No tengo monedas pero tengo sal

Imagen de monedas 

Las comunidades más antiguas usaron el trueque como forma básica de comercio para el intercambio de sus objetos y materiales más preciados. A medida que el comercio como actividad se fue expandiendo, el uso de diversos elementos como medio de pago fue reemplazado por un medio homogéneo que resultaba fácil de transportar: la moneda. Las primeras monedas de la historia fueron acuñadas en Asia, alrededor del año 600 a. C, por algunos gobernantes que las utilizaron para pagar a sus servidores. En tanto, los billetes inventados para cumplir con la misma función, pero en papel para facilitar su transporte, aparecieron casi quince siglos después (siglo IX d. C.) y fueron usados, por primera vez, en China por los bancos de la dinastía Tang. En Europa los billetes empezaron a usarse en el siglo XII, pero en América esto solo ocurrió hasta el siglo XIX.

Oro, bueyes y conchas raras fueron utilizados como dinero en diferentes lugares del mundo. La sal, usada para preservar los alimentos y como antiséptico, fue el material de intercambio más valorado durante varios siglos en el Antiguo Egipto, el Imperio romano, Europa, y algunas comunidades indígenas de América. De su uso como medio de pago para los soldados romanos se deriva la palabra salario (del latín salarium).

El uso de monedas metálicas no solo se debe a la practicidad de su transporte y a la estabilidad que brinda a los procesos de intercambio. En Roma, por ejemplo, las monedas funcionaban como elementos para la difusión de la imagen del emperador ya que de esta manera se garantizaba la lealtad tanto de las tropas del ejército como de los pobladores de los más remotos parajes con el fin de mantener y preservar el dominio del territorio imperial. Los romanos se encargaron de difundir el uso de las monedas en la cuenca del Mediterráneo inicialmente con fines de propaganda, aunque con el tiempo se normalizó su empleo como medio de intercambio en las transacciones económicas.