Imagen Regional 7
Espejo en el riachuelo • Oveimar Sanchez Velasco
Pacífico • Jaime Alexis Gonzáles Castaño
Heliconia • Jose Rodrigo Adarmes Garzón
Sin título • Herlyng Ferla
Billetes • Juan Martin Rico Villegas
Petit Mal • Sandra Patricia Navia Burbano
Cachito • Oscar Romero Villegas
Pareja salsera • Alejandro López Aristizabal
Cofradía • Liliana Vergara Zambrano
sudarios 1, 2, y 3 • Angela Villegas Villegas
Bendiciones de Dios que el hombre convierte en maldición • Maria Fernanda Campo Cuartas.
Slow • Camilo Eduardo Aguirre Vaca
De la serie Tiempo Liquido • Natalia Cajiao
De la serie fatamorgana, sin título, Palacio del secretariado • Henry Andrés Salazar
de la serie fatamorgana, sin título, Villa Savoye • Henry Andrés Salazar
de la serie fatamorgana, sin título, Weissenhofsiedlung • Henry Andrés Salazar
de la serie fatamorgana, sin título, Palafitos • Henry Andrés Salazar

Imagen Regional 7 • Cali

Curaduría: Jim Fannkugen

Obras: Oveimar Sanchez Velasco, Jaime Alexis Gonzáles Castaño, Jose Rodrigo Adarmes Garzón, Herlyng Ferla, Juan Martin Rico Villegas, Sandra Patricia Navia Burbano, Oscar Romero Villegas, Alejandro Lopez Aristizabal, Liliana Vergara Zambrano, Angela Villegas Villegas, Maria Fernanda Campo Cuartas, Camilo Eduardo Aguirre Vaca, Natalia Cajiao, Henry Andrés Salazar.

En la séptima versión del programa Imagen Regional del Banco de la República y a lo largo de todas las anteriores se han planteado inquietudes con respecto a la producción artística de todas las regiones del País, para esta versión se trata de mostrar los resultados artísticos y conceptuales de cada una de las sedes, según un proceso ampliado de convocatoria, se trata de identificar donde concluyen, piensan, reflexionan y producen los artistas de estas zonas con respecto a su contexto y región, es por eso que la propuesta ha llegado a todas las esferas creativas y ha tratado de ser incluyente invitando la participación de artistas profesionales, en formación y empíricos.

Entre las obras seleccionadas para esta versión encontramos una variedad de temas en los que se destaca una recurrencia tanto al paisaje natural como al urbano, a la vez cobran relevancia las tradiciones y costumbres propias de las regiones. Además, se evidencia una preocupación estética por la problemática social cotidiana de una ciudad tan convulsionada como Cali, inmersa en un agudo panorama de violencia y exclusión.

Como un primer eje central se destaca el paisaje que nos propone un grupo de artistas, quienes manifiestan a través de la naturaleza no solo un tributo a la Madre Tierra, sino también la necesidad de preservar el medio ambiente. Al encontrarnos de frente con la obra de Oveimar Sánchez nos resulta inevitable remitirnos al paisaje tropical que evoca la Sucursal del cielo y sus siete afluentes hídricos: el río, con todas sus connotaciones, presente en el imaginario colectivo de los habitantes de una ciudad tan calurosa como Cali; ellos encuentran en el paseo de río un retorno a la infancia, a otros tiempos, una búsqueda hacia el equilibrio natural, procuran-do escapar de la jungla de cemento. Ese parece ser el camino que emprende este artista, quien se sumerge en el paisaje natural para presentarnos con esta pintura al óleo de gran formato diversos matices de verde, propios de la geografía del pacífico colombiano.

La pintura Pacífico, de Jaime Alexis González, se encamina en esta misma dirección, es decir, focaliza su atención en la naturaleza del Pacífico, un mar bravío caracterizado por una paleta de tonos fríos, pero cargado de fuerza y movimiento, características propias del contexto paisajístico de esta zona húmeda tropical; por medio de buen manejo atmosférico logra adentrarnos en una instancia onírica.

Apropiarse de la esencia de la naturaleza vegetal y animal endógena de Cali, ciudad de origen del artista, es la campaña que emprende José Rodrigo Adarmes, quien se nutre de las experiencias con su entorno rural para aproximarnos a formas geométricas abstractas, con colores que dialogan con la naturaleza a la que rinde tributo a través de la escultura.

Otro aspecto importante en esta selección de obras está relacionado con el entorno urbano, esta vez se trata de las representaciones paisajísticas o cartográficas de experiencias personales o colectivas. El trabajo fotográfico que presenta Natalia Cajiao hace parte de una reflexión sobre el paisaje urbano y sobre el medio físico-químico de la fotografía análoga. La artista, inspirada en el libro Tiempos líquidos, de Zygmunt Bauman, se propone capturar y condensar en esta serie de fotografías, diferentes escenas o situaciones de la vida cotidiana en cualquier ciudad, se trata de una reflexión espacio-temporal sobre momentos fugaces que se desvanecen, sobre la impermanencia de las cosas, sobre lo mutable y lo cambiante.

