Sophie Calle, Historias de Pared

Museo de Arte del Banco de la República
Exposición: junio 21 a septiembre 17 de 2012.
Textos: Juliana Torres, Grupo de Guías.

¿QUIÉN ES SOPHIE CALLE?

Lo más común a la hora de abordar la obra de un artista es remitirse, en un principio y para ubicarlo en un contexto particular, a algunos datos biográficos. Lo que hace de este un ejercicio complejo en el caso específico de Sophie Calle, es que se trata de una artista que se ha preguntado precisamente esto a lo largo de su obra —quién es ella misma, qué es eso de “ser alguien”, de “tener una vida”— problematizándolo, haciendo evidente cuán difícil es capturar una identidad, sea propia o ajena. Se puede decir entonces que Calle es una artista de amplio reconocimiento internacional, nacida en París en 1953, cuyas obras han sido expuestas a lo largo de treinta años en museos y galerías del mundo1. Pero también es posible afirmar que es la mujer anónima que aparece en las fotografías tomadas por un detective contratado por ella misma para verificar su propia existencia en el transcurso de un día (La sombra, 1981); o la testigo neutral y objetiva de una serie de desconocidos que durmieron en su cama durante ocho días (Los durmientes, 1979); o la sombra persecutora de un hombre en las laberínticas calles de Venecia y cuyo impulso era más seducir y sugerir que propiciar un encuentro real (Suite Venecia, 1980); o quizá sea válido afirmar que Sophie Calle es la mismísima María Turner, personaje nuclear de la novela Leviatán (1992) del escritor norteamericano Paul Auster (“El autor agradece efusivamente a Sophie Calle que le permitiera mezclar la realidad con la ficción”, dice el epígrafe del libro).

Sophie Calle

Calle ha hecho de su propia vida, de su intimidad, sus impresiones y vivencias el punto de partida de sus creaciones; en este sentido, suyo o identidad se atomiza, se vuelve múltiple al ponerse en juego y hacer de sí misma su materia artística: “Intrusa de su propia intimidad, reveladora de sus propios secretos, Sophie Calle se expone a sí misma como si fuera otra persona que no tuviese nada que ver con ella”2. Ficción y realidad, mirar y ser mirado, lo público y lo privado, los deseos y la imposibilidad de realizarlos son algunos de los lugares desde donde esta artista nos habla, develando las altas dosis de fábula e imaginación que necesariamente aparecen en el esfuerzo humano por configurar una “realidad” o una “verdad personal”.

1—Hermitage Museum en San Petersburgo, Musée d’Art et d’Histoire du Judaïsme en París, Paula Cooper Gallery en Nueva York, entre muchos otros—
2 Manel Clot, “Figuras de la identidad”, en: Relatos de Sophie Calle, Madrid, Fundación La Caixa, 1997, p. 20.

Exposición de Sophie CalleNI FOTÓGRAFA NI ESCRITORA:
Hacedora de historias

Algo que puede extrañar a primera vista en el momento de aproximarse a la obra de esta artista es la multiplicidad de medios que emplea: fotos, textos, imágenes, libros, folletines en periódicos, películas, emisiones radiofónicas, instalaciones, videos. En este punto es posible cuestionar el hecho de considerarla una fotógrafa o una escritora en el sentido estricto del término. Ella misma afirmó, durante la charla que ofreció en Bogotá en el mes de marzo, que no le interesaba, a la hora de tomar fotografías, la técnica en sí misma, sino la idea y la acción que podía activar y registrar a través de este medio. En cuanto a su escritura, la artista asegura que es directa, objetiva y concisa pues es consciente de que está destinada a la pared y que será leída por un público en el contexto de un museo o una galería. En este sentido, puede afirmarse que el material de su trabajo no son las fotografías ni los textos, sino las situaciones y procesos que ella suscita, a modo de una “artista narrativa” que incansablemente activa “experiencias novelescas”3. De esta manera ya no es posible hablar exclusivamente del artista como alguien que domina con virtuosismo alguna técnica determinada (pintura, escultura, dibujo, etc.). La obra de Calle nace en un contexto en el que esta forma de entender las prácticas artísticas se ha transformado radicalmente. Un término que puede ayudar a orientarnos en este punto de quiebre es deskilling —o sacrificio de la destreza artística— acuñado en 1981 por el artista conceptual australiano Ian Burn (1939-1993). Este término hace referencia a una “eliminación de la competencia artesanal y otras formas de virtuosismo manual del horizonte de la producción artística o de la evolución estética”4, eliminación que tiene lugar a partir de las primeras vanguardias artísticas y que se va a ver fortalecida en la segunda mitad del siglo XX. La base de este concepto es que lo que importa es la idea y su ejecución, o el proceso y la acción realizada, más que el objeto artístico en sí mismo. Esta postura va a producir, sobre todo después de los años setenta (periodo en el que Calle se consolida como artista),diversos fenómenos entre los cuales encontramos: la aparición de procesos artísticos más complejos que dan lugar a nuevas clasificaciones (performances, instalaciones, happenings, body art, land art, enteotras); la aceptación de materiales tradicionalmente considerados periféricos (como la narrativa); elincremento de posibilidades expresivas que permiten la entrada de nuevos medios, siendo la fotografía uno de los más preponderantes. En este contexto, vida y arte pierden sus fronteras para dar lugar a propuestas como la de Sophie Calle que se sitúan fundamentalmente en el territorio de la experiencia.

