Alegoría de la inmaculada Niña con San Joaquín
  • Siglo XVII
  • Óleo sobre tela
  • 67 x 49 cm
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AP2133

Alegoría de la inmaculada Niña con San Joaquín

Anónimo


A primera vista se trata de una pintura que representa a la Virgen niña acompañada de San Joaquín. La escena es parte del evangelio apócrifo de Santiago, es decir, de un evangelio no incluido en la Biblia, en el que se narra la historia de Ana y Joaquín, padres de la Virgen. Esta historia fue popularizada en la Edad Media por Santiago de la Vorágine, en su libro La Leyenda Dorada. La obra no revela su mensaje de modo inmediato a los observadores. La Virgen y san Joaquín se encuentran rodeados de un paisaje, que en apariencia es solo un jardín. Lo es, salvo porque los objetos que en él se encuentran representan las letanías de la Virgen. A la derecha de la niña se encuentra la azucena, el ciprés y la fuente. A la izquierda de san Joaquín, el árbol del bien y del mal (Jardín del Paraíso) y el pozo. Arriba, al lado superior de la Virgen está la estrella, y detrás de Joaquín haciendo su aureola, el sol. Todos estos elementos intentan representar algo tan abstracto como la Inmaculada Concepción. Por lo anterior, todo el fondo de la pintura es alegórico. El pintor, cuya autoría es desconocida, debió basarse en el Libro del Apocalipsis. Un elemento inquietante de la pintura es la serpiente, que ha superado los límites de la tela y permanece invisible sobre los bordes del marco. En la tradición barroca, el marco de la pintura continúa la narración de la escena representada y la resignifica. Los materiales, el tipo de flores, las hojas y demás elementos elaborados en el marco, daban sentido a la obra. Este es uno de esos casos. El marco está hecho con piel de serpiente, continuando así la narración contenida en la pintura. El sentido de la obra es afirmar a María como la nueva Eva, razón por la cual se encuentra el árbol del bien y del mal, relatado en el Génesis, del que Eva tomó el fruto prohibido. La serpiente encadenada al mundo representa el pecado; ella lo arrastra hasta que Cristo salvador, por mediación de la Virgen, aparece en él.

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