaba elaborando estrategias de inserción de materiales en la sociedad, tratando de ir más allá del mercado?
Por un lado, lo que sucedía en el Brasil era que había fotocopias muy buenas, entonces realizábamos reproducciones de obras, libros de artistas, éramos como treinta artistas y les poníamos números a las fotocopias y las vendíamos muy baratas. Participé con Regina Silveira, Julio Plaza, Carmela Gross, Hudinilson y otros en esa experiencia. Había un clima creativo muy lindo.

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© Fundación Augusto y León Ferrari - Arte y Acervo