Soberanía

“En la sagrada persona de Su Majestad se halla este complejo de relaciones. Respecto de todos aquellos vasallos a quienes en el día, más que nunca, caracteriza su antigua fidelidad, es su tutor, su padre, su señor y su Rey; toca, pues, a su soberanía en ejercicio de las mismas nombrar a sus pupilos, a sus hijos, y a sus súbditos y vasallos ausentes en las mismas provincias, diputados que los representen y concurran a las próximas Cortes, eligiendo al intento, entre las personas naturales de los dominios de América y Asia, residentes en la Península, las que fueren de su soberano agrado, al fin que va expuesto”.

Joaquín Mosquera y Figueroa
7 de septiembre de 1808

“Americanos! Pueblos todos del mundo! Dignaos de arrojar una mirada rápida sobre todo lo que hemos dicho, y sentenciar y con justicia, si hemos tenido bastantes y sobrados motivos para desconocer cualquiera otra autoridad que no sea la inmediata de nuestro amado Soberano el Sr. D. Fernando VII […] Mirad, cómo donde quiere que se junta un grupo de europeos, se erige una soberanía sin tener autoridad, ni poderes para ello…”.

Camilo Torres Tenorio y Frutos Joaquín Gutiérrez
Motivos que han obligado al Nuevo Reino de Granada a reasumir los derechos de la soberanía…
25 de septiembre de 1810

“Puesta la mano sobre los santos evangelios, formando la señal de la cruz y preguntados por el señor presidente ¿juráis a Dios por estos santos evangelios cumplir y desempeñar el encargo de vicepresidente y vocales de la Junta Provincial de Gobierno, velando por la seguridad del pueblo, derramar vuestra sangre y sacrificar vuestras vidas en defensa de nuestra Religión Católica Apostólica Romana, de nuestro muy amado soberano el señor don Fernando Séptimo y defender la libertad y seguridad de la Patria? Respondieron cada uno de por sí: si juro”.

Acta de cabildo extraordinario de la ciudad de Santa Marta
10 de agosto de 1810

“Desde que con la irrupción de los franceses en España, la entrada de Fernando VII en el territorio francés, y la subsiguiente renuncia que aquel monarca y toda su familia hicieron del trono de sus mayores en favor del Emperador Napoleón, se rompieron los vínculos que unían al Rey con sus pueblos, quedaron éstos en el pleno goce de su soberanía, y autorizados para darse la forma de gobierno que más les acomodase”.

Acta de independencia de Cartagena de Indias
11 de noviembre de 1811

“Los libros hermanos míos, los libros sagrados de nuestra Santa Religión vienen a ser el apoyo de la libertad, y de la soberanía de los pueblos y el más seguro garante del Derecho de insurrección contra la tiranía”

Sermón de un cura de un pueblo en Alto Magdalena
1819

Uno de los problemas a los que se tuvieron que enfrentar las elites neogranadinas después de la proclamación de las juntas locales de gobierno, fue el de la desarticulación territorial. El principio proclamado por estas juntas era el derecho de autogobierno de las provincias del Imperio mientras durara el cautiverio del rey Fernando VII.
Pero nada precisaba la naturaleza o los límites, o las modalidades de esta autonomía de los pueblos. Los modernos han anotado que los autores del pasado confundían la soberanía con una noción enigmática: la majestad. Si la soberanía moderna se basa en la noción de igualdad, si es ese poder que homogeniza los sujetos y los lugares, la majestad es en cambio un principio jerárquico de distribución diferenciada de las prerrogativas y los honores, un dispositivo agregativo y segregativo de los cuerpos y las regiones, ordenado según una referencia constante al más allá divino. El paso de la majestad a la soberanía no puede ser comprendido en términos evolucionistas. La primera no es el anuncio de la segunda, ni la segunda el resultado de la primera. Desde esta perspectiva, el momento confederal de la Independencia en Colombia no es una simple ìreversión de la soberaníaî, como los actores se complacían en repetir, sino la construcción de una forma nueva a partir de una tradición intelectual renuente a la idea de un poder secularizado. La historia de esta dificultad no es solamente un punto de erudición; contribuye a aclarar los problemas que encontró la nación colombiana para construir la república y la democracia en el pluralismo.

María Teresa Calderón y Clement Thibaud
“De la majestad a la soberanía en la Nueva Granada en tiempos de la Patria Boba (1810-1816)”,
en Las Revoluciones en el Mundo Atlántico, 2006.

 El soberano es un monstruo: un día, más temprano que tarde, se convierte en un fantasma que vive en todas los rincones de todas las casas del pueblo. Puede ser el espectro imperioso del único hombre que no se le rinde a las leyes de los demás: ese rey que alguna vez tuvimos. Puede ser el espíritu encarnizado de aquella masa desmoralizada, manipulada e ilusionada, que una mañana se convierte en una fuerza que insiste e insiste en que sólo se someterá a su propia voluntad: esas mayorías que aplastan a las minorías como a moscas que interrumpen la sopa. Pero también, si estamos de suerte, puede ser el rastro tenue de una multitud que camina hacia una tierra de gracia sin dejar atrás a ninguno de sus individuos: esa nación que no se parece a otra, ese monstruo en paz que nació para algo, que sólo les interesa a los que ven el mundo como una ficción.

Ricardo Silva Romero
Escritor
2010

Las definiciones con este simbolo fueron escritas especialmete para esta publicación.