Imagen Regional 7 • Cartagena
Curaduría: Rafael Ortiz
Obras: Carlos Agamez García, Muriel Angulo, Jharold Bolaño García, Doris Marcela Delgadillo, Carlos Mario Funez, Lucy Yemail Tous, Alfredo Piñeres, Los Colores Del Barrio (Colectivo) [Alberto Antonio Gonzalez Parra, Jose Maria Martinez Vargas, Jorge Luis Ramos Llorente]
En fin, la identidad asociada solo a la caracterización de una región está en entredicho frente a las realidades actuales. El Caribe, como todo territorio, es un escenario susceptible a una visión más amplia y global, acercándose por un lado a la construcción de un panorama social y político que tome conciencia y reflexione sobre las condiciones impuestas por la sociedad de consumo, las obligadas caracterizaciones culturales, el deterioro del medio ambiente, los desplazamientos, y por otra parte, a tomar posición frente a las decisiones que toman los grupos económicos y políticos que ostentan el poder sobre obras de infraestructura, restauración de los centros históricos, industrialización y turismo o la explotación de los recursos naturales.
Si el arte es un medio para asumir posiciones y fijar criterios regionales, es válido expresar que se cuenta con estrategias para repensar los componentes identitarios desde un lenguaje plástico o audiovisual que parta de lo sensible, lo poético, lo crítico y lo espiritual. Es una opción para reconfigurar lo cotidiano, lo local y lo regional al tiempo que asumimos que somos parte de un mundo interconectado. Pero, igualmente, las estrategias del arte se expanden sobre el territorio, poniendo pistas para entender mejor un globo cambiante y contradictorio y cuyos intereses, casi siempre asociados a la ley del mercado, marcan el paisaje y lo problematizan. Así, bajo esta perspectiva, la identidad deviene en criterio, y el territorio, casi siempre ocupado, es el lugar para intervenir por medio de otras realidades, aquellas que el arte inventa.
Los artistas para Imagen Regional 7 que presentan sus propuestas en Cartagena tratan diversos temas: El diseñador gráfico Carlos Agamez García desarrolla el proyecto Estados de un conflicto desde 2010. Él lo describe como un proceso creativo donde se evidencia el poder de los medios de comunicación en la construcción de la memoria visual, memoria visual que en su pro-puesta recae en el mapa de Colombia. El proyecto inicialmente trataba lo gráfico, el uso de las delimitaciones del mapa para emitir conceptos acerca de los diferentes conlictos que existen en territorio colombiano. En Estados de un conflicto / Capítulo: Estado de suturación, obra que presenta en la muestra, Carlos se aleja de lo gráfico para explorar las acciones simbólicas que se insertan en la memoria del conflicto. Movimientos que intentan limpiar con esponjas-mapa, tanto los espacios de la ciudad, como el interior de los hogares de desplazados en las afueras de Cartagena. Esponjas que absorben recuerdos, huellas y vestigios de situaciones que cambian el destino de cientos de familias que se acomodan a nuevas realidades.
Muriel Angulo, artista cartagenera radicada en Bogotá hace muchos años, presenta BLED, trabajo que la retorna al lugar de origen para indagar un aspecto fundamental del componente Caribe, los in-migrantes. Los árabes, grupo mayoritario de aquellos que tomaron el Caribe colombiano por casa, marcaron una diferencia en el panorama de las ciudades costeras. En el texto que acompaña su propuesta, Muriel anota: ¿Caribe sin influencia árabe?, imposible; no conoceríamos el azar, ni el azahar. Ese otro y sus cosas... sospecha que ronda las culturas locales, es motivo fundamental para llegar al otro. Aquel con el que crecí, mas no retuve, se asume en cuerpo y alma tomando el riesgo de tocar lo que le era vedado en su infancia. La exploración de la artista se refleja en los montajes de la memoria fotográfica de esta comunidad, en una entrevista, en un autorretrato convertido en el otro, en un video que registra a través de una malla el actual mercado de Bazurto, más cercano a Oriente que a la racionalidad occidental, y en una conocida “María-palito”, mecedora que emite un canto de Oriente acompañado por su instrumento.
