La deuda externa

Imagen de deuda externa 

En 1820, el diplomático Francisco Antonio Zea firmó el pagaré, a nombre de la Gran Colombia, de una primera deuda con un grupo de prestamistas ingleses. Dos años después el país continuaba sin dinero, con más gastos y sin impuestos que recaudar, así que, en 1823, 1824 y 1826, solicitó nuevos préstamos y renegoció la deuda. Los pagos de las acreencias fueron incumplidos sucesivamente y el sistema de “abrir un hueco para llenar otro” fue haciendo que la
deuda fuera cada vez mayor. En consecuencia, los créditos internacionales se cerraron, la confianza crediticia se perdió y nadie se atrevió a prestarle al país hasta que, en 1905, pudo demostrar que su economía era más estable.

Los años durante los cuales se cerró el crédito internacional (1830-1905) fueron de grandes dificultades, inestabilidad política y guerras civiles en Colombia. Los diferentes gobiernos de ese periodo acudieron entonces a la deuda interna, firmaron créditos con varios ciudadanos colombianos y emitieron documentos de reconocimiento de deuda para pagar suministros, salarios, servicios o intereses. Finalmente, en 1905, se ratificó un nuevo acuerdo internacional que estabilizó el pago de las obligaciones y llevó a la recuperación del crédito internacional de Colombia.

Como garantías de pago, el país utilizó diversos recursos, entre ellos, la adjudicación de tierras baldías y minas de metales preciosos y el otorgamiento de porcentajes de los recaudos por derechos de importación y diversas rentas, como las del tabaco y la sal, que recibía el Tesoro Nacional.