Imagen Regional 7
Naturaleza viva (Díptico) • Germán Tobías Ubaque León
Naturaleza viva (Díptico) • Germán Tobías Ubaque León
¿Es verdad que el arcoíris lleva peces? • Cesar Ernesto Agudelo Moreno
Aguas Mansas • Cristian Camilo Garzón Zuleta
 Resonancias • Arnulfo Velasco Garzón
Frágil • Winston Rubio Murillo
Crónica • Ernesto Carvajal Mosquera
Per-Formas • Mario Andrés Córdoba Molina

Imagen Regional 7 • Villavicencio

CuraduríaVictor Hugo Garavito

Obras: Germán Tobías Ubaque León, Cesar Ernesto Agudelo Moreno, Cristian Camilo Garzón Zuleta, Arnulfo Velasco Garzón, Winston Rubio Murillo, Ernesto Carvajal Mosquera, Mario Andrés Córdoba Molina.

Sospecha, inmediatez, simulación y artificio recorren este tiempo; mientras, nos debatimos entre la histeria crónica de una humanidad cada vez más esquizoide y la certidumbre de los abismos construidos a diario, como los muros que surgen de las ambiciones occidentales, servidas junto con viejas o intencionales disputas territoriales, nos destruimos sin el menor asomo de la sensatez pródiga que aliñe la esperanza al despertar y nos recuerde los idearios de civilización.

Las razones anteriormente expuestas nos tienen más lejos de nosotros mismos, enajenados, a contracorriente de lo que debería ser el uso de la inteligencia para crear y no para desatar la sucesión de eventos y hechos, negadores del compromiso responsable con una noción de futuro. Por lo tanto, en la actualidad estamos más decididos a destruir y menos a considerar la vida como la única salida viable. De igual modo, en medio de sus propias agonías, se encuentra el país destruido en su razón de ser, abandonado por su conciencia colectiva y menoscabado por el desprecio hacia sí mismo; eterno moribundo sin tregua a la guerra; al contrario, sigue sosteniendo la pérfida concupiscencia y los odios enconados por sus historias.

Bajo las circunstancias de interminables carencias, desafectos y soledades, deambulamos en nuestras regiones fracturadas por el conflicto y sometidas a las decisiones que nos conducen frente a una puerta cerrada y atada a su propia singularidad. De ahí que, desde la contemporaneidad, los artistas terminen por enfrentarnos a la recurrencia de un lenguaje que pone de manifiesto y nos revela el cuerpo natural y el del artificio, a partir de conceptos como el de naturaleza acechada, donde se sospecha y, en otros casos, termina por adaptarse a ese supuesto natural del designio como materia crítica de las realidades sociales. De otra parte, los recursos naturales se convierten en fuentes de terror por la sobreexplotación de las materias primas, tema ya denunciado por el escritor uruguayo Eduardo Galeano cuando señalaba que la riqueza de los pueblos los conducía a su propia destrucción y miseria.

Así mismo, se presenta una cierta sublimidad invertida: la no belleza idealizada en propuestas visuales que relacionan las obras con un bello conflictivo, estéticas convulsas de reflexión profunda del lugar de lo bello y las consecuencias de esa transmisión de lo bello en un arte de compromisos figurativos desplazado hasta los lenguajes abstractos sincréticos o puramente abstractos, donde se evidencia un retorno a una especie de figuración desde la presentación más que representación y figuración simbólica.

Además, se manifiesta una sublimación des-sublimada, en oposición a una sublimidad armónica, kantiana, ideal de belleza pura, sino en lo sublime “invertido”, en palabras del filósofo colombiano Jaime Montoya, donde lo bello aparece en lo escatológico, en lo que sobra o lo que falta, reflejando así una tendencia hacia el compromiso de la forma en procesos que implican tanto la producción como la posproducción.

Por esta razón, no hay abandono, sino una intención de transformar la trascendencia de lo formal, sin supeditarlo única y exclusivamente a la representación sino a un compromiso de la función del arte frente a consecuencias de orden social y político.

Es decir: se hace arte para algo, porque el arte por arte, asumido este desde lo más básico de lo referencial, es un imposible categórico con el que abordan los creadores la preexistencia de sus contextos, sumergidos en una realidad reveladoramente traumática a la hora de su ejercicio creativo; porque no se trata de una vacuidad fundada en el vacío, pues la nada sí contiene y, superior a Dios, se encuentra en todas partes, sino en el compromiso del arte, enunciación que trasciende la simple denuncia crítica, visible hoy por la recurrencia de los lenguajes con cargas publicitarias y quizás con lógicas panfletarias, pero trascendidas, reelaboradas, re-estudiadas y por ende, re-actualizadas.

