Signos cardinales, Cartagena, 2009 Quibdó, 2010
Registro del taller Signos cardinales Cartagena, 2009
Registro del taller Signos cardinales Cartagena, 2009
Panorámica de la Biblioteca Bartolomé Calvo del Banco de la República, Cartagena, Proyecto Signos cardinales, de Libia Posada
Signos cardinales Cartagena, 2009 Fotografía
Participantes en el taller Signos cardinales Cartagena, 2009
Participantes en el taller Signos cardinales Cartagena, 2009
Participantes en el taller Signos cardinales Cartagena, 2009
Participantes en el taller Signos cardinales Cartagena, 2009

Libia Posada

Libia Posada (1959). Es médica cirujana y maestra en Artes Plásticas de la Universidad de Antioquia. El tema de la obra de Posada es el maltrato intrafamiliar, del cual ha sido testigo durante sus años como médica general. La artista ha ganado reconocimientos importantes como el segundo lugar en el Salón Nacional de Artistas, en 1999, y primer premio del Salón Regional en el año 2000.

Signos cardinales, Cartagena, 2009
Quibdó, 2010


““Es en ese momento que estas personas pueden desplazarse del lugar de la víctima al lugar del poder, por el conocimiento de sí mismas y esa conciencia del territorio, de su fortaleza”.


“¿Para qué se hacen los mapas? ¿Para qué sirven? Libia Posada lo tiene claro. Si bien buscan reconocer un espacio, nombrarlo, definirlo y caracterizarlo, para los propósitos de esta obra el mapa adquiere otro significado: devolverle a quien lo reconstruye, a través de la memoria, la certeza de lo vivido. La artista le ofrece a un grupo de víctimas del desplazamiento forzado colombiano las herramientas para que le devuelvan un lugar a su historia.

Dibuja sobre sus propios cuerpos la memoria minuciosa de su recorrido por las zonas transitadas desde el momento de la partida. Para que ese viaje obligado y esa transformación del espacio se hagan tangibles, reales y así, más allá de la pérdida, celebrar la vida, el coraje y la resistencia. Porque quienes tienen que huir de su hogar de manera violenta empiezan a perder la noción del territorio. Este se “va volviendo abstracto, como si no existiera y no hubiera un lugar en el mundo capaz de contener ese pasado”, explica Posada. Es, por encima de todo, una estrategia contra el olvido.

La artista busca construir un atlas de Colombia con los elementos fríos de la cartografía —las convenciones, las escalas—, pero nacido de la geografía sentimental de personas de carne y hueso que conocieron el dolor. Combina la asepsia de su formación como cirujana con su capacidad de conmoción como creadora. Su paciente viaje ha llegado a Medellín, Quibdó y Cartagena. Allí, una docena de mujeres de cada ciudad ha compartido con ella sus historias. Relatos reposados y asimilados. Nunca tomados de la explosión de una herida recién abierta o en la fase aguda de la desazón y el desespero. “El proyecto no es un asunto de avivar dolores, sino de hacer un proceso a otro nivel, es un ejercicio de memoria desde la ubicación de la experiencia en términos de mapa corporal”.

La reconstrucción del relato por sus protagonistas produce una sensación profunda de verdad así como reacciones encontradas, casi mágicas, por la mezcla de la alegría con la densidad y la dureza de los sentimientos. Su efecto es que los territorios abandonados, los recorridos y los conquistados, en realidad sí existieron. Existen. Impresos en el cuerpo, borran cualquier idea de ilusión, como a veces alcanzan a creerlo en su frágil cotidianidad. Tienen nombre, están señalizados, cualquiera que se acerque a los mapas impresos en sus piernas puede hacerse a la idea del camino recorrido por esa persona. De hecho, para muchas, es la presentación de su proeza a algunos de sus hijos, ya nacidos en otra ciudad.

“Es en ese momento que estas personas pueden desplazarse del lugar de la víctima al lugar del poder, por el conocimiento de sí mismas y esa conciencia del territorio, de su fortaleza”, explica Posada. Les imprime la certeza de que tienen cabida y hacen parte de un mapa del que llegan a dudar, en su condición de desplazados. Marcar su territorio les permite nombrarlo y así empieza su propia reparación. Sin intermediaciones ni discursos. Son ellas mismas quienes pueden empezar a renacer, al adquirir esa conciencia de su cuerpo, de que con él y gracias a él están vivas. Y a reconstruir sus memorias felices.

Saberse dueñas de un territorio propio, el de su recuerdo, les hace salir de la oscuridad del momento de dolor y hacerse a los recuerdos de una vida feliz que fue real. Y a la que es posible regresar, pues está impresa en el alma. El mapa es, a fin de cuentas, un pretexto importante para adentrarse en el terreno interior. “No pueden perder su humanidad para quedar sustituidas por la identidad de la víctima, pues ese es el verdadero despojo”, concluye Libia Posada.

Registro del taller Signos cardinales Quibdó, 2010
Registro del taller Signos cardinales Quibdó, 2010
Registro del taller Signos cardinales Quibdó, 2010
Registro del taller Signos cardinales Quibdó, 2010
Registro del taller Signos cardinales Quibdó, 2010
Registro del taller Signos cardinales Quibdó, 2010
Registro del taller Signos cardinales Quibdó, 2010
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