Imagen Regional 7
Introspección • María Belén Hernández de Román
Bilocación • Julio Armando Ortíz Tarazona
De la serie origen, No. 3 • Fiaban Alfredo Mena Uscátegui
Sin título • Oscar Iván Roque Mosquera
Estoraque mixtico • José Ignacio Cáceres Serna
Dios • Verónica Giraldo Canal
Ferrox • Juan Bautista Carrillo Cano
Madre • Benito Arguello Villamizar
Miedo • Diana Marianela Villamizar Albornoz

Imagen Regional 7 • Cúcuta

CuraduríaVictor Hugo Garavito

Obras: María Belén Hernández de Román, Julio Armando Ortiz Tarazona, Fiaban Alfredo Mena Uscátegui, Oscar Iván Roque Mosquera, José Ignacio Cáceres Serna, Verónica Giraldo Canal, Juan Bautista Carrillo Cano, Benito Arguello Villamizar, Diana Marianela Villamizar Albornoz.

Sospecha, inmediatez, simulación y artificio recorren este tiempo; mientras, nos debatimos entre la histeria crónica de una humanidad cada vez más esquizoide y la certidumbre de los abismos construidos a diario, como los muros que surgen de las ambiciones occidentales, servidas junto con viejas o intencionales disputas territoriales, nos destruimos sin el menor asomo de la sensatez pródiga que aliñe la esperanza al despertar y nos recuerde los idearios de civilización.

Las razones anteriormente expuestas nos tienen más lejos de nosotros mismos, enajenados, a contracorriente de lo que debería ser el uso de la inteligencia para crear y no para desatar la sucesión de eventos y hechos, negadores del compromiso responsable con una noción de futuro. Por lo tanto, en la actualidad estamos más decididos a destruir y menos a considerar la vida como la única salida viable. De igual modo, en medio de sus propias agonías, se encuentra el país destruido en su razón de ser, abandonado por su conciencia colectiva y menoscabado por el desprecio hacia sí mismo; eterno moribundo sin tregua a la guerra; al contrario, sigue sosteniendo la pérfida concupiscencia y los odios enconados por sus historias.

Bajo las circunstancias de interminables carencias, desafectos y soledades, deambulamos en nuestras regiones fracturadas por el conflicto y sometidas a las decisiones que nos conducen frente a una puerta cerrada y atada a su propia singularidad. De ahí que, desde la contemporaneidad, los artistas terminen por enfrentarnos a la recurrencia de un lenguaje que pone de manifiesto y nos revela el cuerpo natural y el del artificio, a partir de conceptos como el de naturaleza acechada, donde se sospecha y, en otros casos, termina por adaptarse a ese supuesto natural del designio como materia crítica de las realidades sociales. De otra parte, los recursos naturales se convierten en fuentes de terror por la sobreexplotación de las materias primas, tema ya denunciado por el escritor uruguayo Eduardo Galeano cuando señalaba que la riqueza de los pueblos los conducía a su propia destrucción y miseria.

Así mismo, se presenta una cierta sublimidad invertida: la no belleza idealizada en propuestas visuales que relacionan las obras con un bello conflictivo, estéticas convulsas de reflexión profunda del lugar de lo bello y las consecuencias de esa transmisión de lo bello en un arte de compromisos figurativos desplazado hasta los lenguajes abstractos sincréticos o puramente abstractos, donde se evidencia un retorno a una especie de figuración desde la presentación más que representación y figuración simbólica.

Además, se manifiesta una sublimación des-sublimada, en oposición a una sublimidad armónica, kantiana, ideal de belleza pura, sino en lo sublime “invertido”, en palabras del filósofo colombiano Jaime Montoya, donde lo bello aparece en lo escatológico, en lo que sobra o lo que falta, reflejando así una tendencia hacia el compromiso de la forma en procesos que implican tanto la producción como la posproducción.

Por esta razón, no hay abandono, sino una intención de transformar la trascendencia de lo formal, sin supeditarlo única y exclusivamente a la representación sino a un compromiso de la función del arte frente a consecuencias de orden social y político.

Es decir: se hace arte para algo, porque el arte por arte, asumido este desde lo más básico de lo referencial, es un imposible categórico con el que abordan los creadores la preexistencia de sus contextos, sumergidos en una realidad reveladoramente traumática a la hora de su ejercicio creativo; porque no se trata de una vacuidad fundada en el vacío, pues la nada sí contiene y, superior a Dios, se encuentra en todas partes, sino en el compromiso del arte, enunciación que trasciende la simple denuncia crítica, visible hoy por la recurrencia de los lenguajes con cargas publicitarias y quizás con lógicas panfletarias, pero trascendidas, reelaboradas, re-estudiadas y por ende, re-actualizadas.