No se trata de huirle al panfleto; por el contrario, se consideran otras perspectivas del panfleto para otorgarle un lugar de enunciación válido en el discurso artístico contemporáneo; sin embargo, en otras esferas aún se estiman sus recursos como hechos del pasado, cercados por la pobreza constructiva de sus lenguajes.

A pesar de ello, lo panfletario aparece con fuerza en obras desde la publicidad, la fotografía, el facsímil; ahí es reactualizado y reapropiado, a partir de prácticas artísticas donde emergen ver-daderos actos de resistencia contracultural; así se inicia el establecimiento de otras relaciones de análisis de contexto, las cuales cuestionan las nociones de público, artista, realizador, curador o comisario; de esta forma, lo simbólico y ficcional, utilizado para narrar o representar la realidad, se encuentra derrotado estrepitosamente y en contraposición se derivan otras sintaxis visuales que subvierten el sistema y el orden; al mismo tiempo, se echa por tierra el significado a secas, como un gesto de simple perturbación denotativa, frente a la alteridad ofrecida por la multidimensionalidad incluyente del panfleto.

Con relación a las tensiones que surgen entre los conceptos de naturaleza e identidad del lugar, se avizora en el tejido de las pulsiones un señalamiento de región extendida, donde su noción no se refiere a una demarcación limítrofe de lo territorial geopolítico, de un lugar dado en la situación; al decir del filósofo Peter Sloterdijk, la máxima del “conócete a ti mismo” cambió a “conoce la situación”; es decir, el creador asume no un espacio físico, sino una inflexión por donde atraviesa ese “ser ahí”, poniendo de manifiesto una frontera atemporal construida como inversión y sedimentación de lo simbólico-estético-afectivo y las relaciones establecidas en él; en definitiva, a partir de la revisión de las obras inscritas en la convocatoria de Imagen Regional VII se puede dar cuenta de una transformación de la figura del creador demiurgo a un creador, según Paul Ardenne, conector, conocedor de su situación, la cual consiste en reconocerse atrapado en un lugar muerto y rodeado por una realidad.

En ese orden de ideas, Imagen Regional VII se ubica en esos entramados de la retícula de las expresiones y diversidades de la contemporaneidad con las que se aborda el país y propone un proceso de reflexión de la producción plástica y visual, que amplía el diálogo intrarregional y exógeno; además de incentivar procesos de investigación-creación articulados o no con la institución del arte, la investigación y, ¿por qué no?, la circulación de la producción artística, aunque lo más importante es el espacio de encuentro que propicia.

Para finalizar, los artistas observan y abordan al mundo desde las consecuencias del hombre, lugar común que le da soporte a las concepciones y cosmovisiones que cada uno configura en el entramado y como resultado de sus relaciones simbólicas.


Villavicencio o las contradicciones del paisaje
 
Germán Tobías Ubaque León. Naturaleza viva (Díptico).
Oleo sobre lienzo. Dim. 150x100 cms. 2011. 
 
La experiencia del paisaje y la cuidadosa observación con la que se examina las estructuras bióticas reflejadas y en plena transformación nos permite la otra mirada de un país abiertamente rural y donde su máxima riqueza se encuentra en la biodiversidad, la misma que esta ausente en la naturaleza de Ubaque, como señalando el inexorable paso de tiempo y las consecuencias que ello ha tenidos en los ecosistemas estratégicos por la intervención antrópica.
 
“Naturaleza Viva”, no es un acto a la obediencia contemplativa ni la contrición nostálgica del ambientalista consumado, tampoco la postal que se petrifica en la ambición retiniana o que inmortaliza lo bello sublimado al servicio del consumo decorativo, al contrario, la obra nos cuestiona al preguntarnos por el país desconocido y lejano.         
 
Cesar Ernesto Agudelo Moreno. ¿Es verdad que el arcoíris lleva peces?
Video instalación. 2011.
 
Desarrolla una mirada atenta, desde el interés personal del artista por indagar sobre su origen y se convierte en una acción de autoreferencialidad de su historia privada, narrada a través del mito rural llanero.
 
Cristian Camilo Garzón Zuleta. Aguas Mansas.
Pastel sobre papel. 110x100 cms. 2011.
 
Mientras lo predominante es la referencia al paisaje, “Aguas Mansas”, da vuelta y nos expone frente a lo construido, en medio de la exuberancia biofísica y geomorfológica del Piedemonte Llanero.
 
