Modelo de la Academia Julian
  • C. 1898
  • Óleo sobre tela
  • 61 x 51 cm
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AP1730

Modelo de la Academia Julian

Francisco Antonio Cano


La rica región minera de Antioquia abrió un camino hacia las artes decorativas. La orfebrería puso en evidencia la necesidad del conocimiento del dibujo y la acuarela. Francisco Antonio Cano (1865-1935), un joven dotado, después de haber ensayado diversos oficios, entre ellos la platería y la marmolería, se consagró a la pintura y escultura en 1885. Retomó la tradición de imagineros de su región al trabajar el género religioso y el patriótico. Viajó a Europa en 1898, con ayuda de sus amigos influyentes que consiguieron el apoyo del gobierno. Había logrado estudiar pintura en el único lugar en el que a su juicio podía hacerse bien, en la Académie Julian en París. Sus pinturas de bodegones y retratos demuestran su formación académica tardía que dejó plasmada en estudios en carboncillo, pastel y óleo realizados durante los seis meses que asistió a la Académie Julian. El tema que elaboró en óleo y carboncillo en dicha academia fueron los modelos que posaban. Un hombre joven, musculoso, que mira desafiante al espectador o un hombre viejo donde resalta la flacidez de la carne, denotan su interés por el conocimiento de la anatomía y su inclinación hacia el tratamiento de la luz. A su regreso al país, en 1901, realizó retratos, bodegones de rosas muy académicos y paisajes más modernos en los que recordaba sus recorridos por las costas francesas. Dirigió la Escuela Nacional de Bellas Artes entre 1923-1927, cargo que asumiría después Roberto Pizano. Fue miembro de la Academia Colombiana de Bellas Artes, creada en 1930 por Raimundo Rivas, Daniel Samper Ortega y Ricardo Gómez Campuzano.

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