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Concierto
VACLAV PACL, piano (Polonia)
Un instrumento, un intérprete - La música en familia |
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Lugar:
Biblioteca Luis Ángel Arango, Sala de Conciertos.
Fecha:
7 de marzo
Horario:
11:00 a.m.
Para tener en cuenta:
-No olvide adquirir su boleta
-Favor presentarse 10 minutos antes de comenzar el evento |
PROGRAMA:
F. CHOPIN: Polonesa, Op. 53; Nocturno en Do menor, Op. 48, No. 1; Nocturno en Fa sostenido menor, Op. 48, No 2; Sonata No 2 en Si bemol menor, Op.35. R. SCHUMANN: Kreisleriana, Op.16.
BOLETAS
$ 5.800 adultos, $ 2.900 estudiantes, afiliados a la Red de Bibliotecas del Banco de la República y tercera edad, $ 2.400 niños entre 7 y 12 años.
BOLETERÍA
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Su forma de tocar de muy alto nivel técnico, con gran sensibilidad de sonido y ritmo acompañado de su temperamento, me impresionaron gratamente. Se demuestra con ello su inteligente acceso a los diferentes aspectos como el contenido, el estilo, la forma, la técnica interpretativa, la técnica pianística y el sonido.
Jesper Christensen, Schola Cantorum Basiliensis, Basilea
Actualmente es considerado como uno de los pianistas jóvenes más exitosos de Europa del Este. Realizó sus estudios en el Conservatorio de Ostrava (República Checa) así como en la Universidad de Música y Arte de Graz (Austria), bajo la tutela del reconocido maestro Walter Groppenberger; obtuvo el grado de maestro concertista y el diploma en pedagogía del piano (IGP).
En 2004 ganó el tercer premio en el Concurso Internacional de Piano Compositores de España, que se llevó a cabo en Las Rozas (Madrid), y el tercer premio en Marsala (Sicilia). En 2005 fue merecedor del segundo premio en el Concurso de Castiglion Fiorentino (Italia); además ha sido premiado en varios otros concursos como el Yamaha, de Viena.
Ha tomado clases magistrales con Elena Gilels (hija de Emil Gilels), Avo Kouyoumdjian de la Universidad de Música y Arte de Viena (Austria), Pierre Jasmin de la Universidad de Montreal (Canadá), Andrea Lucchesini de la Accademia della Musica de Pinerolo (Italia), Leonel Morales del Conservatorio Superior de Música en Castellón (España), Bryce Morrison de la Royal Academy of Music de Londres, Jesper Christensen de la Schola Cantorum Basiliensis, Basilea (Suiza), y Paul Badura Skoda de la Universidad de Música y Arte de Viena (Austria), entre otros.
Su especialidad es la música del siglo XIX. Su refinada interpretación de las obras de Chopin está libre de sentimentalismo y patetismo y se muestra a través de la claridad, la expresividad y el uso apropiado del pedal original y del rubato.
Durante los últimos años ha dado numerosos conciertos en diversos países europeos, ha dictado clases magistrales y se ha desempeñado como profesor en el Conservatorio de Vigo en España.
Actualmente está vinculado como docente de piano al Departamento de Música de la Facultad de Artes de la Universidad del Cauca (Popayán).
DOS ANIVERSARIOS: CHOPIN Y SCHUMANN
Ellie Anne Duque
Dos figuras muy disímiles pero decisivas en la consolidación del estilo musical europeo romántico del siglo XIX nacieron en 1810 con cuatro meses de diferencia. El 1° de marzo llegaría al mundo Fryderyk Franciszek Chopin (conocido mejor con la escritura francesa de su nombre, Frédéric François) en Żelazowa Wola, cerca de Varsovia, y el 8 de junio nacería Robert Schumann en Zwickau (Sajonia). Sus antecedentes familiares, el ambiente musical en que se criaron y sus actividades musicales profesionales tuvieron pocos elementos en común, y entre ellos se debe mencionar la gran maestría al teclado y la manera en que afectaron la forma de tocar el piano en el siglo XIX. Los dos compositores llevaron aspectos de su vida personal al plano artístico, como correspondió en su momento a la visión autobiográfica y heroica del artista romántico. Los dos fueron concertistas, viajaron extensamente por Europa y murieron jóvenes (para los estándares de hoy en día), Chopin a los 39 años y Schumann a los 46 de neumonía pero sufrió los peores rigores posibles de una sífilis contraída hacia 1831. Su estado mental frágil y volátil permeó su música y sus escritos. Su personalidad musical y literaria se dividió en dos: la de Florestán y la de Eusebio. El uno se encargaba de los episodios más explosivos y apasionados, el otro del mundo lírico e introspectivo. Chopin murió de “consunción”, una manera de describir la lenta evolución de la tuberculosis pulmonar y la consumación del individuo por causa de la enfermedad. Su música se vio teñida por la añoranza permanente por una patria elusiva. Los dos compositores tuvieron relaciones amorosas con mujeres artistas excepcionales. Schumann se casó con Clara Wieck, una de las mejores pianistas concertistas del siglo XIX, y Chopin tuvo un sonado romance durante nueve años con la novelista George Sand.