Gesto nada gratuito, al plantearnos sobre que constructos conceptuales nos relacionamos con el mundo, en la apariencia de lo inerte de un objeto dubitativo, encerrado sobre sus propias márgenes y reduccionismos, asfixiado en la espesa quietud ontogénica, pero en la que aparece diversas preguntas.
 
La obra, llena de superficies un tanto frías, asépticas, idealizantes del mundo desde lo superficial, que no admite observar la profundidad de sus aguas y niega las consecuencias de los desastres construidos y nos remite al figurativismos del artista ingles David Hockney, además, de laEscuela de california y el maestro Santiago Cárdenas.
 
Arnulfo Velasco Garzón. Resonancias.
Instalación. Dim. Variables. 2010.
 
Especie de reconstrucción del ámbito familiar a partir de un yo sitiado en el que se retiene la direccionalidad de los opuestos en la tensión de los ámbitos de poder y autoridad.
 
En la esfera privada del yo sitiado en doble dirección: ambivalente, responde a las indagaciones y búsquedas personales en medio de las construcciones sociales y la forma como nos relacionamos con el mundo, que se ancla en los juegos ancestrales de oposición implícitos en el ritmo natural de la cosas: izquierda-derecha, oriente-occidente, etc., todo ello en marcado en un reflejo oscuro como signo de autoreconocimiento de crisis y especie de autorretrato.
 
Resonancia es una obra muy cercana al artista norteamericano Tony Oursler, en el sentido que Garzón indaga por sus “esferas”, a través de una escenografía evocadora y el videoarte.
 
Winston Rubio Murillo. Frágil.
Escultura. 11.5x26.4 cms. 2011. 
 
Contradicción entre lo leve y lo. Fragilidad que domina lo duro en respuesta a una de las lecciones propuesta de Italo Calvino y a la evidencia del comportamiento de mundo dominado por el software y la nada invisible frente a la idea de mundo territorio inabarcable, vasto y salvaje.
 
Frágil, se vincula a los ideales de cultura propia, ancestral y kitsch, en medio de una historiografía de orden identitaria, que echa por tierra la conexión de la cultura contemporánea con lo ancestral-aborigen, sinónimo de imagen colombiana; la obra ataca directamente la noción del ser, con base en ideas de nación, cultura tradición y en algún sentido se acerca a las piezas del artista chino Liu Jianhua.
 
Ernesto Carvajal Mosquera. Crónica
Video instalación. 2011.
 
Desde una permanencia conflictiva en línea apologética de reconocimiento de memorias idealizadas por juegos de resistencia social, frente a poderes establecidos en donde la apropiación colectiva se enfrentan a nociones de instauración del poder estatal por la violencia.
La obra de Carvajal, de fuerte carácter político, se ha intentado minimizar una realidad contemporánea del país por juegos de seducción desde lo plástico y del artificio, quizá en la vía de lo realizado por los artistas colombianos  José Alejandro Restrepo, Wilson Díaz, Bernardo Salcedo, Carlos Julio Quintero, Imelda Villamizar y Nirma Zarate.
 
Mario Andrés Córdoba Molina. Per-Formas.
Instalación. Dim Variables. 2011.
 
¿Es esto arte? Un mueble empotrado sobre la pared coronado por un espejo negro, quizá una piedra pulimentada, objetos dispuestos a cada lado, derecho e izquierdo y que pertenecen al ámbito privado, una silla ¿para sentarse? O ¿para ver sentarse una figura ausente?.
 
La respuesta seria, es arte en la medida en que los objetos encontrados y naturalezas nuevamente construidas en el espacio expositivo lo produzcan y lo presenten. Lo que es arte en la obra no son los objetos extraídos crudamente y con gusto sospechoso de lo familiar, sino la asociación e invitación a la nada, que como defendemos en la tesis curatorial, sí se encuentra en todas partes. La nada contingente contiene la carga de obras como los objetos encontrados de Duchamp, las escenografías de Cindy Sherman, las invitaciones obstrusas del coreano Rhee Ki-Bong y la sutileza del ordenamiento de lo objetual cuidadosa y parsimoniosamente propuesto por la artista santandereana Imelda Villamizar.
 
No obstante y al contrario de los artistas antes citados vemos en la manipulación de los objetos propuesto por Córdoba, un afán de desligarse de la producción de la noción arte desde la manipulación o creación, en su lugar plantea la descontextualización en medio de un lenguaje abstraído y sordo mudo, pero sí con intención denotativa y hasta cursi, pero bello imaginado y cuestionador en lo habitual.