3 Hervé Guibert, “Panegírico de una fabricante de historias”, en: ibíd, p. 14.
4 Hal Foster, Rossalind Krauss, Yve-Alain Bois, Benjamin H.D. Buchloh, Arte desde 1900: modernidad, antimodernidad posmodernidad, Londres, Ediciones Akal, 2006, p. 531.

DECONSTRUCCIÓN DE PARADIGMAS:
No Sex Last Night

En su primer proyecto para video, Calle se une a su colaborador Gregory Shepard para crear un tour voyerista. Armados con cámaras de video, viajaron al oeste de Estados Unidos en su Cadillac convertible para producir y documentar una narrativa de la vida real sobre sus experiencias y relaciones. Cada uno graba en este video una especie de diario personal, presentando versiones completamente diferentes de su relación. El trabajo, es entonces, el registro de las complejidades propias de las relaciones de género, donde la sexualidad y el deseo, el poder y la traición, la ficción y los juegos de rol, aparecen problematizados, desestructurando los paradigmas de identidad y comportamiento impuestos por la sociedad.
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RITUAL Y CATARSIS
En Dolor Exquisito
En el caso de Dolor exquisito, Sophie Calle toma como punto de partida una experiencia personal de dolor y desolación. Con el fin de decantar esta vivencia y neutralizar su propio sufrimiento, la artista hace de sí misma un receptáculo de narrativas ajenas donde la muerte, el abandono y la incomprensión tienen un lugar imperante. A partir de estas narrativas, Calle crea una obra híbrida, configurada por una narrativa poderosa y sugestiva. Ver más

EL ENIGMA DE LA MIRADA
En los ciegos y ver el mar
El hecho de mirar y de ser mirado ocupa un espacio medular en la obra de Calle. Su primera incursión como artista —sin siquiera tener la pretensión de serlo— fue precisamente a través de un ejercicio de observación o voyerismo: Calle se dedicó a perseguir a desconocidos en las calles de París y registrar con la cámara sus movimientos, entregándose a la azarosa tarea de seguir la pulsión del deseo que marca lo desconocido. También en Los durmientes —obra mencionada al principio de este texto—, el hecho de observar ocupa un espacio vital: ser testigo del otro se convierte en una manera de otorgarle realidad, de cuidar por un instante su intimidad para entrar en ese “juego arbitrario y absurdo de la seducción”5.

Cuando la artista contrata a un detective para que la observe y registre sus pasos, se produce una inversión en este mecanismo: es ella la que se expone a la visión de otro, de tal manera que se evidencia un plano de realidad en el que ella misma deja de pertenecerse para reconocerse extraña, ajena a una identidad o a un destino que pueda controlar. En trabajos posteriores como Los ciegos y Ver el mar, que se encuentran en esta exposición, Sophie Calle se entrega a la tarea de explorar la dimensión aparentemente opuesta de este fenómeno: la negación de la mirada, la imposibilidad de ver. Aun cuando parezca un movimiento contrario, esta nueva pulsión está en consonancia con lo que a la artista le ha interesado explorar a lo largo de su trabajo y que se relaciona con el acto de mirar y fotografiar: capturar lo que no está, lo ausente, lo que marca su propia desaparición. Ver más

5 Jean Baudrillard, Please Follow me, consultado en abril de 2012 en: http://collectivesencounter.wordpress. com/2010/12/11/for-vea-collective-and-the-photographycollective- suite-venicienne-please-follow-me-by-sophiecalle- and-jean-baudrillard/