Tapa de orejera (con cabeza de ave). Oro y platino. 500 a.C. - 300 d.C. Valle del Cauca 5 x 8,4 cm.
Orejera. Oro, platino y piedra. 500 a.C. - 300 d.C. Río Inguapí, Tumaco, Nariño. 2,7 x 2,8 cm.

Las técnicas de la orfebrería

La orfebrería es el arte de labrar objetos en metales preciosos. Los orfebres materializaron su destreza y su conocimiento sobre las características físicas y químicas de los metales en la gran diversidad de técnicas de manufactura usadas en la orfebrería prehispánica de Colombia.

A martillo y fuego: el martillado

La metalurgia de los Andes peruanos se caracterizó por el énfasis en la producción de objetos por martillado. Esta preferencia tecnológica era una elección cultural que no dependía de las propiedades de los metales ni de la ignorancia sobre otras técnicas, pues los orfebres conocían de la fundición, que llevaban a cabo antes del martillado. La tradición andina se extendió por el territorio colombiano y en particular entre las sociedades del suroccidente del país.

Para fabricar láminas los orfebres golpearon tejuelos sobre lajas o yunques de piedra. Utilizaron martillos de distintas formas, materiales, tamaños y pesos, de acuerdo con la aleación, la dimensión del objeto o la fase del trabajo.

Al ser martillado, el metal se torna quebradizo y tiende a fracturarse: los orfebres debían calentarlo al rojo vivo y enfriarlo sumergiéndolo en agua. Este proceso, el recocido, que se repetía muchas veces, permitía seguir golpeando la lámina hasta obtener el grosor y tamaño deseados.

Lajas y pulidores de piedra se usaron para alisar las láminas y obtener superficies uniformes. Cinceles de piedra o de tumbaga endurecida por martillado fueron empleados para delinear y recortar la forma final del objeto.

La alta maleabilidad del oro hace posible fabricar láminas delgadas y flexibles para elaborar objetos de formas, tamaños y calibres variados.
La plata se usó solamente en el altiplano nariñense, por la influencia cultural de los Andes Centrales. Con aleaciones de cobre y plata se elaboraron narigueras, orejeras, recipientes y diademas.

Los adornos y utensilios de cobre martillado fueron, por lo común, más pesados y gruesos que los de oro o de plata. Los adornos martillados en tumbaga, aleación de oro y cobre, suelen tener paredes delgadas y superficies muy pulidas.

Repujado y calado

Foto de Cultura Banco de la República en Flickr

El artífice esbozaba con buriles los diseños decorativos en la cara posterior de la lámina. Luego, con la ayuda de cinceles, repujadores y punzones, presionaba y resaltaba el motivo por ambas superficies hasta obtener volúmenes, mientras apoyaba el objeto sobre algún material blando o sobre formas talladas en arcilla, madera o hueso.

Los diseños con vacíos o calados se obtuvieron recortando las láminas con la ayuda de cinceles metálicos y líticos.

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Martillado (un video)

Herramientas e instrumentos de trabajo

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Sinterización

En América, la metalurgia del platino sólo se dio en la región de Tumaco - La Tolita, en la Costa Pacífica de Colombia y Ecuador. Como su elevado punto de fusión de 1.775ºC no les permitía fundirlo, los orfebres desarrollaron la sinterización: al calentar gránulos de platino mezclados con oro, este último se derrite y atrapa el platino; el tejuelo resultante se puede trabajar por martillado. En el microscopio metalográfico se ve cómo los granos de platino están atrapados por el oro fundido.

Los orfebres del suroccidente colombiano combinaron partes de oro y de platino sinterizado para crear adornos bicolores.

De la cera al metal: fundición a la cera perdida

La orfebrería prehispánica del territorio de la actual Colombia se distinguió en Suramérica por el predominio de la fundición a la cera perdida. Los orfebres fueron maestros en crear adornos y recipientes que modelaban en cera con sus manos y luego transformaban en metal. La cera se obtenía de las colmenas de abejas sin aguijón, o abejas angelita. En Colombia, las diversas especies se encuentran desde el nivel del mar hasta los 3.400 metros, especialmente en los bosques húmedos.

Con el recurso de modelar una forma en cera de abejas y mediante un molde trasladar la forma al metal, los orfebres crearon gran variedad de objetos: representaciones realistas o abstractas, finos tejidos metálicos o pesados adornos.

Las huellas digitales impresas en algunos colgantes de metal hicieron pensar a los europeos que los indígenas amasaban y modelaban directamente el oro. Las huellas quedaron en los modelos en cera usados en el vaciado a la cera perdida.

El oro funde a 1.063°C y el cobre a 1.083°C. Al fundirse juntos cambian sus propiedades y su punto de fusión puede bajar hasta 850°C. Su aleación se denomina tumbaga o guanín, término este último que le daban los taínos de las Antillas mayores.

1. En cera se modelaba la figura deseada. Al modelo se le adicionaban rollos del mismo material que, una vez derretida la cera, dejarían los conductos por donde fluiría el metal.
2. El modelo en cera se recubría con capas de arcilla para formar el molde. El molde ya seco y duro se calentaba para derretir la cera y extraerla.
3. El metal líquido se vaciaba en el molde. Tomaba así la forma del modelo.
4. Una vez frío el molde, era necesario romperlo para sacar la pieza metálica.
5. Retirado el objeto del molde se le cortaban los conductos y el embudo, y se pulía; en algunos objetos se advierten aún sus huellas.

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Fundición a la cera perdida (un video)

De la manera de labrar los plateros

Fundiciones especiales

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Uniones que crean formas: el ensamblaje

En algunas sociedades los orfebres prefirieron crear volúmenes a partir de láminas martilladas que ensamblaron con la ayuda de alambres, clavos o dobleces. También experimentaron hasta descubrir cómo podían unir partes calentando las superficies o usando sustancias que favorecían las uniones entre los metales.

Con la maestría de los artífices el oro adoptaba las formas de modelos previamente labrados en madera, hueso o arcilla. Las láminas repujadas eran unidas o ensambladas entre sí para producir volúmenes. El modelo solía ser retirado, aunque podía permanecer bajo el metal.

Una soldadura: la granulación

Delicadas cuentas de collar, narigueras y anillos fueron elaborados uniendo diminutas esferas de oro por el sofisticado proceso de granulación.

Las pepitas se pegaban con un pegamento orgánico mezclado con óxidos de cobre. Al fuego, el pegamento se carbonizaba y el cobre contribuía a unir las esferas a una temperatura menor a su punto de fusión, lo que evitaba su deformación.

En un molde de cerámica refractaria hallado en la región Calima, el oro fundido en sus concavidades formaba las pepitas que luego eran unidas por granulación.


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