Sin título
  • 1971
  • óleo sobre tela
  • 61,5 x 92,5 cm
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AP3691

Sin título

Noé León


Corría el año de 1961. A los 54 años de edad y después de haberse desempeñado en diversos campos para subsistir, Noé León se hallaba vendiendo sus obras de arte de puerta en puerta a lo largo y ancho de Barranquilla. Su deambular lo llevó a La Cueva, lugar de reunión de prestigiosos artistas e intelectuales; las obras de Noé León, paisajes en vinilo que pintaba sobre sencillos soportes como cartón y madera, despertaron en Alejandro Obregón gran interés y sincera admiración. Igual ocurrió con José Gómez Sicre, quien por aquel entonces era director de Artes Visuales de la OEA. En ese momento aquel hombre humilde nacido en Ocaña adquirió estatus de artista y Colombia ganó a su más grande pintor primitivista. La obra de Noé León gira alrededor de su propio entorno, en ella se refleja como en un espejo la cultura del Caribe. En sus cuadros la gente del común es protagonista; leñadores, pescadores, vendedores de mercado, o simples transeúntes de una calle, así como animales domésticos y flores cobran toda dignidad en la obra de León. En sus paisajes prevalece la concepción paradisiaca del mundo salvaje, una especie de romanticismo en donde la vida transcurre de manera tranquila y armoniosa. Esta pieza, sin título, es un cuadro pintado siete años antes de su muerte, ocurrida en 1978. Muestra una escena de ensueño; parejas de animales parecieran hablar de amor, los jaguares en el claro del bosque se miran mientras la hembra alimenta a sus crías, en el recodo del río una pareja de caimanes frente a frente se reconocen, mientras los tucanes y los micos son testigos desde lo alto de los árboles.

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