Chopin
Chopin salió por primera vez de su Polonia natal en 1828 cuando tenía 18 años, y la tradición musical clásica austro-alemana era para él una referencia, un punto de partida, pero nunca una herencia obligatoria. En este sentido Chopin fue más libre que Schumann para dar rienda suelta a su propia imaginación creativa. Desde sus primeras obras Chopin tuvo la inclinación por reelaborar la música polaca; dos de sus tempranas polonesas datan de 1817. A los siete años era considerado como un segundo Mozart por su talento prodigioso. En 1830 viajó a Viena para nunca volver a Varsovia. Este evento se tradujo en una añoranza permanente por la madre patria y en una intensificación de la presencia de la música polaca en su obra. Sin proponérselo, sentó las bases del nacionalismo decimonónico, un importante ingrediente del estilo romántico. Se estableció en París a finales de 1831 y allí vivió de la enseñanza; aun cuando su naturaleza tímida no le permitió tocar más de veinte conciertos públicos a lo largo de su vida, continuamente ejecutaba sus composiciones en los salones sociales e intelectuales de la capital francesa.
Si bien en la obra de Chopin se reconoce la influencia de Mozart en el tratamiento melódico, tuvo mayor impacto sobre su personalidad musical el estilo brillante de Hummel, Weber, Moscheles y Kalkbrenner, quienes ejercieron gran influencia sobre el virtuosismo pianístico del siglo XIX. Con sus Estudios, Chopin logró sentar las bases teóricas de la nueva forma de tocar piano: la técnica, sin importar su nivel de dificultad, debía estar siempre al servicio del mensaje musical. Mazurca, estudio, nocturno, polonesa y vals son los géneros que más asociamos con el nombre de Chopin. A su vez, relacionamos con estos géneros la presencia de un ingrediente lírico ornamentado que el compositor absorbió de la ópera italiana, más precisamente del bel canto en las arias de Bellini. La evolución formal en Chopin tiende a tener un comportamiento predecible. Luego de la identificación de una melodía siguen las reelaboraciones de ésta con lujo de ornamentaciones, redefiniciones armónicas, variaciones sutiles, marcos técnicos de creciente dificultad e intensificación del mensaje anímico. La música de Chopin llega al alma de cada uno de sus oyentes de manera personalizada; cada uno escucha un mensaje afectivo diferente y de allí su éxito rotundo.
Nocturnos
Bajo el título de Nocturnos se reúnen las más diversas percepciones de lo que nos sucede cuando llega el crepúsculo: cansancio, añoranza, ensueño, cierre o inicio, premoniciones, etc. El título Nocturno no predetermina una forma o un contenido, ni siquiera un ritmo, sino una actitud afectiva. A las extraordinarias modulaciones armónicas se suma un tratamiento rítmico novedoso por la introducción del concepto de rubato, esa manipulación delicada de los retardos en el tiempo para intensificar el contenido expresivo y emotivo de la melodía, sin sacrificar la regularidad del compás.
El compositor inglés John Field usó por primera vez el título de Nocturnos en sus composiciones para piano, pero fue Chopin quien le dio a dicha denominación ese sello imborrable de pieza ensoñadora y fantasiosa en la cual prima la melodía delicadamente presentada y ornamentada. A veces hay interrupciones apasionadas y conflictivas en medio del discurso romántico, pero siempre retorna a la intención original del Nocturno. El Opus 48 agrupa dos Nocturnos de ambientes contrastantes. El primero de ellos habla de profundas añoranzas y alcanza alturas heroicas en la sección media rápida. A manera de contraste, el Nocturno en Fa sostenido menor ofrece una sección media en Re bemol -molto più lento- en donde las progresiones por acordes dominan la actividad musical. Para el compositor esta sección media debía ser un recitativo, una conversación entre los acordes tiránicos y otros personajes que piden misericordia.
