Museo del Oro Tairona
“Primero estaba el mar. Todo estaba oscuro. No había sol ni luna, ni gente, ni animales, ni plantas. Sólo el mar estaba en todas partes. El mar era la Madre. Ella era agua y agua por todas partes, y ella era río, laguna, quebrada y mar, y así ella estaba en todas partes. Así, primero sólo estaba la Madre. Se llamaba Gaulchovang. La Madre no era gente ni nada ni cosa alguna. Ella era aluna. Ella era espíritu de lo que iba a venir y ella era pensamiento y memoria. Así la Madre existió solo en aluna, en el mundo más bajo, en la última profundidad, sola…”
Mitología kogui .
El Banco de la República adelanta actualmente los trabajos de conservación y restauración de la Casa de la Aduana, la construcción más antigua de nuestro país, para reabrir en ella con nuevas instalaciones la exhibición del Museo que ahora puede visitarse en la Biblioteca.
Los taironas eran uno entre los distintos grupos que habitaban la Sierra Nevada de Santa Marta a la llegada de los conquistadores europeos, en 1500. Se destacaron de tal manera a los ojos de los españoles que pronto ellos designaron con este nombre a las diversas poblaciones que habitaban la Sierra Nevada, situación que perdura hasta nuestros días.
Mucho antes, hacia el 100 d.C., ya se encontraban en este litoral poblaciones organizadas en pequeñas aldeas, con gentes que sabían trabajar el oro, la arcilla y tallaban piedras semipreciosas. Hoy los arqueólogos denominan ese período con el nombre de Nahuange. Alrededor del 700 d.C. esta gente experimentó notorios cambios sociales y construyó caminos, poblados y sitios de ofrenda con basamentos de piedra. Doscientos años mas tarde ya ocupaban un considerable territorio y sus poblados se ubicaban hasta los 2.000 metros de altura, dirigidos por poderosos caciques, líderes políticos y religiosos. Esta época se conoce como período Tairona, y se prolongó hasta la llegada de los españoles.
La conquista produjo una considerable disminución de la población y el quiebre del sistema de cacicazgos. Muchos indígenas se replegaron hacia las partes más altas para organizarse y vivir en nuevas sociedades. Hoy conviven en la Sierra koguis, ikas o arhuacos, wiwas y kankuamos, quienes hablan lenguas chibchas como los taironas y están organizados en resguardos.
El Museo del Oro Tairona destaca, en esta exposición temporal, aspectos de la vida de estas poblaciones antiguas y contemporáneas de Colombia.
Las culturas orfebres de la antigua Colombia
Alrededor del año 1500 a.C. existían en América sociedades cuya organización socioeconómica permitió el surgimiento de especialistas como los orfebres. La metalurgia de Suramérica se originó en el Perú y fue asimilada gradualmente en un extenso territorio que abarcó gran parte del suroccidente colombiano. En los Andes el impulso para las innovaciones metalúrgicas provino del pensamiento religioso y de las élites del poder. Los metales sirvieron para materializar la ideología que gobernaba la vida cotidiana.
Hacia el 500 a.C. los orfebres de la región de Tumaco – La Tolita en la costa del Pacífico producían adornos de oro y platino. Algunos siglos más tarde, grandes pectorales de oro martillado reforzaban el prestigio de chamanes y caciques en las regiones de Calima, Malagana, San Agustín, Tierradentro y Tolima.
Notable fue la tecnología metalúrgica desarrollada en la región Quimbaya, en donde los orfebres del período temprano fueron maestros en el uso de la técnica de la cera perdida en aleaciones de oro y cobre para crear objetos huecos y de gran realismo. Al norte, en las Llanuras del Caribe y entre los dos mares, en Urabá y Chocó, los pobladores se distinguieron por sus adornos martillados en oro y sus representaciones de la fauna fundidas a la cera perdida.
Las sociedades de la Cordillera Oriental y de la Sierra Nevada de Santa Marta, en pleno apogeo a la llegada de los conquistadores, le imprimieron a sus objetos una función religiosa.
