GEOGRAFÍA HUMANA DE COLOMBIA
VARIACIÓN BIOLÓGICA Y CULTURAL EN COLOMBIA
(TOMO I)
Instituto Colombiano de Cultura Hispánica
© Derechos Reservados de Autor

SURBA INNA. RITO DE INICIACION
FEMENINA EN LA CULTURA
CUNA-TULE


Oscar Salazar 
(Docente Universidad de Caldas)
Luis Guillermo Vallejo (Artista)

 

"Vi que las culturas indígenas ofrecían opciones insospechadas, estrategias de desarrollo cultural que simplemente no podemos ignorar".
                                                                                 Gerardo Reichel-Dolmatoff

 

Este ensayo narra algunos aspectos de la historia del grupo indígena CUNA-TULE, y en especial el rito de iniciación de la pubertad femenina, denominado "SURBA INNA", del cual tuve ocasión de conocer a través de la indígena Nevaquiriadi y de presenciar, en ceremonia realizada en "El Caimán", durante mi estadía con este grupo indígena.

Los CUNA-TULE habitan actualmente el golfo de Urabá Colombiano y el archipiélago de San Blas en Panamá, los cuales conservan en gran parte la cultura de sus antepasados y sus rituales ceremoniales son la base de la filosofía que rige su comportamiento.

La Gran Expedición Humana "a la zaga de la América oculta", es un grupo humano interdisciplinario, de profesionales Colombianos y extranjeros, dirigidos por el genetista Dr. Jaime Bernal Villegas, que tiene por objetivo la investigación de las culturas indígenas, en sus diferentes formas de comportamiento, en aspectos: genéticos, socioculturales, así como la atención en salud, y pretende la divulgación de sus costumbres y tradiciones para que sean conocidas, entendidas y respetadas por otras culturas existentes. La Gran Expedición Humana, recorrió las reservas indígenas del territorio Colombiano en un viaje ininterrumpido durante un año para conmemorar el aniversario 500 del "encuentro entre dos mundos" tiempo en el que visitó a más de 34 etnias diferentes, una de las cuales fue la cultura Cuna-Tule.


AMÉRICA INDÍGENA - AMÉRICA HOY

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Los actuales indígenas de América: Una América oculta, una América dispersa; son hoy, el residuo de remotas culturas que no pasaron impunes a la conquista española hace 500 años y a la posterior colonización extranjera y nacional que cotidianamente se viene dando al tratar de invadir no sólo sus territorios sino también al tratar de despojarlos de su tradición y su cultura. Debido a estas presiones, los grupos indígenas que pueblan hoy el territorio Americano se refugiaron en empinadas cumbres de infranqueable acceso, en distantes valles, que por lo difícil de sus tupidas selvas, o por la accidentada topografía de sus regiones, pudieron allí conservar sus tradiciones y guardar su cultura de estas invasiones que arrebatarían no sólo sus pertenencias materiales, sino también destruirían su cultura cósmica y su riqueza espiritual. Ahora con el advenimiento de nuevos y más amplios pensamientos, y cansados ya de equivocarnos en la búsqueda de la excelencia en los antiguos tratados griegos, en la filosofía romana o en las modernas teorías cuánticas, queremos entrar en la era DE LA POSTMODERNIDAD al fin de este milenio, proponiendo modelos diferentes de conductas humanas practicadas por las actuales culturas indígenas de la América oculta, y que posiblemente son la respuesta a tantos interrogantes que en la era moderna, con su alta tecnología no ha sabido resolver y en lo que el hombre actual no ha podido encontrar la paz ni la razón de la existencia con relación al universo en que habita.

Existen otras culturas, más puras, más autóctonas, de gente simple, armónicas consigo mismas y con sus cosmos, que saben respetar sus tradiciones, seguir su cultura, guardar el equilibrio ecológico, ajenas a la envidia, a la dominación, a las riquezas materiales, que no conocen la criminalidad, ni la delincuencia, ni la violencia política, donde no existe la prostitución, la usura, donde la religión es una positiva filosofía de su vida y una afirmación del desafío constituido por la existencia.

