El patrimonio en la historia

Los objetos arqueológicos colombianos no siempre han sido reconocidos como patrimonio y no en todas las épocas han sido símbolos de una identidad compartida. Fueron tesoros para los conquistadores; ídolos paganos para los evangelizadores; curiosidades para los exploradores; guacas para los guaqueros o saqueadores de tumbas; monumentos para los historiadores; antigüedades para los coleccionistas, y los actuales arqueólogos los consideran evidencias.

Cada uno de estos nombres encierra significados y prácticas diversas sobre el patrimonio arqueológico. Desde los tiempos de la Conquista hasta hoy, estos objetos han sido conservados y destruidos, investigados y abandonados, despreciados y admirados. Su trasegar refleja el de la construcción de las narrativas de nuestra memoria y nuestra identidad como país.

El jaguar, demonio para los españoles

Los evangelizadores españoles de la Conquista veían al jaguar como un ídolo usado por los indígenas para rendir culto al diablo. Esta errónea relación entre el diablo de los católicos y el jaguar amerindio llevó a la Corona a ordenar la destrucción de la cultura material asociada al gran felino americano.

Alcarraza Tumaco

Leocadio María Arango 1831 – 1918

Leocadio Arango fue un comerciante adinerado de Medellín que reunió una importante colección de objetos arqueológicos. Como anticuario, con la Academia Antioqueña de Historia publicó en 1904 el catálogo de su colección, a la que consideraba “de grande interés para el conocimiento de las costumbres, las relaciones y el grado de civilización en que se encontraban las distintas razas y naciones que poblaban la América Central y del Sur antes de la conquista”. En 1942, el Banco de la República adquirió buena parte de su colección de orfebrería para el Museo del Oro.

Colección de Leocadio Maria Arango. Esta pieza hace parte hoy de la Colección del Museo del Oro   Recipiente para cal, Quimbaya Temprano, conservado en el Museo del Oro

Inventando a los quimbayas

Los letrados eran expertos en antigüedades y las consideraban como libros sin letras de la historia del pasado prehispánico. Vicente Restrepo y su hijo Ernesto Restrepo Tirado, letrados y coleccionistas antioqueños, escribieron ampliamente sobre “los quimbayas”. Imaginaron esta sociedad como un ejemplo de civilización en el pasado prehispánico colombiano debido a la sofisticación de su orfebrería.

La civilización chibcha

Durante el siglo XIX, el pasado prehispánico jugó en Colombia un papel fundamental en la construcción de una identidad nacional. La idea de una supuesta civilización chibcha nació para crear una continuidad histórica entre los muiscas precolombinos y la naciente república colombiana. La supuesta superioridad moral de los chibchas partía de un prejuicio geográfico: las tierras frías del altiplano favorecerían la civilización, mientras que las tierras bajas y cálidas serían morada de bárbaros y salvajes. Se sumaba la idea de que los chibchas habían desarrollado la escritura y un elaborado calendario.


 

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