Arqueología para una naturaleza muerta 

Introducción

La representación de objetos cotidianos sin vida o bodegón ha sido un tema de la pintura desde tiempos remotos, pero es solamente después del Renacimiento que esta rama se empieza a identificar con un género pictórico independiente.

Los antiguos egipcios solían representar alimentos y utensilios en las tumbas, creyendo que el difunto los podría necesitar en la otra vida; los mosaicos y murales encontrados en Pompeya y en la Antigua Roma exhiben también bodegones decorativos y realistas que simbolizan hospitalidad, riqueza y celebración de la vida y sus estaciones. Por su parte, las vanitas remontan sus orígenes a la época romana; en ellas era común el uso de un cráneo y de restos terrenales como símbolos de la igualdad de todos frente a la muerte y la banalidad de los placeres terrenales. En el Renacimiento el bodegón comienza a liberarse del significado simbólico y religioso con el que estuvo revestido hasta la Edad Media, cuando el naciente género aparecía encubierto o disimulado en pinturas religiosas o retratos. Así, grandes figuras como Leonardo da Vinci y Alberto Durero dejaron detallados dibujos y acuarelas en su exhaustivo examen de la naturaleza donde los objetos naturales eran considerados entidades independientes, despojadas de cualquier asociación mitológica o religiosa.

Durante los siglos XVII y XVIII fueron acuñados los términos still life y stilleben (en inglés y alemán, respectivamente, “vida quieta”) y las connotaciones religiosas se abandonaron del todo, con excepción de las reinterpretaciones de vanitas que se hicieron muy populares en Holanda a partir del siglo XVII, pero que usaban entonces un amplio repertorio de objetos asociados al progreso mercantil y a la fascinación por nuevos especímenes de plantas. Jarrones, instrumentos musicales, animales, espejos, relojes de arena y calaveras abrieron la puerta a diferentes lecturas y simbolismos. Aunque por esta misma época el bodegón tomó mucha fuerza en España y recibió la influencia del movimiento holandés, el término castellano “naturaleza muerta” no fue acuñado sino finalizado el siglo XIX, cuando empezó a perder entre los estudiosos el rótulo de “género secundario” para considerarse un género tan válido como el retrato, el paisaje, la historia o el cuerpo humano, los cuales habían sido privilegiados en términos de validez y mérito artístico hasta ese momento. Finalmente, con el impresionismo y postimpresionismo, la técnica y la armonía se impusieron sobre el tema y el bodegón se popularizó entre los artistas del último siglo.

Las primeras décadas del siglo XX fueron revolucionarias en términos artísticos y el bodegón tomó parte en los profundos cambios culturales, temáticos y técnicos que entonces se gestaban. Los movimientos de vanguardia marcaron la tendencia de lo figurativo a lo abstracto hasta la desaparición de cualquier elemento reconocible. Paul Cézanne contribuyó a las bases de este movimiento y del cubismo, con sus experimentos con la organización espacial y con los elementos pictóricos abstractos como el color, la forma y la línea. Pero no fue únicamente el bodegón cubista el que jugó un papel importante en la historia de la naturaleza muerta como género pictórico; encontramos interpretaciones de él en otros movimientos como el dada, el surrealismo, el futurismo o el fotorrealismo, que intentan restaurar contenidos simbólicos o romper estructuras formales de la pintura clásica.

Lo que llamamos bodegón o naturaleza muerta es así un género que se ha ido adaptando a los cambios culturales y ha logrado posicionarse más allá de la temática cotidiana o la función decorativa que generalmente se le otorga. Es un género que no se ha agotado y ha probado ser flexible y adaptable a los cambios de pensamiento, ha superado los límites de la representación y traspasado las barreras de la técnica. Los objetos cotidianos siguen siendo una excusa para la observación y se han incorporado nuevos elementos de uso actual, revisando y subvirtiendo los valores contemporáneos. Pero es a través de las obras mismas que se comprende a cabalidad la diversidad de temáticas y constantes genéricas que se pueden establecer en la historia de la naturaleza muerta. El recorrido que se propone a continuación se centra en las temáticas clásicas del género y aporta una mirada histórica al bodegón como género pictórico.