Usan sustancias sicotrópicas con fines curativos o proféticos y por medio de ellas se acercan al mundo de los espíritus y encuentran así la solución a sus problemas. Amigos del universo y llenos de dioses que los dirigen y guían y a los cuales respetan y aman creando una cosmovisión propia que los mantiene por encima del bien y del mal, son quizás hoy los GUARDIANES DEL UNIVERSO, de alto nivel moral, con sentido de solidaridad grupal, fuertes y pacientes de espíritu, lo que les ha permitido sobrevivir siglos de persecución y difamación. Allí sería bueno que las miradas de otras culturas se dirigieran, buscando en ellas una razón válida para aprender a coexistir con el resto del universo que habitamos.


UNA MIRADA A LOS CUNA-TULE

Los indígenas TULE, como se enominan ellos mismos y que quiere decir "gente", son conocidos como LOS CUNA en lo amplio de la geografía Americana, pertenecen a la familia lingüística Chibcha, su origen es en el cerro de "TAKARCUNA", como lo dice su tradición, localizado en la reserva indígena de Arquía en el Departamento del Chocó y vecino del país de Panamá.

A partir de la mitad del siglo pasado han venido emigrando para ocupar actualmente el territorio del golfo de Urabá en Colombia en donde tienen sus asentamientos en la reserva indígena llamada EL CAIMAN, la cual a su vez está conformada por tres sitios conocidos como; el caimán nuevo, en la costa Atlántica, el caimán medio, arriba en la serranía y el caimán alto, en la tupida selva (Departamento de Antioquia) en ARQUIA (Departamento del Chocó) y en el Archipiélago de San Blas en Panamá. (Romoli, 1987).

Durante el siglo XVII mantuvieron múltiples enfrentamientos con sus vecinos meridionales, los Emberá-Catío, por conflictos de tierras, (Morales Gómez, 1992). En la colonia, los Cunas desempeñaron un papel muy importante como comerciantes, suministraban: cacao, coco, maíz, raicilla, plantas medicinales como la corteza de quina, tagua, ipecacuana y pieles de mamíferos como el tigre, los osos, las nutrias, y carne de animales montunos, peces y tortugas, a comerciantes europeos principalmente ingleses, escoceses y franceses, recibiendo a cambio: armas de fuego, pólvora, herramientas de trabajo, vestidos usados, y adornos de cuentas de vidrio, como también espejos y cosméticos. Fue tan destacada la actividad comercial de los aborígenes, que en el siglo XVII se estableció una compañía escocesa dedicada a llevar a Europa lo suministrado por los Cunas, pero la compañía debió abandonar sus operaciones ante los ataques de los españoles, franceses y piratas ingleses.

Lionel Wafer, viajero que participó en esas actividades, dejó unas muy interesantes memorias al respecto. Relata que en 1861 llegó a la costa un barco pirata, cuya tripulación como todas las de ese tiempo, contaba con un cirujano, es decir, con un experto en cortar barbas, hacer sangrías y amputar extremidades en casos de urgencia y en el trance de guerras o piraterías.

Wafer dejó junto con los otros tripulantes el barco en la costa y se internaron por la selva tratando de atravesar el itsmo de Panamá, accidentalmente fue herido y se vio obligado a quedarse con los Cunas por un período de cuatro meses, y estableció magnífica amistad con el jefe indio Lacenta, con su esposa y familiares. Tomó notas y dibujó escenas de la vida cotidiana de sus nuevos amigos Cuna, y logró que las mujeres le pintaran el cuerpo con aves y figuras antropomorfas en vivos colores y con representaciones mitológicas de su cultura. Cuando regresó a Inglaterra, escribió y publicó sus notas en 1699, y la información llegó a William Patterson quien salió en 1698 del puerto de Leith en tres buques de guerra con destino al Darién. Llegó a la bahía de Anachucuna y luego a punta Escocés en donde se alió con los Cuna, para poder resistir los ataques de españoles y franceses (Morales Gómez, 1992. Nina Friedemann, 1992).

