Imagen Regional 7 • Florencia
Curaduria: William Contreras
Obras de: Alexander Calderón Palacios, Raphael Gavilar, Eliana Martínez Vaca, Roosevelt Pérez Sandoval, Eyder Rivera Cortés
Imagen Regional, en su séptima versión pretende poner en relación diferentes opiniones artísticas de índole ecológico, folclorista, lírico, onírico y hasta pedagógico, todas ellas enfocadas a estudiar, pensar y comprender mejor cómo los hombres y mujeres se relacionan con su hábitat natural, teniendo la esperanza de que una cultura que comprende la importancia de sus recursos naturales y ancestrales pueda ser una comunidad con una mejor calidad de vida.
La pintura de Rafael Gavilar es, al mismo tiempo, delicada y potente. Una bella imagen de aves en un fondo rosado podría verse como dulce y cándida, sin embargo, al poner más atención, nos damos cuenta de que en realidad es una escena más bien trágica y surrealista. En lugar de poseer un volumen o un cuerpo opaco, las aves parecieran ser siluetas dentro de las que podemos ver una especie de sustancia etérea, de destellos de colores apareciendo por doquier de una manera caótica y al mismo tiempo hermosa, pareciera que no hay un cuerpo físico, sino más bien un índice de cuerpo, se percibe más una ausencia que una presencia. Las aves están muertas.
Para Eliana Martínez Vaca las diferencias entre Arte (con mayúscula) y artes aplicadas es inexistente. Su gusto por pintar y elaborar objetos utilitarios se ha ido mezclando poco a poco hasta que las fronteras entre ambas se han hecho intangibles, permeando completamente la una a la otra. Abordando como artista plástica lo considerado artesanía, la pintura de Eliana comenzó a salirse del bastidor y empezó a ocupar cucharas, cajas, su ropa, sus muebles y casi cualquier superficie con la que se relacionara cotidianamente. De esta manera, su of cio de pintora tiene estricta relación con su vida cotidiana y con su idea de hábitat, haciendo de la expresión “pintar cuadros” una apreciación insuficiente para abordar su trabajo.
Sus piezas de telas cosidas a mano que representan eventos populares en Florencia tienen relación tanto con el paisajismo costumbrista como con el patchwork, técnica de origen inglés que fue traída a la ciudad en el pasado, probablemente por mercaderes europeos, y que fue rápidamente acogida por los artesanos indígenas del Caquetá quienes la usaron para elaborar paisajes de la región cosidos a mano que se vendían como suvenires en las tiendas. Y aunque ya no se consiguen este tipo de artesanías, Eliana decidió recuperar la tradición y se dedicó a la tarea de co-ser con sensibilidad y encanto escenas tradicionales del Caquetá, utilizando al mismo tiempo un lenguaje pictórico rico y un esteticismo llamativo y bello.
La reutilización de objetos considerados de desecho en la práctica de Eyder Rivera responde tanto a un interés formal como a una preocupación ecológica: utilizando el reciclaje como técnica escultórica, Eyder se vale de materia prima que está a la mano y que al mismo tiempo le plantea retos artísticos. Su labor como escultor entonces no solamente da como resultado objetos interesantes en un nivel formal y hasta conceptual, sino que sirve como laboratorio de experimentación para hallar nuevas maneras de hacer prácticos objetos considerados sin valor utilitario. Su escultura es al mismo tiempo una propuesta respecto al medio ambiente.
En una pieza como Discotarra-reloj, el artista dispone diversos elementos extraídos de una guitarra, un disco LP y un reloj en desuso, y construye con ellos un objeto completamente nuevo y nunca antes visto, funcional e interesante como escultura.
Es también sugestiva la manera de operar de otra pieza de su autoría, Mueble multiusos, la cual consiste en un lavaplatos que estaba arrumado en algún rincón de la casa, sin utilidad alguna, y el artista utiliza ahora como repisa para colocar algunos de sus libros favoritos, discos, casetes, etcétera, convirtiendo aquel platero corriente en un ejercicio de bodegón, una suerte de autorretrato a través de objetos que denotan unos gustos específicos y una estética particular.
El pequeño formato que Roosevelt Pérez utiliza para sus cuadros sin título no es un impedimento para que podamos ver en ellos una buena cantidad de de-cisiones plásticas interesantes. Escenas de naturaleza extraña aparecen en un fondo oscuro, sin un horizonte claro ni algún elemento de naturaleza familiar. Por la estructura de algunos de los “personajes” que habitan la imagen, podríamos pensar que se trata de pai-sajes marinos, aunque no podríamos estar seguros. El reducido tamaño de los trabajos resulta también inquietante, pues de todas formas parecieran contener un amplio rango de visión, como si retrataran una inmensidad.
Los colores fuertes, los trazos muy definidos y la textura de la corteza de árbol de chanchana sobre el que están pintados crean, así mismo, una sensación potente de contraste, de crudeza y tal vez de misterio. ¿Un paraje onírico? Posiblemente la imagen pertenezca más al plano de lo arquetípico, de la imaginación.
La pedagogía y la pintura son dos labores de primordial importancia para Alexander Calderón, labores que son puestas en juego en su obra ¡A clase!, la cual consta de una pintura que representa a otra pintura, es una puesta en escena en la que aparece un paisaje selvático, complejo y de minuciosa factura proyecta-do encima de un pizarrón de clases. Los elementos del salón de clase son, por el contrario, pintados de una manera sencilla, casi esquemática, en colores suaves y planos. En la escena vemos, entre otras cosas, al mismo artista que pareciera estar pintando y, simultánea-mente, dictando clase. También vemos un pupitre que se ubica en el plano escénico entre el pizarrón y el espectador, el cual parece ser igual al pupitre (verdadero) ubicado frente a la pintura, afuera de esta.
La relación de correspondencia entre los objetos pintados y los reales posiciona al espectador de alguna manera “dentro de la obra”, haciendo hincapié en que lo representado en la pintura también le con-cierne. La aprehensión de conocimiento y la “culturización” del entendido como ignorante son labores que han sido encargadas al colegio, y en general, a la academia. En este sentido, la estructura “escuela” es también una herramienta de normalización y de perpetuación del concepto de alta cultura, con el cual se toman en consideración ciertas maneras de pensar y entender el mundo como “más pertinentes” y “más deseables” que otras. La imagen que aparece en el tablero, sin embargo, no es una certeza: es una mezcolanza compleja de objetos y seres en la que los bordes entre unos y otros parecen diluirse, como en una estructura de rizoma, de las que abundan en la selva del departamento en el que el artista vive y trabaja. El pupitre frente a la obra, por su parte, también nos muestra cierta situación problemática respecto al conflicto entre “baja y alta” cultura, pues pareciera ser un objeto paradójico (no por eso menos común) en el que un instrumento de educación se encuentra cubierto por grafitis hechos por los estudiantes con esfero sobre la madera. Por un lado podría entenderse como un acto vandálico, aunque por el otro puede en-tenderse que dichos grafitis son expresiones creativas de autonomía hechas en momentos de ocio o dispersión mental, otra manera de expresarse, aunque esta no esté avalada como “de clase” o “culta”, como si lo es la pintura que se cuelga en un bastidor.






