Sala de la Junta Directiva en el edificio Pedro A. López (Avenida Jiménez)
Primera sala donde se exhibió la colección del Museo del Oro
Montaje de la colección en la primera sede del Museo del Oro del Banco de la República

Los museos, guardianes del patrimonio

El Museo Nacional de Colombia

Con la creación del Museo Nacional de Colombia en 1823, el país vivió el nacimiento del museo público. Después de la independencia, se debatía sobre la construcción de la nación: el Museo serviría para guardar la memoria y la historia.

En el siglo XIX, ante las continuas guerras civiles, se toma conciencia de la necesidad de poner a salvo el patrimonio nacional, y el Museo se convierte en el espacio ideal para desarrollar esta misión. El 9 de abril de 1948, día del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, el Museo estrenó sede en el edificio del panóptico.

Durante casi dos siglos, el Museo Nacional ha conservado y exhibido objetos del patrimonio arqueológico.

El Museo del Oro del Banco de la República

En la década de 1930, el Banco de la República empezó su compromiso por preservar el patrimonio arqueológico del país: en 1936 la agencia de compra de oro en Honda adquirió una pieza de orfebrería, pero se abstuvo de fundirla. En los años siguientes, el Banco compró otros objetos, que se guardaron en una caja fuerte en Bogotá.

Según un acta del Comité Ejecutivo del Banco de la República, en marzo de 1939, el Ministerio de Educación le envía una carta a este Comité en la que le pide “que trate de comprar, para conservarlos, los objetos de oro o plata de fabricación indígena y de época precolombina, los que el Ministerio compraría por su valor material y le presenta un jarrón de oro, de muy perfecta factura, que ofrece en venta la señora Magdalena Amador de Maldonado”. En mayo, el Gerente del Banco transmite a la Junta Directiva la propuesta del Ministerio, quien decide adquirir la pieza conocida hoy como “poporo quimbaya”, que se convertiría en la piedra fundacional de la colección de orfebrería que daría origen al Museo del Oro.

Durante la década de 1940, bajo este mismo principio, el Banco de la República comenzó a adquirir objetos arqueológicos de colecciones privadas, como las de la librería bogotana El Mensajero, Leocadio María Arango y Santiago Vélez. En 1968 se inauguró un edificio diseñado para la exhibición del Museo del Oro donde trabajaría una planta de arqueólogos, arquitectos, restauradores y educadores. Desde entonces comenzó a delinear su actual misión:

“Incrementar, preservar, investigar, catalogar y dar a conocer sus colecciones arqueológicas de orfebrería, cerámica, lítico y otros materiales, como un patrimonio cultural de las generaciones actuales y futuras de colombianos, con el fin de contribuir al fortalecimiento de la identidad cultural de los colombianos a través del disfrute, el aprendizaje y la inspiración”.

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Oro colombiano en manos extranjeras, un artículo del Boletín Cultural y Bibliográfico

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Los museos: espacios para la investigación y la divulgación

Los museos son verdaderos guardianes del patrimonio arqueológico y lo cuidan en nombre de todos los colombianos. Son sus mejores salvaguardas, pues no solo tienen el personal y las herramientas adecuadas para conservarlos, sino que además lo investigan y divulgan.

A través de la lente: arqueología y conservación en los museos

Los arqueólogos llevan los objetos y muestras excavados a un laboratorio para analizarlos. Especialistas de distintas disciplinas trabajan en conjunto para extraer la mayor información sobre las sociedades del pasado.

El envejecimiento natural de los objetos arqueológicos se acelera desde que son excavados. Los conservadores se encargan de estabilizar las piezas sin modificar su estructura original para hacer más lento su deterioro.
 

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