A partir de 1850, los indígenas, presionados por los movimientos de colonización de sus tierras emprendidos por emigrantes del interior del país entre ellos buscadores de oro, explotadores de selvas, comerciantes y aún prófugos de la justicia, buscaron refugio en lo alto de las cabeceras de los ríos y en lo impenetrable de las selvas del litoral atlántico en el golfo de Urabá en Colombia como en el archipiélago de San Blas, y en las islas de Ailigandi, Ustupu, Achutupu, etc. (Romoli, 1987).

En el año de 1925 la insurrección Cuna en Panamá, proclamó la República Independiente de Tule, la rebelión surgió como una reacción necesaria para proteger los bienes económicos del grupo así como su patrimonio cultural haciendo una sola nación que comparte los dos países como son Colombia y Panamá en donde tienen sus actuales reservas indígenas gobernadas y regidas por sus caciques y sus leyes. (Francisco Herrera, 1972).

 

LA MUJER CUNA

Luego de un largo recorrido por la Colombia indígena, encuentro que la mujer CUNA es quizás una de las más bellas y elegantes de las mujeres indígenas de Colombia, además de ser sobria, altiva, seria, sabe guardar sus tradiciones y usar sus atuendos como si siempre estuviera de fiesta, carga a sus hijos y sus viandas por largos caminos detrás de su esposo que gusta de montar a caballo, sin perder su compostura, sin dar signos de cansancio y sin queja alguna; resultado este de su mágica educación y poseída de dioses y ritos que la elevan a mujer suprema.

En la cultura Cuna la mujer es ritualizada en varias ocasiones; entre ellas, cuando nace le colocan una argolla de oro en su nariz (OLO), la cual lleva durante toda su vida y demuestra así, su casta femenina, y pasa a ser una protegida de los dioses. En la pubertad, cuando tiene la menarca (primera menstruación), se realiza una ceremonia conocida como SURBA INNA. También existen rituales especiales para celebrar el matrimonio, y la muerte. En esta última, la mujer es enterrada en el piso de la casa, para establecer una relación espiritual con los antepasados.

LA SURBA, es un pequeño cuarto, hecho de hojas de palma dentro de una maloca cuna, donde la joven pasa los días de su primera menstruación.

Los rituales INNA, que quiere decir fiesta con chicha, "giran en tomo a la existencia de lo femenino, de la fertilidad, de la abundancia y de la reproducción" (Nina Friedemann, 1992).

SURBA INNA

En este ritual ceremonial de la SURBA INNA, hay dos momentos básicos: el primero fue narrado por Nevaquiriadi (que en el lenguaje Cuna quiere decir "madre del temblor") mujer Cuna-Tule habitante de la reserva indígena del caimán, la cual, nos relató, explicándonos, en su casa, en las horas de la noche, paso tras paso este ritual mágico-religioso. El segundo momento, fue la fiesta ceremonial a la cual fuimos invitados los integrantes de La Gran Expedición Humana en noviembre de 1992.

Relató Nevaquiriadi:

"Los niños Cuna crecen libres al lado de sus padres, los cuales se encargan de enseñarles las labores cotidianas. El varón desde la edad de 7 años acompaña a su padre al monte y adquiere el conocimiento para cazar y pescar. La niña permanece al lado de la madre y aprende los oficios de recolección de frutos, preparación de alimentos, y la de confección de las molas (tejidos alegóricos a la cultura Cuna que usan en sus blusas) y los saburretis (faldas); la mamá de la niña la observa y está atenta cuando ella llega a la edad de 8 años, revisando su desarrollo corporal y detallando sus pechos buscando el brote mamario, éste se presenta como una pequeña bolita, que indica que la niña debe estar quieta y se le prohibe brincar, para que esta bolita no se le vaya a perder. La madre Cuna es orgullosa de tener una hija CUNA.