No se trata de huirle al panfleto; por el contrario, se consideran otras perspectivas del panfleto para otorgarle un lugar de enunciación válido en el discurso artístico contemporáneo; sin embargo, en otras esferas aún se estiman sus recursos como hechos del pasado, cercados por la pobreza constructiva de sus lenguajes.

A pesar de ello, lo panfletario aparece con fuerza en obras desde la publicidad, la fotografía, el facsímil; ahí es reactualizado y reapropiado, a partir de prácticas artísticas donde emergen ver-daderos actos de resistencia contracultural; así se inicia el establecimiento de otras relaciones de análisis de contexto, las cuales cuestionan las nociones de público, artista, realizador, curador o comisario; de esta forma, lo simbólico y ficcional, utilizado para narrar o representar la realidad, se encuentra derrotado estrepitosamente y en contraposición se derivan otras sintaxis visuales que subvierten el sistema y el orden; al mismo tiempo, se echa por tierra el significado a secas, como un gesto de simple perturbación denotativa, frente a la alteridad ofrecida por la multidimensionalidad incluyente del panfleto.

Con relación a las tensiones que surgen entre los conceptos de naturaleza e identidad del lugar, se avizora en el tejido de las pulsiones un señalamiento de región extendida, donde su noción no se refiere a una demarcación limítrofe de lo territorial geopolítico, de un lugar dado en la situación; al decir del filósofo Peter Sloterdijk, la máxima del “conócete a ti mismo” cambió a “conoce la situación”; es decir, el creador asume no un espacio físico, sino una inflexión por donde atraviesa ese “ser ahí”, poniendo de manifiesto una frontera atemporal construida como inversión y sedimentación de lo simbólico-estético-afectivo y las relaciones establecidas en él; en definitiva, a partir de la revisión de las obras inscritas en la convocatoria de Imagen Regional VII se puede dar cuenta de una transformación de la figura del creador demiurgo a un creador, según Paul Ardenne, conector, conocedor de su situación, la cual consiste en reconocerse atrapado en un lugar muerto y rodeado por una realidad.

En ese orden de ideas, Imagen Regional VII se ubica en esos entramados de la retícula de las expresiones y diversidades de la contemporaneidad con las que se aborda el país y propone un proceso de reflexión de la producción plástica y visual, que amplía el diálogo intrarregional y exógeno; además de incentivar procesos de investigación-creación articulados o no con la institución del arte, la investigación y, ¿por qué no?, la circulación de la producción artística, aunque lo más importante es el espacio de encuentro que propicia.

Para finalizar, los artistas observan y abordan al mundo desde las consecuencias del hombre, lugar común que le da soporte a las concepciones y cosmovisiones que cada uno configura en el entramado y como resultado de sus relaciones simbólicas.


Cúcuta: en las fronteras de lo real ficcionado y el transito del horror

María Belén Hernández de Román. Introspección
Fotografía. Instalación. Dim. 120x95 cms. 2011.

La obra nos propone un cruce entre imagen, fotografía y materia objeto conceptual; además, establece un dialogo entre sistemas de captación del mundo a partir de lo fotográfico y sistema de evidencia de mundo desde lo escatológico, en la misma vía que el artista norteamericano Robert Rauschenberg desarrolló a partir de fotografías y objetos de la cultura popular.  
 
Por su lado, “Introspección”, nos presenta ese objeto encontrado en situación y deterioro, sin embargo, lo niega al presentarlo como una antítesis, de un soporte limpio y estilizado, contradicción de una imagen utilizada que cuestiona el consumo y señala el alma del tiempo.
 
Julio Armando Ortíz Tarazona. Bilocación.
Instalación. Dim. 3 x3 mts. 2010.
 
Abordaje figurativo del concepto de la ambivalencia y ubicuidad que entraña la vida en la frontera, de la dinámica migratoria y social que caracterizan los pasos imaginarios, de nociones como nacionalidad, patriotismo y territorialidad, cuando se aborda desde la cotidianidad de lo legal e ilegal,
 
El artista nortesantanderano echa mano del art brut o marginal, arte de la basura, art mínima, aunque también en su concepción esta presente el land art, en la medida que la instalación esta construida con materiales encontrados en el contexto de la frontera para ser reutilizados; también, Hu-Yangv(Living), Jaroslaw Kozlowski (Casa al revés), aunque su planteamiento básico es del estar en ningún lado, expresado desde el útero de la frontera: la casa, donde no se denota el limite entre lo rural ni lo urbano, como reiteración de la línea divisoria de un territorial cotidiano adyacente a lo limítrofe: la pobreza.
 
Fiaban Alfredo Mena Uscátegui. De la serie origen, No. 3.
Fotografía. Dim. 180x130 cms. 2011.
 