Sonata en Si bemol menor, Op. 35, No. 2
La Sonata en Si bemol menor, Op. 35, No. 2, de Chopin, data de la última parte de la breve vida del compositor, marcada por su relación con la novelista George Sand (entre 1837 y 1846). El mecenazgo protector de la célebre y aristocrática escritora, cuyo verdadero nombre fue Amandine Dupin, baronesa Dudevant, liberó a Chopin de toda preocupación económica por espacio de nueve años, tiempo que aprovechó para explorar a fondo sus ideas musicales. A esta época pertenecen los Preludios, los tres últimos Scherzi, las Baladas, dos Sonatas y un gran número de mazurkas y nocturnos. Sin embargo, estas obras fueron el producto de un compositor enfermo, consumido por la tuberculosis y con grandes dificultades para mostrar su gran talento e inspiración en presentaciones públicas. Pese a no haber ofrecido más de veinte recitales públicos en su vida, la música de Chopin conmovió a todo el mundo occidental. En su obra se escuchan melodías profundamente conmovedoras, aparentemente independientes del acompañamiento, envueltas en complejas texturas y armonías que emergen de un virtuosismo pianístico rutilante. A excepción de unas pocas obras, la producción musical del compositor estuvo restringida al piano que, junto con el violín, fue uno de los instrumentos de concierto más populares del siglo XIX.
La Sonata en Si bemol menor, Op. 35 no es una sonata en el estilo clásico mozartiano o beethoveniano; ya había anotado Schumann que parecía como si en esta obra Chopin hubiera juntado “cuatro de sus hijos más locos”. Como movimientos sueltos, la Marche funèbre y el último movimiento no tienen paralelo en la literatura pianística del romanticismo. En el Doppio movimento aparece un tema pulsante, listo para ser desarrollado; a manera de contraste aparece una melodía en Re bemol aparentemente tranquilizante, pero su magnetismo prontamente la conduce a un clímax afiebrado, pleno de acción. El desarrollo es corto y de gran atrevimiento armónico; la recapitulación es muy libre, pero se llega al final con gran claridad en cuanto a nuestras expectativas sicológicas.
El Scherzo es un movimiento breve, lúcido, con reminiscencias de música polaca. La primera sección, llena de atrevimientos cromáticos contiene una furia que solo la sección media (trío) apacigua; con el retorno a la primera sección del Scherzo se vuelve al mundo del virtuosismo. El tercer movimiento también acusa una forma ternaria: en la Marche funèbre, Chopin da rienda suelta a los pensamientos lúgubres y mórbidos que cautivaban al público de la época; descansa en una sección media una “visión de las regiones del más allá” que desemboca en el Presto, un movimiento agitado con carácter de estudio técnico por el trabajo incesante con los tresillos de corchea.
Polonesa heroica, Op. 53
Si en las mazurkas Chopin se dio el gusto de evocar pasajes musicales de su tierra natal dentro del contexto de la intimidad de la pequeña obra para piano, en las polonesas eligió transmitir imágenes heroicas y grandilocuentes de su patria. Ciertamente, parten del concepto mismo de pieza de salón, pero están concebidas para un pianismo virtuoso. Escribió en total quince polonesas, lista que incluye una obra probablemente espuria, una polonesa para violonchelo y piano (Op. 3) y una para piano y orquesta (Op. 22). La Polonesa heroica, Op. 53, es una de las obras más conocidas del compositor. La primera sección crece de un gesto muy sencillo que con cada elaboración va ganando en impacto y sonoridad. Aproximadamente tres minutos después de esta primera sección, aparece una sección de contraste basada en un ostinato en octavas en la mano izquierda que se mantiene en medio de los cambios armónicos. Un momento meditabundo interrumpe la actividad y sirve de puente para regresar al inicio de la obra y cerrar así la pieza con una narrativa coherente.