Si al artista Jharold Bolaño García se le diese la oportunidad de estrenar algo, seguramente lo rechazaría. Jharold trabaja sobre aquello que lleva la carga del uso. Soportes de papel reciclado impregnados de toda clase de elementos grasos y de suciedad. De allí parte, de lo derruido, saturado y expuesto al maltrato. En su serie de 8 piezas, Cuadro inodoro, el artista trabaja sobre las bases descritas; el modelo del que parte es un inodoro, un objeto que se asocia con lo sucio, lo privado, y subvierte su uso al convertirlo en una pieza de estudio y contemplación, como si fuese un bodegón. El trabajo se compone de una mezcla de trazos de dibujo y pintura que no se alejan de los referentes del constructivismo y el expresionismo, buscando su voz propia. La correspondencia a lo contemporáneo tal vez se podría indagar en el contexto en el que vive y trabaja Jharold: el barrio Fredonia, donde la estética popular y las manifestaciones de la cultura hip hop se han asentado con fuerza frente a los convencionalismos, señalando así, como lo hace el artista, formas de resistencia que contrarían en cierta medida los cánones de aquello que se tilda de bello.
El sustrato de lo femenino en la propuesta de Doris Marcela Delgadillo1 provoca embeleso. Pero sería injusto detenerse allí sin reconocer en la obra un profundo sentido metafórico, además del umbral de ironía que sutilmente subyace en la obra cuando su serie de prendas íntimas se construye a partir de las cáscaras del ajo y la cebolla. La serie que ha titulado Luna de miel se compone de seis piezas. La primera, Babydoll, recrea el vestigio casi transparente que cubre de manera ligera las prendas íntimas femeninas. Un entretejido de cáscaras de color blanco hueso, que generan patrones irregulares, descienden hasta el remate final de la prenda con un bordillo de color magenta oscuro que provee otra materia vegetal. El Juego interior femenino (pieza superior e inferior), es una serie de tres que escenifican perfectamente esa idea delicada, motivada por las texturas de las prendas íntimas. Finalmente, el hombre no podría quedar por fuera de este juego de relaciones dadas en la luna de miel: dos Tangas narizonas que se identifican por el uso del color y el material de la cebolla en su trazo cóncavo que pareciese moldear a la perfección el miembro masculino. Es evidente que la artista ha usado materiales vegetales que aumentan el interés que reside en la obra, al contraponer sensaciones que relacionan el arte de la seducción con los humores2 del cuerpo. La fórmula es simple, dos necesarios expositores de la alta cocina: uno de ellos hace llorar y el otro expide un olor que impregna todo, ¿suena conocido?
El proyecto Polilla3, de Carlos Mario Funez, sin duda compromete al espectador dado el referente que ronda el ámbito de las dependencias creadas por el hombre-social. No en vano la “pelea” por la salud pública que ciudadanos de todo el mundo han emprendido contra fu-madores en los espacios públicos. Aproximadamente cincuenta colillas de cigarrillo yacen en los lugares que el artista ha seleccionado para su intervención urbana en las ciudades de Cartagena, Barranquilla y Santa Marta. La sobredimensión de estas piezas, cuyo radio puede ser del tamaño de un puño cerrado y su extensión puede oscilar entre los treinta y sesenta centímetros, genera una extrañeza en el paisaje urbano de las plazas donde ha sido expuesto el proyecto. ¿Quieres pertenecer a una nueva marca de cigarrillos? reza “la publicidad” que el artista reparte en sus intervenciones. Samuel, Natalia, Jonatán, Sandra o Camila, o incluso el propio nombre podría estar inscrito en el lugar en el que marcan su producto las tabacaleras. Es interesante ver que la obra del artista emite un mensaje claro acerca de la salud, pero ¿la obra se recibe así cuando vemos en los registros que las personas se toman fotografías jocosas sosteniendo los objetos entre sus manos y boca?. La pelea entre la dependencia y la salud sigue vigente, mientras las sumas del asunto son astronómicas, tanto en el negocio como en la prevención y cura de enfermedades relacionadas.