Técnicas metalúrgicas
Martillado
Para fabricar láminas y alambres, los orfebres prehispánicos de la Sierra Nevada de Santa Marta golpearon tejuelos de cobre y de tumbaga -aleación de oro y cobre-, sobre lajas o yunques de piedra. Usaron martillos y alisadores líticos de distintos tamaños para esta tarea.
Repujado
Una vez obtenida una lámina homogénea, se dibujaba sobre ella el diseño deseado y sobre una superficie suave, se presionaba el metal por ambas caras, realzando las zonas demarcadas.
Fundición a la cera perdida
Modelaban en cera de abejas una figura que luego se cubría de arcilla para formar un molde. Al calentar, la cera se derretía y dejaba la forma del modelo como un espacio vacío donde se vertía el metal fundido. Cuando el molde estaba frío, se rompía, se sacaba la pieza y se pulía.
Dorado
"Dicen los indios que doran el cobre con una yerba que hay en aquella tierra, la cual majada y sacado el zumo y lavado el cobre con ella y puesto al fuego, se vuelve de color de oro muy fino..."
Martín Fernández de Enciso, 1519
La orfebrería en la Sierra Nevada de Santa Marta
Desde los comienzos de nuestra era, los pueblos de la Sierra Nevada de Santa Marta participaron de las múltiples influencias que unieron regiones del centro y norte de Colombia y el istmo centroamericano. Objetos de orfebrería con formas y tecnologías relacionadas se fabricaron en una amplia área. A medida que cada pueblo desarrollaba nuevas adaptaciones al medio, nuevas tecnologías y tipos de organización social, también se diferenciaba y caracterizaba su metalurgia. De esta manera se fue conformando la orfebrería característica de las sociedades que habitaron la Sierra.
Hacia el 100 d.C. las poblaciones del período Nahuange ya practicaban la metalurgia. Formas y temas, aunque muy particulares de esta región, dejan ver la existencia de estrechas relaciones sociales con poblaciones vecinas: las aves con alas desplegadas también fueron representadas por los orfebres de las Llanuras del Caribe, de Urabá e incluso de regiones de Centroamérica, mientras que las figuras femeninas y las coloraciones rojizas recuerdan la orfebrería de los habitantes del valle medio del río Cauca.
La orfebrería Nahuange
Durante el período Nahuange los orfebres utilizaron aleaciones de cobre y oro conocidas como tumbaga. Los adornos de esta época se distinguen por tener las superficies muy pulidas y por las tonalidades rojizas propias del cobre.
Colgantes en forma de aves con alas desplegadas, fabricados desde los comienzos de la era cristiana, fueron comunes en la Sierra Nevada de Santa Marta y también en el Valle del río Cauca, las llanuras del Caribe y el istmo centroamericano. Pectorales con espirales divergentes, recurrentes entre los pueblos del período Nahuange de la Sierra, también fueron fabricados en las llanuras del Caribe y en el istmo centroamericano. En esta época temprana las representaciones de animales y humanos tendían a ser figuras realistas.
Personajes míticos llevados en andas fueron repujados en pectorales metálicos o tallados en hueso, engalanados con adornos de orfebrería. Personaje ricamente ataviado, acompañado de aves y de figuras secundarias, esta sería la figura mítica del Sol, fuente generadora de vida. Dos sacerdotes enmascarados lo transportan a través de la bóveda celeste sobre unas andas o una serpiente de dos cabezas.
La orfebrería Tairona
Durante el período Tairona fueron elaborados más objetos por la técnica de la cera perdida que por martillado. Los adornos de esta época son ricos en detalles e iconografía.
“No había indio ni mujer que no tuviese… joyas, orejeras, gargantillas, coronas, bezotes…, pedrerías finas y bien labradas, sartas de cuentas. Las muchachas todas traían al cuello cuatro o seis moquillos de oro...”
Fray Pedro Simón, 1623

Ranas, colmillos, garras, o animales estilizados en metal se ensartaron para formar collares, mientras que las mantas de algodón se adornaron con aplicaciones circulares o rectangulares.