Año tras año, revisa constantemente los senos de la niña, los cuales crecen lentamente. En el momento de la adolescencia, aparece el obscurecimiento del pezón el cual se abre sobre la aureola, lo que indica que en un mes se desarrollará (tendrá su primera menstruación o menarca). La madre avisa entonces al padre, el cual va, en busca del cacique y le dice "ARBAE NOSA" (que significa "nos ha salido trabajo"), el cacique lo escucha y acepta la ley, luego sopla un enorme caracol que avisa a la comunidad, que se prepare para la celebración del rito, el cual tiene dos momentos diferentes; el primero donde la joven permanece en el SURBA y no se le deja ver de los miembros de la comunidad, sólo de su madre y las mujeres que le ayudan, y el segundo momento que es la gran fiesta, en la cual ella sale de la SURBA y preside la ceremonia ritual.

La madre prepara todo lo necesario para este acontecimiento como son las cocas de totuma, una tinaja y agua fresca. En la hora crepuscular, le coloca a la joven unos tizones apagados en la cabeza, y los cubre con un manto cuna, luego, es llevada a la maloca junto con su madre y otras mujeres que ayudarán en el ritual. La abuela de la joven la acuesta en una hamaca con toldillo, quedando encerrada y a oscuras. A la mañana siguiente llegan los hombres jóvenes de la comunidad trayendo hojas de palma, y danzando construyen, dentro de la maloca, el cuarto de los ritos llamado SURBA. En las horas del medio día, la joven es encerrada en el SURBA junto con su madre, y permanecen solas durante dos días, al cabo de los cuales, al anochecer, vendrán las otras mujeres para bañar a la joven, la cual está de pie y desnuda, le riegan el agua fresca traída del río en su cabeza y la dejan deslizar por su cuerpo, hasta caer al suelo donde han abierto un hoyo en el piso, que recogerá este baño con la sangre menstrual y evitará que salga de la SURBA, este baño se repite 8 veces. En la noche se sienta y posteriormente se acuesta en la hamaca, así cada día durante el período de la menstruación.

En la SURBA la joven sólo puede comer huevos, cangrejo, beber chicha dulce de maíz o plátano y debe evitar los alimentos que contengan sal, que sean espinosos, que tengan carne de monte, y sólo una toma al día en las horas de la tarde, además no debe ver ni ser vista por ningún hombre. El padre fermenta la chicha para la fiesta, (si la joven es de espíritu altivo, la chicha fermentará rápido), la cual puede ser de plátano, caña o panela. El avisa cuando está lista haciendo sonar un enorme caracol, para que lleguen todos a su casa. Es la ocasión apropiada para que se adornen con las joyas de oro y plata, las cuentas de chaquiras en los tobillos y brazos, además de lucir molas y saberretis nuevos. La gente de la comunidad se desplaza desde lugares distantes, ya sea a pie, a caballo o en sus cayucos (canoas) durante horas o días para asistir a la SURBA INNA.

Los hombres jóvenes y ancianos dialogan con el padre y hacen un homenaje al dios de los Cunas BATDUMAN (Padre Grande). La madre prepara en un calabazo limpio, plátano asado y huevos, además de chicha para un hombre joven, que va por 12 pepas de jagua, (fruto que servirá para extraer el zumo con el que se pintará a la joven) el cual, debe buscar el palo de la jagua en la selva, orientarse al sur de éste y treparlo por la izquierda. Así mismo, otro hombre joven va por dos cangrejos, son estos dos elementos: la jagua y los cangrejos, los que servirán de oráculo dando a conocer el futuro de la joven y le servirán de protección contra los malos espíritus. Es importante observar la posición de las jaguas en el árbol, si sueltan fácil, si se caen y así mismo se analizan los cangrejos, su color y cómo están ubicados al encontrárseles. Las jaguas las toman las mujeres acompañantes y las parten por la mitad con un cuchillo limpio, en ocho (8) movimientos lentos, observan la parte interna de los frutos y predicen el futuro de la joven. Con hojas de pijao y totumas de chicha se extrae el zumo de la jagua con el que se pinta a la joven desde la cabeza a los pies. Las mujeres que ayudan a la joven son las que primero toman chicha, tocan y bailan en esta primera fiesta.