Esta fotografía pirotécnica, llena de tensiones por la sustantivación del sujeto fotografiado, en los termino objetivos de una luz ambiciosa y determinante como fuente primigenia de un yo interior, que expresa la angustia irresoluta al asumir su presente.    
 
Mena, presenta su propia realidad construida y coloca de manifiesto, aunque desde otra perspectiva a la artista norteamericana Cindy Sherman, sin embargo, el cucuteño, a diferencia de la estadounidense moldea una imagen estereotipada y sobreactuada de ese yo confeso, en acto de espantosa contrición y de vano arrepentimiento, que en instantes logra ser envolvente, agresiva y siniestro como es nuestra sociedad.
 
Oscar Iván Roque Mosquera. Sin título.
Instalación. Dim. 90x25 cms. 2011.
 
Si se trata de lo siniestro, están las cajas transparentes de Roque Mosquera, especies de osarios donde se guardan los restos de nuestra historia reciente y se expresa todo el horror contenido y asfixiante, de una verdad inalterable, presentada con el encanto sugestivo, que denota una pasión abiertamente desmedida por la intimidación trasgresora de lo abyeto, como los señala Julia Kristeva.
 
Roque, no simplifica solo nos presenta lo real y nos conduce a la experiencia dolorosa de un país que siempre olvida.
 
 José Ignacio Cáceres Serna. Estoraque mixtico.
Videoarte. 2009-2011.
 
La obra, construida a partir de un discurso audiovisual, pretende maximizar lo narrado a partir de un dispositivo de ultravisión, como búsqueda seudocientífica del significado del amor, retomando de cierta forma la obra del artista neoyorquino Louise Lawler (Eye Contac, 1999).
 
Así, lo onírico fantasioso al que nos remite “Ex-tor-aque Mixtico”, inmerso en la estética de lo cursi y el ridículo, pero convertido en un apéndice instrumental del detalle, se convierte en una diatriba contra las seudo asociaciones espirituales y las implicaciones de lo proclive del amor.
 
 
Verónica Giraldo Canal. Dios.
Fotografía. 80x60 cms. 2010.
 
Dios, el absolutamente absoluto como imperativo categórico, es visto desde la desolación de la imagen evocativa que explora una exclamación que va más halla de lo religioso y humaniza el inmanente constructo de una realidad que no parecer ser el resultado del designio divino sino del hombre. Giraldo, se aproxima en termino de tratamiento fotográfico pictoricista y escrupulosamente compositivo, que realizaran el norteamericano Edward Weston yla italiana Tina Modotti.   
 
Juan Bautista Carrillo Cano. Ferrox.
Videoarte. 2011.
 
Repeticiones histéricas y de neurosis crónica, nos instaura en lo siniestro a partir del juego de repetición que reproduce un acontecimiento trágico, como puede ser de manera alegórica el roce entre naturalezas diversas.
 
En este caso de Ferrox conjuga la desesperación interminable del estado siquiátrico de esta sociedad ciclotímica, cuya única terapia frente a su consiente colectivo es entrar en el trance del olvido, aunque de otra forma lo abordan los video de Yoko Onno y Pipilotti Rist.
 
Benito Arguello Villamizar. Madre.
Talla en madera. 110x60x10. 2009-2011.
 
De la vieja tradición de nuestro talladores y sin la pretensiones de lo contemporáneo la obra de Arguello, evidencia otras practicas marginales que están presentes en Norte de Santander,  pero que se dan de manera silenciosa y que deambulan entre la formalidad del arte y la inconfundible producción artesanal.
 
Madre, es una estampa ingenua que nos asoma a la cotidianidad rural, ese paisaje soslayado por el síndrome cosmopolita en el que se empeñan nuestras ciudades, quizás la obra nos aproxime a la obra del maestro colombiano Marco Ospina en la magnificencia de los que habitan sus murales.
 
Diana Marianela Villamizar Albornoz. Miedo.
Fotografía. 100x80 cms. 2010.
 
La obra hace parte de una propuesta de arquitectura virtual, forjada con la participación de los internautas, pero no va más allá de sus referentes connotativos, presentándonos una realidad reiterativa y una preocupación, sin embargo, esta propuesta en sus construcción procesual, señala la necesidad de expresión que tienen amplios sectores sociales en nuestras regiones.
 
La fotografía, en su contexto niega su propia percepción en la simplicidad del gesto y la fragilidad sensitiva de una ansiedad aparente en contraposición a la felicidad deseable, discurso que por momentos se convierte en una burbuja estrecha y sensacionalista, que intenta dejar sin rostro a su observador y redescubrirle la otra acera de la realidad. La obra, en su concepción utilización de lo publicitario, evocando la imágenes producidas por el artista suizo Daniele-Buetti.