Las obras que vemos de Henry Salazar hacen parte de su proyecto Fatamorgana, en el que hace una reflexión sobre los complejos sistemas habitacionales del sur colombiano, basados en construcciones palafíticas, en la cual establece una postura diferencial y argumental con Occidente, donde se privilegia la privacidad de los interiores; estas otras construcciones, en cambio, proponen un “adentro” subvertido por el afuera, las cuestiones más íntimas suceden de puertas para afuera.

La obra de Herlyng Ferla se puede relacionar en gran parte con el paisaje urbano; el artista selecciona e interviene objetos bajo una mirada crítica sobre atributos estético-formales. En la obra que presenta en esta exposición utiliza una puerta de madera a la que, por medio de gubias, bisturí y tintas, le imprime una serie de imágenes que detonan en el espectador sensaciones atemporales, de experiencias transitadas; devela asimismo, con sus múltiples capas, el paso del tiempo, es una obra que desde una reflexión personal logra pasar a una sentida memoria colectiva.

…Se podría decir que el valor del dinero es una idea, y nada de su materialidad importa. Juan Martín Rico Villegas resume con esta frase todo el contenido de su obra, en la que a partir de la subversión del billete como objeto de transacción, borra el significado que la sociedad de consumo le otorga. Con esta obra se puede intuir un cuestionamiento al fenómeno del narcotráfico y al lavado de activos como dinámicas de la economía predominante en casi todas las esferas de la sociedad y específicamente en la ciudad de Cali.

Oscar Romero Villegas se hace presente con su obra denominada Cachito. Se trata del retrato de un personaje de aquellos que habitan las calles de alguna de nuestras ciudades latinoamericanas en vías de desarrollo, con este dibujo realista nos muestra de manera directa el problema de la drogadicción y las repercusiones de este fenómeno en la sociedad, evidencia un reflejo de dicha problemática y del abandono del Estado.

Pareja salsera, lleva por título la pintura de Alejandro López Aristizábal, un óleo sobre tela que destaca el cuerpo y sus manifestaciones a través de la salsa, movimiento cultural arraigado en Cali y sus alrededores, pero con mayor fuerza los sectores populares, que encuentran en la danza una posibilidad de expresión y de libertad, se trata de una propuesta rica en color y movimiento.

El trabajo plástico de Sandra Patricia Navia siempre ha estado marcado por una constante búsqueda de los procesos anómalos de la psiquis y del comportamiento humano; la obra que presenta, denominada Petit mal, hace referencia a un síndrome que produce en quien lo padece un leve ataque de epilepsia, apenas perceptible al ojo humano. Sandra Patricia aprovecha los exámenes que realizan los médicos para la detección y diagnóstico de esta enfermedad, proponiéndonos una serie de tres dibujos elaborados con pelo humano, que describen una compleja taxonomía del cerebro, extrayendo desde las ciencias los elementos necesarios para realizar una cartografía del mismo, de sus pensamientos y de su comportamiento.

La artista Liliana Vergara nos deja ver en su propuesta que su trabajo parte de una profunda investigación y reflexión sobre la imagen, nos dice que, la obra de arte no es el reflejo, sino una reflexión: no son las tintas las que hacen las pinturas, sino el sentido expresivo y problemático que solo puede ser trasmitido por la relación entre la voluntad y la situación intelectual-emocional. Liliana nos presenta un grabado que lleva por título Cofradía, en el que encontramos, aparte de un gran dominio de las técnicas calcográficas, una imagen cargada de valor simbólico. Los tonos que usa nos pueden remitir directamente a una asociación con el episcopado —recordemos que la palabra cofradía remite a pequeños grupos de personas reunidas para un fin común—. La escena representada por la obra resulta un tanto misteriosa, pues logramos distinguir unos personajes que se pasean sobre un espacio incierto, algunas veces reticular, otras veces orgánico, haciéndonos pensar en un eterno devenir, en una continua dualidad.

María Fernanda Cuartas expone una obra cargada de un valor simbólico muy fuerte, inspirada en ritos de iniciación y de inclusión sociocultural de la mujer —los quince años, el matrimonio—. Con su obra nos presenta, desde su visión crítica femenina, un punto de vista íntimo respecto a su cuerpo y su relación con el entorno: Nací para ser habitada, no para que me habiten…, es el referente literal en su obra, reclama para sí una identidad propia alejada de las convenciones patriarcales.

La mujer aparece nuevamente como tema central del artista Camilo Eduardo Aguirre, quien describe en palabras propias su obra: “…Una serie de 42 dibujos en acuarela en los cuales se narra la vida de una mujer en Cali… Se trata de un homenaje a la cotidianidad y a las historias íntimas y anecdóticas”. Su personaje transita a lo largo de cuatro décadas, partiendo de los convulsos años sesenta hasta nuestros días, con las transformaciones que acompañaron esta época para los caleños, quienes sintieron repentinamente los cambios que el desarrollo industrial trajo al ritmo de la vida diaria.

Ángela Villegas, en su obra Sudario, nos muestra una reinterpretación de un icono cristiano a través de la impresión de una imagen de Jesús previa a su muerte, símbolo de la expiación de culpas. Villegas propone unos nuevos sudarios, inspirados en los desaparecidos que se muestran en los diarios locales, los cuales han sido elaborados con espinas de una planta local llamada chonta; estos dibujos espinosos resultan ser una imagen recurrente en nuestra sociedad, un símil del dolor y la impotencia para cambiar nuestra propia realidad.