Imagen Regional 7 • Ipiales
Curaduría: Jim Fannkugen
Obras: Milton Cabrera, Fabián Ernesto Montenegro Avellaneda, Carlos Efrain Rosero Vozmediano, Mauricio Norbey Carranza Erazo, Hector Julian Hernandez Bucheli, Jaime Rodríguez Pantoja
Ipiales es una ciudad de frontera, ubicada en el extremo suroccidental de Colombia, vecina a Ecuador. En otros tiempos fue puerta de entrada a las ampliaciones del vasto imperio Inca; aunque los nativos de esta zona opusieron resistencia, los españoles en la Conquista y, posteriormente, en la Colonia lograron someter e imponer su cultura a estos pueblos. No es extraño entonces que los artistas de esta zona del país utilicen en sus producciones artísticas contemporáneas el legado de sus antepasados en este territorio, pues se entiende que un artista no puede desconocer su pasado y debe apropiarse de su entorno, propiciando desde allí nuevas lecturas y re-significaciones.
Las propuestas de los artistas seleccionados para esta exposición hacen parte del proceso que comienza en territorios olvidados por el tiempo, pero que por terquedad o por la dinámica social tratan de sobreponerse y encontrar un sentido de pertenencia que comienza en el pasa-do, produce resultados en el presente y se proyecta hacia el futuro.
Ipiales es una ciudad que refleja grandes avances culturales, económicos y turísticos, y que a la vez manifiesta un fuerte arraigo histórico. En la propuesta de Mauricio Carranza encontramos una marcada influencia con el trabajo del artista conceptual colombiano Antonio Caro, quien en los años setenta escribió la palabra Colombia con la tipografía del logotipo de Coca-Cola, como un acto premonitorio de la invasión comercial norteamericana en nuestro territorio. Carranza nos presenta tres estructuras forradas con una tela tejida, elaborada artesanalmente con fibras naturales, que llevan impreso un patrón geométrico de líneas verticales y posteriormente ha sido intervenidas con una serie de logotipos de Coca-Cola y con unos grandes bloques de color amarillo. La obra hace referencia directa-mente a esta zona limítrofe con el Ecuador, en donde los límites se han borrado, la economía termina siendo la misma, y el legado socioeconómico y cultural se desdibuja. Se trata de un territorio amorfo, carente de pertenencia, según dice el autor: Mi obra se nutre del reconocimiento de unas condiciones socioculturales profundamente mestizas y complejas que hacen pensar no en una identidad como esencia, sino como devenir.
En las fotografías de Jaime Rodríguez Pantoja nos encontramos con unas tomas de algunos parajes naturales de la zona cercana a Ipiales que dan la sensación de estar contemplando un paisaje no natural, por el contrario, a veces parecen representaciones del mundo del ensueño, algo más onírico, lo que parece tener relación con las características atmosféricas de Ipiales y sus alrededores, con el fenómeno llamado “nubes verdes”: el cielo, producto de los gases y vapores de los volcanes vecinos, parece tinturado con un tono verde esmeralda.
El trabajo pictórico de Milton Cabrera está relacionado con el legado histórico prehispánico; en Raíz, el nombre alude a varios aspectos, el más evidente relacionado con la parte formal, pues se refiere a la papa, señalando una de las miles variedades de este tubérculo, de origen prehispánico, que fue uno de los grandes aportes de los incas a la humanidad, además de ser uno de los productos más consumidos en la actualidad, eje central de la alimentación en esta y otras culturas. Por otra parte, en su obra, Quinde, se puede determinar la relación intrínseca con el legado prehispánico. Quinde significa colibrí en esta región y en esta pintura retoma una pieza orfebre de la cultura de grupo indígena de los pastos.
Milton exalta el valor simbólico y ceremonial de dicha pieza en un contexto un poco expresionista, marcado por una explosión de colores vibrantes. En esta condición del legado prehispánico también podemos ubicar el trabajo de Héctor Hernán Bucheli. Con la obra, Fuerza creadora, nos propone una instalación que re-presenta nuevas prácticas ceremoniales, rituales, creencias y costumbres híbridas que se transforman de generación en generación, provenientes de culturas prehispánicas. En este caso propone un ritual en una zona rural cercana al municipio de Cumbal, donde coexisten, según él mismo afirma, aire, fuego y agua. Integrada a estos elementos aparece una forma redonda como símbolo de fertilidad y en concordancia con la Pacha Mama. Hernán nos propone equilibrio y congruencia entre las fuerzas elementales de nuestro planeta, cada vez más desplazadas y olvidadas por el avance tecnológico.
Precisamente una de las propuestas que utiliza avances tecnológicos, tanto en su producción como en su concepto principal, es la que presenta Carlos Efraín Rosero, arquitecto de profesión, quien usa un software que transforma imágenes en fractales. Estas imágenes parten de su marcado interés por la antigua relación del cuerpo con las estructuras arquitectónicas. Rosero, con una gran influencia de la arquitectura, percibe escenas de cuerpos, paisajes o edificaciones de su entorno inmediato y las trasforma en esta compleja lógica de algoritmos que, vistos con atención, pueden remitirnos a enormes vitrales de estilo gótico.
En la obra, Cachazadeporte —actividad deportiva que data de más de quinientos años, denominada también como tenis pastuso—, Fabián Montenegro tiene igualmente un marcado acento en las tradiciones prehispánicas. Montenegro nos ilustra con unos modelados 3D producidos digitalmente, un elemento empleado para la práctica de este deporte y presenta una especie de raqueta coronada por unos montículos en su superficie plana. Acompañando estas piezas ubica un dispositivo de información referente a un sitio web, el cual se encarga de promocionar y preservar este deporte ancestral, patrimonio colombiano.