Un segundo ritual es preparado a los dos días, la joven presidirá la ceremonia. En esta ocasión la madre le raspa el pelo, "una vez y luego otra vez, porque todo debe tener su pareja y hacerse par", luego le coloca un manto Cuna en la cabeza, y le enrolla una tira tejida de chaquiras en las muñecas y tobillos, luce un traje con la vistosa mola y el saburretis estampado en vivos colores, adorna su cuello con numerosos collares de pepas, dientes, monedas y luce la argolla nasal (OLO).

El personaje principal, por excelencia en estas fiestas, es el KANTULE o contador, el cual llega al lugar de la INNA ataviado con una corona de plumas y collares de colmillos de animales, acompañado de una flauta e inicia un recital que transporta el alma de la joven hasta el borde del mundo de los espíritus, donde moran los reyes de todos los animales. EL KANTULE y su séquito constituido por seis ayudantes entran a la gran maloca, con flautas y maracas hechas de finas cañas, huesos de águilas y de cráneos de armadillo, fuman sus pipas, queman cacao seco y tabaco en los braceros de cerámica y lo dan a oler a los invitados. El KANTULE se pinta con achiote los pies y la nariz para espantar a los espíritus malignos que acechan a la joven, luego prueba la chicha e inicia el canto; la joven ofrece 8 veces la chicha a las mujeres que la acompañaron en la SURBA, las cuales danzan al compás de las flautas y las maracas, simulando animales. Es en este momento del ritual, en el que la joven se transforma en mujer, dando así su primer paso maravilloso a la vida adulta "al asomarse al cielo de oro de los Cuna". La joven se para 4 veces al frente de los que danzan ofreciéndoles chicha, éstos interpretan con sus movimientos los ritos que los espíritus hacen al subir al cielo y recorren los senderos de los Kalus (espacios siderales donde viven las fuerzas de la naturaleza, los espíritus y los dioses). Algunos hombres de la comunidad son escogidos para vigilar que en la fiesta no haya peleas, ya que esto acarreará malos presagios para el futuro de la joven, de acuerdo a como se desarrolle la fiesta será el temperamento de la joven. La fiesta ritual debe terminar al día siguiente, luego de haber consumido toda la chicha, antes de que el sol se oculte, ya que éste es el guardián de la joven.

 

BIBLIOGRAFÍA

FRIEDEMANN S. NINA. AROCHA JAIME. Cunas: parlamentarios y poetas. Herederos del Jaguar y la Anaconda. Carlos Valencia Editores Bogotá 1982. Pág. 225-256.

MORALES GÓMEZ, JORGE. Grupo Indígena los Cuna tomo IX. Geografía Humana de Colombia. Instituto Colombiano de Cultura Hispánica. Primera edición 1992 pág. 63-92.

REICHEL-DOLMATOFF, GERARDO. Indios de Colombia: Momentos vividos - Mundos concebidos. Villegas editores primera edición, octubre 1991.

ROMOLI, KATHLENN. Los de la lengua Cuna. Instituto Colombiano de Antropología. Bogotá, 1987.

VARGAS, PATRICIA. Los Embera y los Cuna: impacto y reacción ante la ocupación Española siglos XVI y XVII. Instituto Colombiano de Antropología, Bogotá, 1993.

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