Schumann
Sobre Schumann pesó enormemente la herencia de Beethoven en todo sentido (formal y técnico), y construyó desde la gran tradición germana una escuela de técnica imponente y de contenido novedoso. Su ilustre antecesor había sentado las bases para construir grandes formas musicales (de extensa duración) con base en variaciones, a la vez que daba toques finales y lapidarios a la evolución de la sonata clásica. Por su parte, Franz Schubert había plasmado el carácter efímero y etéreo de la pieza romántica, y había trazado el rumbo de la pieza de carácter, descriptiva y de virtuosa ejecución. Correspondió a Schumann enmarcar su herencia dentro de las fuertes tendencias literarias y poéticas del siglo, junto con las demandas de las nuevas audiencias de las ciudades, ávidas por asistir a conciertos públicos. Mientras que las piezas descriptivas de los maestros mencionados eran de carácter evocador (Bagatelas, Impromptus, Momentos musicales, etc.), Schumann las llevó a planos concretos y armó obras contundentes a partir de la suma de miniaturas descriptivas. Tal es el caso de las conocidas Escenas infantiles que congregan trece obras sueltas, cada una con su título descriptivo: De países y gentes extranjeras, Historia curiosa, Ensueño, etc. Muchas otras de sus piezas breves ofrecen una oportunidad única de expresión, a veces más exitosa que la contenida en las grandes formas clásicas como la sonata, el concierto y la sinfonía. Sus ciclos de canciones y piezas para piano resultaron ser un tejido fascinante de instantes sorprendentes. En esta gran variedad anímica radica el éxito de muchas de sus obras para piano, tales como las Variaciones Abegg, Álbum de la juventud, Hojas de álbum, Carnaval, Escenas infantiles, Kreisleriana, Papillons, Noveletten, Davidsbündlertänze, entre otras. En medio de las más difíciles piruetas pianísticas, Schumann logra captar un instante preciso del sentimiento humano. A veces lo describe literariamente (como en Carnaval), otras veces es un ejercicio desprovisto de imágenes reales, pero siempre cercanas al poder evocador de la música. La experiencia de Schumann con la composición de Lieder (canciones) tuvo mucho que ver con esta forma de componer y con las ansias de asociar el mundo real con el mundo sonoro intangible. Y en esta forma de ver la música radica uno de los grandes aportes de Schumann al estilo musical romántico. A diferencia de Chopin, Schumann dirigió importantes entidades musicales, fue director orquestal, crítico y fundador de una revista musical Neue Zeitschrift, que aún sobrevive.
También, a diferencia de Chopin y siguiendo la usanza de la primera mitad del siglo XIX, Schumann experimentó con todas las formas de la composición y con una gran cantidad de combinaciones instrumentales. Y aunque sus conciertos son tan famosos como sus sinfonías, el conocimiento íntimo y verdadero del estilo de Schumann proviene del estudio de su obra de cámara, sus canciones y las composiciones para piano solo. En estos tres ámbitos Schumann da rienda suelta a sus ideas más originales y más románticas, si bien –en el caso de la música de cámara– se muestra apegado a la tradición clásica y en especial a los logros de Beethoven.
Kreisleriana
Luego de una cadena de grandes logros en el terreno de la música para piano (Carnaval, Noveletten, Davidsbündlertänze, sin ir más lejos), Schumann se inspiró en escritos de E. T. A. Hoffmann que retratan un ficticio maestro de capilla llamado Johannes Kreisler en quien afloran los conflictos latentes entre el artista y la sociedad. El compositor aseguró haber realizado su composición en cuatro días en la primavera de 1838 y haberla perfeccionado entre julio y septiembre del mismo año. Posteriormente fue revisada por su autor en 1850. La versión impresa fue dedicada a Chopin, a quien Schumann admiraba sin recelos. La obra está basada de manera muy suelta en una idea musical de Clara Wieck, y en el último movimiento aparece un tema musical que el mismo compositor emplearía más tarde en su primera sinfonía. Kreisler, el excéntrico maestro de capilla creado por Hoffmann era, al igual que Schumann, un devoto de la obra de Bach, un músico llevado por la depresión y el rapto espiritual, una veleta presa del lirismo gentil o el virtuosismo endemoniado. Kreisleriana es un ejercicio de la dualidad que marcó la vida de Schumann: Florestán y Eusebio aparecen retratados en las tonalidades de Sol menor y Si bemol mayor y en los cambios de ánimo contrastantes que pinta la pieza. Las ocho secciones están descritas por Schumann en términos musicales (tomados del italiano y traducidos al alemán) relativamente tradicionales como Molto agitato, Allegro ma non troppo, etc. y son ellas: Ausserst bewegt (Extremadamente movido), Sehr innig und nicht zu rasch, (Muy íntimo y no muy rápido) Sehr aufgeregt (Muy agitado), Sehr langsam (Muy lento), Sehr lebhaft (Muy vivo), Sehr langsam (Muy lento), Sehr rasch (Muy rápido , Schnell und spielend (Presto y juguetón).