La sociedad tairona tenía una fuerte orientación religiosa. Los líderes políticos y espirituales asimilaban las cualidades y fuerzas de ciertos animales, y derivaban de ellas mucho poder. La más emblemática de estas figuras fue la del hombre–murciélago. Narigueras tubulares, orejeras, diademas y adornos sublabiales exageraban o deformaban los rasgos faciales asemejándolos a los del murciélago.
El murciélago nació de una relación incestuosa entre Mulkuéxe -antes de ser enviado al cielo como Sol- y su hijo Enduksáma, convertido en mujer por Sintana. Es el símbolo del sol negro, sol subterráneo o de las tinieblas.
Mitología kogui
"En tempranos tiempos, el hermano menor Taikú elaboraba los utensilios de oro de los mámas. Él hizo canutillos de oro, pectorales... toda clase de adornos para los brazos y las piernas... también fabricó trompetas doradas y carracas, asientos y casas ceremoniales de oro. Él creó todas estas cosas para que se pongan estas joyas de oro en el baile de la casa ceremonial para consagrar la cosecha, llamar la lluvia e invocar la sequía.
Él hizo otras cosas de oro: toda clase de pájaros y animales de cuatro patas de oro... Esto contaron los padres... Taikú se fue al otro lado del mar, desde allí prometió regresar alguna vez, y dejó un mensaje en los pensamientos."
Mitología kogui
"Cuando bailo así, el oro santo brilla y veo mi sombra enorme pasar por las paredes. Así bailaban los antiguos, con el oro, el oro santo".
Mitología kogui.
"Aves con forma humana trajeron las semillas de las plantas que la sociedad necesitaba para vivir. El colibrí trajo la coca, el águila la yuca, el garrapatero los árboles y flores, y el guacamayo el primer maíz".
Mitología ijka
El líder religioso de la comunidad, hombre de conocimiento, adquiere el poder de las aves y vuela hacia el mundo oculto, fuente de sabiduría.
Múltiples representaciones zoomorfas en silbatos, vasijas, instrumentos musicales o adornos corporales sugieren la estrecha relación entre hombres y animales.
Según la mitología kogui, durante la creación la Madre universal dio a luz una larga serie de jaguares antes de que apareciera el primer hombre.
En la Sierra Nevada de Santa Marta se conocen cerca de 40 especies de ranas y sapos; desde tiempos antiguos debieron representar seres primordiales. Imágenes de serpientes que se mueven con naturalidad entre el agua, la tierra y los árboles y cambian periódicamente de piel, quedaron enrolladas en vasijas cerámicas, atrapadas por las garras de un águila en vuelo o como adornos de las orejas o el mentón de algunos personajes. Durante el período tairona la imagen del murciélago, señor de la noche y el inframundo, fue la más frecuente. Se representó en colgantes de piedra, silbatos y vasijas cerámicas.
Jaguar, sapo y serpiente representan hoy factores y conflictos básicos para los hombres de la Sierra Nevada. El lado del sol naciente está dominado por el jaguar como expresión de lo positivo y vital de la existencia. La culebra, símbolo de la oscuridad, de lo malo y la muerte, es dueña del oeste, lado donde muere el sol. En medio, en la tierra de los hombres, se encuentra el sapo, primera esposa del sol y representación de la sexualidad femenina.
La muerte en el período Nahuange
En 1922 el arqueólogo estadounidense Alden Mason excavó en la bahía de Nahuange una tumba con paredes forradas en piedra. La calidad de su ajuar revelaba la importancia de los personajes allí enterrados.
Los adornos metálicos, ofrendas cerámicas y líticas que componían este ajuar, permitieron posteriormente a los arqueólogos identificar las obras que caracterizan a la gente del período temprano de ocupación en la Sierra Nevada, al que denominaron Nahuange en honor a aquella tumba.
La muerte en el período Tairona
"...se halló que en algunos aposentos apartados de las casas donde moraban, tenían los huesos, i ceniças de sus antepasados, que los conservaban en algunas urnas, ó vasos grandes de tierra cocida, pintados: i otros no osaban quemarlos, sino desecados al fuego..."
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