El espacio doméstico ha ponderado la producción de la artista Lucy Yemail Tous. El trabajo constante entre ser madre y artista le deja vislumbrar en el entorno de la cocina al mismo tiempo como un espacio para la creación y como el lugar que provee al resto del núcleo familiar el alimento, el sustento vital. De allí surge una de sus propuestas, Los comedores de huevos4 en directa alusión a la fantástica obra de Vincent van Gogh, Los comedores de patatas, donde la precariedad humana, iluminada por una lámpara, conmueve al caracterizar sin tapujos un hogar austero. En la obra de la artista, cáscaras de huevo, cientos de ellas, apiladas durante varios años entre ella y sus vecinos, son el eje fundamental de la propuesta. ¿Describir la pieza? Un ejército de miembros varoniles acompañados de restos secos de líquidos de clara de huevo sobre las superficies sinuosas de múltiples columnas fálicas en sus variantes rosa-piel, y todo ello sobre la superficie de una mesa de comedor. ¿Es la caracterización “sin tapujos” de una cultura machista? Ella responde así: Apreciar lo simple y básico como materia reflexiva, elaborar el arte desde la vida y alterar la vida desde el arte … y agrega que aquello que …para la sociedad es precario, poco útil ... improductivo como la labor doméstica. los residuos de cáscaras, en este caso su subsistencia “artísitica”, se transforman en discurso para subvertir lo hegemónico, lo que se considera útil y productivo.
Alfredo Piñeres es un artista que por medio de sus imágenes pictóricas construye un microcosmos local que caracteriza bien la condición humana en gran parte de los barrios populares de Cartagena de Indias, sobre todo de poblaciones que mantienen un temperamento autóctono y, pensaríamos, descontaminado. Pero su mirada no es-conde las realidades de cada uno de los protagonistas de sus series. Ya los tonos sobrios de su paleta, el uso de colores tierra, expresiones parcas y caras adustas en medio de colores primarios en el vestir de las gentes son retratos “serios” de comunidades comúnmente invisibles como se puede ver en obras como La felicidad que no llegó y en La tienda. En El borracho, La mala abuela y El triturador de espíritus Alfredo denuncia lo que ahora se le llama violencia intrafamiliar, que no es más que el condicionamiento que crea una cultura que carece de espacios de diálogo y estructuras formativas. La obra Los damnificados representa las vicisitudes de la naturaleza que padece la comunidad aledaña a donde vive. Si algo caracteriza a Alfredo es su constancia para traducir en términos personales la cartografía humana de seres que sobreviven a condiciones impuestas por la marginalidad, y son ellos quienes construyen la trama social que refleja bien una parte de lo que es Cartagena.
Una asociación de artistas no necesariamente trabaja proyectos conjuntos, cada cual podría desarrollar su obra y reunirse para tocar temas de interés, como participar en muestras. El colectivo Los Colores Del Barrio, una asociación cartagenera de pintores y escultores, fue invitado a presentar un proyecto en conjunto donde los miembros deciden unirse para desarrollar una obra. Algunos miembros de la agrupación, José María Martínez, Alberto Antonio González y Jorge Luis Ramos, el primero nacido en Córdoba y los dos siguientes en Cartagena, proponen un plantón, un acto público, una manifestación de protesta social o política que se estaciona en un determinado lugar durante varias horas o un tiempo mayor indefinido. Este instrumento de activismo es apropiado por los artistas del colectivo para hacer una intervención artística en las playas públicas de Cartagena, en la zona de Marbella. De lo público a lo privado, como se titula el proyecto, muestra documentos, señalizaciones, pancartas y registros. Concretamente, lo que el grupo señala como intervención es el encerramiento de un tramo de playa tomando como linderos cuatro señales convencionales, PARE- turistas bañándose, PROHIBIDO la pesca artesanal, NO PASE peces bravos y, por último, PLAYAS EN CONCESIÓN zona exclusiva, señalando con ello la inminente privatización de las playas de la ciudad y las restricciones cada vez más frecuentes al espacio público.
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2 Del latin humoris, s.m. Nombre que antiguamente recibían los líquidos que segrega el cuerpo.
3 Polilla es el nombre local para denominar las colillas o extremo o punta del cigarrillo que ya no se fuma.
4 La segunda obra que presenta la artista se titula Huevos mancos, huevos cojos.









