Imagen Regional 7 • Valledupar
Curaduría: Paula Marcela Díaz Delgadillo
Obras: Jesús Yordano Niz Sánchez, María Gabriela Egurrola, Eduardo Ramírez Ocampo, Julio Cabrales Durán
La presente propuesta de curaduría pretende ofrecerle al espectador un variado recorrido por las múltiples lecturas sensibles que los artistas seleccionados expresan con sus obras y con el uso de técnicas diversas, a partir de sus vivencias sociales y culturales individuales y como miembros de una comunidad. Sus discursos que no pueden estar desvinculados del territorio, del límite, de los espacios cotidianos, recónditos e inaccesibles, que sensibilizan al artista; así mismo, no puede desconocerse su condición de cordobeses, habitantes de una región en la que el conflicto ha forjado por décadas imaginarios e identidades y ha creado una realidad social imposible de ignorar.
La región Caribe ha pasado por situaciones de violencia que han afectado el desarrollo social, trayendo problemas sociales como el desplazamiento y la pobreza; estas circunstancias obligan a priorizar las soluciones sobre las necesidades de la región. Ante este contexto surge la inquietud acerca de la utilidad del arte en esta zona.
En la década de los años setenta, los primeros artistas de talla internacional que abrieron las puertas del arte en el Cesar intentaron responder esta inquietud y corroboraron el papel que cumplen arte y artista en el proceso de consolidación de la identidad cultural del país. Aunque cuatro décadas de reconocimiento del circuito del arte son un período relativamente corto, el carácter creativo no se ha visto restringido y se han explorado las posibilidades del artista para concebir arte, sin importar los pocos espacios disponibles para su evolución y enriquecimiento.
Es por ello que en el Cesar, donde la apreciación del arte sigue atada a una concepción decorativa y los tecnicismos son estrategias de creación, es de gran importancia encontrar artistas que con fidelidad, instinto y curiosidad plasman ideas desligadas a las tendencias de consumo en un mercado aún inexperto y arraigado en el costumbrismo.
Es el artista quien “traga y digiere” el devenir de una sociedad en crecimiento, quien de una u otra forma busca manifestarse ante ella como consumidor de imágenes y productor de contenidos. Así se espera apreciar la función social del arte en la región, inspirado en el entorno, radicado en el contexto social, nutrido de las interacciones geográficas y culturales como resultado de una autorreflexión creativa.
Yordano Niz nació en Río de Oro, Cesar. Participa con una obra de carácter social, Frutos del campo, en la que se vale de los recursos de la apropiación y la re-contextualización para tomar imágenes de renombrados fotorreporteros y asociarlas al contexto de sus imaginarios sociales. El artista concibe al Cesar como “una región donde se vive la búsqueda de cuerpos sin vida, enterrados en fosas comunes, muchos de ellos posible-mente procedentes de los desplazamientos a los que se ven sometidos los campesinos en nuestro país”. Niz interpreta el estado de muerte como un ciclo: cuerpos sin vida que nutren la tierra, tierra que nutre las plantas, plantas que nutren a los campesinos, que con sus productos nutren al país… Campesinos que con sus pro-ductos son los frutos del campo.
María Gabriela Egurrola, artista y diseñadora de interiores, nos ofrece una serie en formato pequeño que se reflere de forma satírica y jocosa, a través de un juego de palabras, al absurdo del desmedido poder adquisitivo de nuestro país, en medio de una precaria situación socioeconómica. Con la obra Plátano hay, plata no hay, la artista se vale de sus conocimientos en el manejo del color y la composición visual para realizar una obra pop en la que recrea algunos momentos de los mercados populares de la región Caribe.
Eduardo Ramírez Ocampo, nacido en Chile, es un ejemplo de la importancia del entorno, la región y los elementos culturales como fuentes imprescindibles en la producción del artista. Su estado migratorio lo lleva a encontrar su inspiración en los paisajes y el ambiente rupestre del Cesar. Con sus obras, Colombia, Al acecho y Vuelo de fantasmas hace una crítica a la tala ininterrumpida de las selvas con la excusa de la “civilización” de sus tierras, y a la incesante depredación del colonizador, quien ha arrasado gran parte de este territorio, poniendo en grave peligro de extinción a toda la cadena ecológica.
Julio Cabrales Durán nos entrega una serie llamada Horizontes baldíos, compuesta por nueve dibujos en grafito, en la que hace referencia al desplazamiento; para ello el artista se remite a la memoria de los espacios en los que encuentra objetos que pertenecieron a alguien y que ahora yacen abandonados; la obra clasifica el territorio del residuo (objeto encontrado), evoca la ausencia del cuerpo y suscita la nostalgia en los espacios.





