La casa que alberga el Museo Botero


 

La primera noticia que se tiene de la casa que actualmente recibe a la Donación Botero data de 1724, cuando el Arzobispo Antonio Claudio Álvarez de Quiñónez adquirió el terreno a medio construir y se ocupó hasta 1733 en adecuarla como habitación de los arzobispos que llegaban a la capital.

Después de la muerte de Álvarez (1736), la casa fue ocupada por los arzobispos de Santafé, con excepción de Martínez Compañón. Antonio Caballero y Góngora, obispo entre 1788 y 1790, le hizo importantes mejoras y dejó allí su amplia biblioteca y una notable colección de arte: según Daniel Ortega Ricaurte, entre estas estaban obras de Tiziano, Miguel Ángel, Reni, Murillo y Velásquez. En el siglo XIX el obispo Vicente Arbeláez se encarga de mejorar su estado a partir de los planos de Bartolomé Monroy. Las descripciones de la edificación señalan una construcción austera pero sólida, reconocida por los habitantes de la ciudad y a la que se le atribuía cierta solemnidad, aunque de Palacio no tuviera sino el nombre.

La casa tuvo chimenea, lo que en Bogotá resultaba exótico; según José María Caballero algunos viajeros se sorprendían por que solo en dos residencias encontraron el calor de la leña. Los vecinos atribuían maleficios a la chimenea,pues el que se calentaba salía al frío bogotano y prontamente encontraba su final.

Al lado Tomás Reciente construyó el edificio definitivo de la Casa de moneda, entre 1753 y 1756. Esta casa se convierte en el lugar más representativo de la calle, tanto así que es nombrada como Calle de la Moneda.

Este vecindario fue morada de personajes históricos: Luis Caycedo y Flórez, alcalde de primer voto de la ciudad, cuya casa estaba en el sitio de la actual Plazoleta de Vásquez Ceballos, José Ignacio de Márquez, presidente de la Nueva Granada, Juan Hernández de Alba, Gregorio Vasquez de Arce y Ceballos, Francisco Cortázar y Primo Groot.

La casa fue también blanco de ataques. En la revuelta conservadora de 1862, mil hombres en contra de Mosquera atacan la ciudad y una parte del Palacio y la Casa de Moneda son quemadas. Más adelante, en 1886, empleados del Estado se llevaron a la fuerza los archivos de la curia donde se guardaban noticias sobre los impuestos y recaudos de la iglesia, secretos personales y crónicas de la historia.

A parte de estas noticias, la casa y sus habitantes no tuvieron el protagonismo de otras construcciones y personajes de la ciudad, tanto así que hasta el 9 de abril y tras pocas reparaciones, el Palacio se mantuvo en pie, aún al servicio del clero.

Con las fiebres desatadas por el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, la casa es incendiada y destruida. Luis Vidales escribe en ese abril un texto titulado Asesinos del pueblo,basado en una nota de prensa que afirmaba: "(...)entre los escombros del palacio arzobispal fue hallado un libro que ardía misteriosamente desde el 9 de abril: la "Historia de los Padres de la Iglesia". Obra humeante aún que parece un milagro". Por lo demás los daños al clero son una cifra más en la lista de destrucción.

A parte de la violencia y los conflictos políticos, la ciudad es objeto de una disputa más discreta: su reconstrucción, apenas dos o tres meses después del nueve de abril las revistas dedicadas a la arquitectura lanzaban diversas propuestas sobre la reconstrucción de los edificios, nuevos diseños para las vías y "conceptos urbanísticos" que definieran el nuevo centro de la Ciudad.

Parece que el Palacio escapó de la bandada arquitectónica, de su reconstrucción no hay reporte en las revistas especializadas; fue el Banco de la República quien adquirió los terrenos y a partir de las fotografías aéreas y las imágenes de las fachadas reconstruye la casa en dos etapas. Al finalizar la construcción en 1955, es alquilada a la Corte Suprema de Justicia. El palacio Arzobispal se traslada definitivamente a la carrera séptima con calle décima.

La Biblioteca Luis Angel Arango, cuya sede es adquirida en 1955, inaugura en el antiguo Palacio la Hemeroteca Luis López de Mesa; sus puertas se abrieron en enero de 1979, habiendo desplazado un año antes a la Corte Suprema.

Hernando Sánchez, en una crónica aparecida en la revista Guión, sobre la inauguración de la Hemeroteca menciona: “Algo restaurada, albergó a la Corte Suprema de Justicia, cuyos magistrados resolvieron convertir sus espaciosas estancias en encierros personales, evocativos de las cárceles. Todo lo cual señalaba algo así como que la justicia no solo es ciega sino fría”.

Durante el año 86 la casa volvió a recibir a la Corte; la destrucción del Palacio de Justicia en noviembre del 85, dejó sin oficinas a la institución, obligando a la readecuación del edificio y al regreso de la hemeroteca al edificio de la Biblioteca.

La ampliación de la Biblioteca Luis Angel Arango en 1990 creó un espacio para la Hemeroteca, así que ésta se trasladó a su actual lugar, dejando el antiguo Palacio como área de exposiciones y oficinas de la Subgerencia Cultural. El crecimiento de la Colección de Arte del Banco de la República, hizo que fuera necesario conseguir un lugar para mostrar al público las obras de manera permanente, así que en 1995 se inician nuevas obras de adecuación para recibir en diciembre del 96 la primera selección de obras pertenecientes a la colección.

Una vez más la casa es cerrada en el año 2000, la Colección de Arte se traslada a la segunda planta de la Casa de la Moneda y sus paredes se preparan para recibir, desde noviembre, las 183 obras de la Donación Botero, dejando atrás el blanco frío de las paredes y los muebles vacíos para que con el color llegara el placer del arte.

Por:
Katherine Rios
Bogotá, 2002

Publicado en el diario "Jornada". Reproducido en el libro La insurrección desplomada (El 9 de abril, su teoría, su praxis), Editorial Iqueima, Bogotá, 1948, pp. 11-13.

Sánchez Hernando. “Bogotá inaugura su primera hemeroteca”. En: Guión, No 98, Enero de 1979, pp. 80-81.